Más allá del Mundial

Sergio De León Quiroz

junio 12, 2026 - Actualizado junio 11, 2026
Sergio De León Quiroz

Una de las grandes protagonistas del Mundial sin duda es y será la inteligencia artificial (IA), particularmente la inteligencia artificial generativa.

Desde antes del primer pitazo en el Azteca, cables de noticias informaban que varios modelos de IA pronosticaban que España, Francia y Argentina podrían ser los próximos campeones del mundo.

Además de vaticinar, nuevamente la IA es protagonista en las canchas del mundial como jugador y árbitro a la vez. Según informaciones de la FIFA en cada partido se utilizarán sistemas avanzados de visión computacional para crear en aproximadamente un segundo un “avatar” o modelo tridimensional de cada jugador. Esto permitirá que cada uno de sus movimientos sea analizado por sistemas inteligentes para que las decisiones arbitrales sean más ajustadas a las reglas. Además, estos sistemas automatizados guardarán toda la información de los encuentros que será entregada a las selecciones participantes para que puedan analizarla con vistas a mejorar su desempeño.

Pero esto no se queda ahí, la IA no solo es parte del juego en las canchas mundialistas sino informa y sorprende al público con sus experiencias inmersivas, gráficos y estadísticas en tiempo real durante los partidos… además estos sistemas inteligentes contribuyen a administrar mejor el funcionamiento y la seguridad en estadios enteros.

Logística, seguridad y comunicaciones son tan solo algunos de los sectores donde las herramientas digitales son protagonistas convirtiendo al mundial en un gigantesco “laboratorio tecnológico” que según sus organizadores es seguido por miles de millones de personas en todo el planeta.

La IA generativa se muestra como un avance humano sin precedentes. Sus bondades y contribuciones pueden ser fascinantes, pero también preocupantes.

Los riesgos y limitaciones de la IA han merecido la atención de eminentes líderes mundiales como el Papa León XIV, quien ha generado importantes e ineludibles debates gracias a su más reciente encíclica, Magnifica Humanitas. En su primera encíclica el Sumo Pontífice exhorta a proteger la dignidad humana ante el avance de la IA y a garantizar el desarrollo tecnológico guiado por principios éticos, de justicia, solidaridad y bien común.

Por otra parte, a principios del año, Darío Amodei, cofundador y CEO de Anthropic, una de las principales empresas mundiales de IA publicó el ensayo “La Adolescencia de la Tecnología”. En el mismo señala que es momento de dejar de ver la IA con ingenuidad y advierte que estas tecnologías avanzadas pueden ser “impredecibles y difíciles de controlar”. Amodei revela que en su desarrollo la IA ha demostrado conductas negativas como “obsesiones, adulación, pereza, engaño, chantaje, maquinaciones y trampas a través del hackeo de software”.

Sin querer ser alarmista (“doomist”) este físico e investigador señala que la receta que hace que la IA pueda ser un peligro existencial es la combinación de “inteligencia, autonomía, coherencia y falta de control”. En otras palabras, se está transitando de una inteligencia generativa a una inteligencia autónoma o “agéntica” -una “AI más poderosa”- que puede trabajar colaborativamente con otros sistemas inteligentes, que posee la capacidad de ser autónoma en sus decisiones y que podría desarrollar comportamientos que podrían afectar a la humanidad.

A estas alturas no es coincidencia que lideres espirituales, académicos, empresariales, gobernantes empiecen cada vez más a elevar sus voces pidiendo que se ralentice el avance de la IA, con el fin de buscar maneras para lograr que la misma se ponga al servicio de la humanidad, se fundamente en principios éticos, cuente con mejores marcos regulatorios y controles adecuados para una mejor gobernanza digital.

En un mundo donde la IA avanza a pasos descomunales, es imperativo informarnos y comprender la naturaleza y desafíos que representan estas tecnologías. Sin estar en contra del avance tecnológico, León XIV nos llama a “desarmar la IA” y “a custodiar a la persona en el tiempo de la inteligencia artificial”.

La construcción de un futuro tecnológico más humano no es un asunto estrictamente de científicos, empresarios, gobernantes o educadores… es un imperativo ciudadano y cristiano. Parafraseando al Papa: Desde la fe no podemos ser espectadores resignados ante los procesos tecnológicos que limitan nuestra libertad y responsabilidad. 

En fin… somos llamados a ser ciudadanos del mundo y esto lo podemos sentir aún más fuertemente en medio del mundial.

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