Mucho se habla sobre los cambios estructurales que se gestaron a partir del 20 de octubre de 1944. Dentro de este contexto histórico, una figura que destaca es la de Juan José Arévalo Bermejo. A este expresidente se le atribuye haber sido uno de los mejores mandatarios del país, incluso se han llegado a forjar el mito popular sobre la “primavera democrática” o “diez años de primavera”.
El levantamiento cívico-militar del 44, ofreció a los guatemaltecos reformas sociales y laborales significativas. El punto culminante fue la creación del Código de Trabajo, que estableció derechos fundamentales como la jornada laboral, el derecho a huelga y la protección de los trabajadores. Asimismo, se dio paso a la fundación del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS). Estos hechos son importantes de remarcar, ya que fueron clave para la vida y el desarrollo de las familias menos favorecidas.
Por otro lado, se realizaron reformas educativas que le dieron vida a la autonomía universitaria. Se creó la Facultad de Humanidades y nuevas escuelas, se promovió la participación social del estudiantado, la inversión en educación y el incremento de la población estudiantil. Leer todo lo que representó la revolución del 44 suena ficticio y poco adaptado a lo que se ha promovido en los últimos años. Todos los logros alcanzados ahora solo quedan en libros de historia, la realidad que atravesamos es diferente y las necesidades populares están en constante aumento.
Luego de los hechos sucedidos en 1944 no se han promovido cambios estructurales y siguen vigentes las mismas prácticas que dan vida a este sistema. Cada uno de los puntos mencionados con anterioridad sufre grandes atropellos al día de hoy. En primera instancia, cabe mencionar que el gobierno en turno ha dejado en claro que no pretende hacer ningún tipo de cambio estructural, el sistema actual les favorece, les sirve y los alimenta. Agregando que en campaña electoral, el Movimiento Semilla en ningún momento planteó reformas. Con justa razón, el empresariado confió en César Bernardo Arévalo, una pieza justa para este juego que promueve la desigualdad social y económica.
Estimado lector, mi intención no es caer en el pesimismo, sino señalar con total franqueza sobre la situación actual. En la actualidad, quienes defendieron la democracia en el 2023 están siendo criminalizados, las condiciones sociales y laborales de la mayoría son claramente deplorables. Instituciones como el IGSS, operan bajo un servicio pésimo y una atención médica lamentable, lo que lo convierte en una de las peores entidades estatales. Lo más alarmante es que la Universidad de San Carlos (USAC) la dirigen criminales y se encuentra completamente cooptada, incluso la academia ya no promueve investigación, extensión, o tanques de pensamiento, quedo a un lado ser conscientes y consecuentes. Los pocos estudiantes que enfrentan a las presuntas autoridades son criminalizados, una situación que difícilmente cambiara en los próximos años.
El legado de la Revolución de Octubre se desvanece cada día. Carecemos de líderes que ocupen puestos de poder y quienes se atreven a participar son inmediatamente silenciados. Por ello, nos queda despertar consciencias, formular propuestas de verdadero cambio pero, sobre todo, involucrarnos en los procesos que nos afectan, a nosotros y a nuestras familias. Construir un proyecto de nación es urgente, no se trata de un partido político o un gobierno de cuatro años, sino de la unificación de fuerzas de toda la ciudadanía, para que en un día no muy lejano el buen vivir sea una realidad para todos los guatemaltecos.
Tags: Bernardo Arévalo Código de trabajo IGSS Juan José Arévalo Bermejo Usac






