La revolución se conmemora y se vive

Elías Talé

octubre 23, 2025 - Actualizado octubre 23, 2025
Elías Talé

Fue un honor presenciar un hito histórico para el pueblo maya k’iche’ de Totonicapán. Ayer, 22 de octubre del año en curso, se efectúo la entrega del edificio y terreno que ocupaba el Organismo Judicial en el municipio. Tras el fin del usufructo, este espacio ha sido entregado a sus nuevamente a la organización comunitaria de los 48 Cantones de Totonicapán, en un acto solemne y fiel cumplimiento al acuerdo firmado hace 50 años.

Las marchas y actos conmemorativos del 20 de octubre con el tiempo han perdido valor, siendo únicamente actos repetitivos y sin trascendencia. No esta demás recordar aquellas épocas donde se supone que se realizaron cambios estructurales, no obstante, es esencial destacar la historia contemporánea y el valioso rol de la ciudadanía en los hechos actuales, en particular la resistencia que siguen ejerciendo las Alcaldías Comunitarias y Ancestrales.

Podemos conocer la historia a la perfección, pero la pregunta central es: ¿cuáles son los logros más significativos y relevantes para el pueblo hoy? La situación no mejora, por el contrario, ha empeorado con el tiempo. Necesitamos enfocarnos en el presente y en las luchas que aún deben realizarse para salir de estas pésimas condiciones.

Los hechos sucedidos en Totonicapán son relevantes de denotar, por su implicación social e histórico. El Organismo Judicial ha cedido este territorio sin ejercer ningún tipo de resistencia, en cumplimiento con lo acordado, se han entregado tierras comunitarias a sus dueños, que por cierto, la restitución de territorios es una deuda histórica que el Estado mantiene con los pueblos originarios. Es lamentable que al día de hoy sea una lucha constante la defensa del territorio, incluso algunas comunidades están siendo desplazadas y varios líderes comunitarios desaparecidos o silenciados.

Con el paso del tiempo, se ha hecho rutinario que en el mes de octubre se hable de revoluciones, pero no de cómo provocarlas, ni mucho menos se inculca la forma de reivindicar la historia con acciones que busquen el buen vivir. Se nos enseñan relatos, pero no a exigir dignidad, se nos obliga a memorizar el pasado en lugar de invitarnos a pensar críticamente y tomar acciones, ante tantas desigualdades. El mensaje principal debe centrarse en replicar las buenas prácticas y generar cambios profundos, generar oportunidades que beneficien a la colectividad pero, sobre todo, que dignifiquen la vida del prójimo. Cabe mencionar que este mensaje no es una apología al delito, las armas quedaron en el pasado, ahora es momento de formular nuevas formas de protesta y exigencia para el cumplimiento de nuestros derechos.

Las necesidades que el pueblo guatemalteco posee son vastas, pero las acciones para transformar la realidad son escasas, debemos comprometernos a dejar de lado la simple revisión de la historia y atrevernos reescribirla, valorando los hechos recientes y los procesos que se desarrollaron en el pasado. Octubre debe dejar de ser una fecha meramente conmemorativa para convertirse en un periodo de fervor y acción, donde la energía del pasado se traduzca en cambios concretos que superen lo que algún día sucedió.

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