Hace más de una década, Fátima fue violada sexualmente y producto de esa violación, fue madre a los 13 años.
Desde hace 15 años, el equipo integral de Mujeres Transformando el Mundo, organización que coordino, le ha brindado un acompañamiento integral a Fátima en la búsqueda de justicia; sin embargo, a la fecha, el agresor continúa prófugo. Hace unos días, recibimos con mucha emoción el dictamen emitido por el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas contra Guatemala por este caso.
“El dictamen contiene varias medidas de reparación para que otras niñas no pasen por lo que yo pasé», fue lo que dijo Fátima después de leer la resolución. Aunque hay medidas de reparación individual, no fue lo que ella destacó y traigo esto a la memoria porque la nobleza que se percibe en ese comentario es la misma que se ve reflejada en el impulso de Fátima de compartir su historia para que se cuestione la inacción del Estado de Guatemala con la intención de que otras niñas no transiten por el duro camino que recorrió.
A Fátima se suman Norma, Susana, Lucía y Camila, quienes desde Ecuador, Nicaragua y Perú también compartieron su historia con el movimiento “Son Niñas, No Madres” para la promoción de una estrategia de litigio internacional simultáneo que busca sentar jurisprudencia en Latinoamérica, una región en la que el embarazo infantil, contrario a reducirse, parece ir en aumento.
En Guatemala, entre 2018 y 2024, el Registro Nacional de Personas documentó más de 14,000 partos en niñas de 10 a 14 años. Entre enero y marzo de 2025, el Observatorio en Salud Sexual y Reproductiva documentó 556 nacimientos en niñas del mismo rango de edad. Se trata de más de 14 mil casos en los que el proyecto de vida de las niñas se ha visto interrumpido.
La pregunta incómoda es: ¿qué ha hecho el Estado de Guatemala para garantizar que Fátima y las miles de niñas que han enfrentado una maternidad forzada puedan retomar su proyecto de vida, acceder a sus derechos fundamentales y puedan proporcionarle lo necesario a sus hijos e hijas nacidos producto de la violencia sexual?
Más incómodo puede ser cuestionar ¿qué se hace para prevenir los embarazos en niñas menores de edad? O ¿Por qué deben ser ellas las responsables de viabilizar la vida del ser nacido a consecuencia de una violación?
La condena obtenida por Fátima contra El Estado de Guatemala es un hito para la garantía de los derechos sexuales y reproductivos a nivel local y global, ya que obliga (ojo que no es una recomendación) a los 170 Estados firmantes del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos a modificar su legislación para garantizar que ninguna niña sea madre.
Entre las medidas de no repetición establecidas por el Comité están la garantía del acceso a servicios de salud reproductiva, eliminando barreras médicas, judiciales y administrativas, así como fortalecer los protocolos para el aborto terapéutico existentes; emprender acciones para prevenir la violencia sexual, incluyendo el acceso a educación sexual integral; crear un sistema nacional de registro unificado que documente casos de violencia sexual y embarazos forzados para diseñar políticas públicas efectivas; y capacitar obligatoriamente al personal de salud, justicia y educación en temas de género, niñez y derechos humanos.
Guatemala tiene 180 días para cumplir o encaminarse al cumplimiento de las medidas. Sin embargo, aunque quisiera ser positiva, considero esto un reto porque en los últimos años se ha observado un retroceso en acciones clave para la educación sexual integral, beneficiando un sistema que permite la maternidad en niñas. Confío que este gobierno se va a comprometer y va a generar todos los mecanismos necesarios para reparar a Fátima y, sobre todo, para garantizar la no repetición.
Irónicamente, la noticia del fallo de Fátima llegó con unos días de diferencia a la circular que el Ministerio de Educación emitió para limitar la educación sexual integral en escuelas e institutos, restringiendo el ingreso a organizaciones de sociedad civil que proporcionan información científica y veraz, ya que el mejor camino de la prevención, es la información.
Contrario a lo que muchas personas promulgan desde visiones conservadoras o limitadas a un contexto social de privilegio, la educación sexual integral no es un impulso a la promiscuidad. Ya lo dijo Sir Francis Bacon hace unos siglos: “el conocimiento es poder”. ¿Cómo podría saber y denunciar una niña que está siendo agredida sexualmente si desconoce su cuerpo y lo que le están haciendo? No es una idea lejana de la realidad, ya que fue lo que le ocurrió a la mayoría de las protagonistas del litigio internacional “Son Niñas, No Madres”.
Desde la coalición “Son Niñas, No Madres”, seguiremos acompañando a las niñas y sumando a otras organizaciones y mujeres comprometidas con la defensa de los derechos humanos; sin embargo, aprovecho este espacio para hacer un llamado a funcionarios y operadores de justicia para que, de manera inmediata, se den los pasos hacia una verdadera protección de la vida de las niñas. Fátima, Norma, Susana, Lucía y Camila ya abrieron el camino. Lo menos que pueden hacer sus países es cumplirles.
“PORQUE SON NIÑAS, NO MADRES”
*Paula Barrios es directora de la asociación Mujeres Transformando el Mundo (MTM)
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