¿En dónde están los MAGA?

Mariana Rohrmoser

abril 8, 2025 - Actualizado abril 8, 2025
Mariana Rohrmoser

La administración Trump ha vuelto a recurrir a estrategias y herramientas sumamente controversiales. En esta ocasión se trata de los aranceles.

El presidente estadounidense, Donald Trump, ha impuesto nuevas tarifas a productos importados, especialmente los que provienen de China y otros países estratégicos. Con ello, dicho presidente dice querer proteger la industria y los empleos de su país.

Sin embargo, cabe preguntarse, si este tipo de medidas realmente responden al lema que catapultó su carrera política: “Make America Great Again” –MAGA– (aclarando nuevamente) que desde ahí parte una incongruencia y falacia, pues se reitera que América es todo el continente, en el cual nos encontramos.

El país que ese presidente dirige, se llama Estados Unidos.

Pero volviendo al tema de los nuevos aranceles impuestos por aquel país, lejos de fortalecer la economía global, tensionan aún más las relaciones internacionales y en esta ocasión, con mayor énfasis, las relaciones comerciales entre países del mundo, amenazando con desatar una nueva ola de represalias.

En una economía global interdependiente, encarecer las importaciones, sólo terminará por afectar a los propios consumidores estadounidenses, los cuales, ya ven cómo los precios suben, mientras la competencia disminuye.

Infinidad de preguntas surgen y las respuestas parecieran ser escasas, pero en esencia se plantean las siguientes: ¿Habrá olvidado la administración Trump, que mucho de la economía de su país, depende de la industria global, cual es el caso, de piezas y materias prima de origen extranjero, mismas que se importan, precisamente para mantenerse a flote?, ¿será realmente una medida viable, alejarse de esa interconexión, de la cual, todo el mundo necesita y por la que no sólo existe un equilibrio económico global, que incentiva y regula la economía?, ¿será que cerrándose las puertas, este país se vuelve más autosuficiente y se promueve el comercio local? Y, por último, pero no menos importante, ¿será que autoaislándose se provocará una asfixia que finalmente impedirá obtener todas las capacidades para autoabastecerse?

Este tipo de proteccionismo que promueve una supuesta incentivación de su economía interna, paradójicamente podría terminar debilitando la economía de los Estados Unidos.

Dichas medidas han generado el pronunciamiento de muchos países, que se suponía eran aliados comerciales y con los cuales existían convenios y tratados internacionales para regir las relaciones comerciales y quienes ya han manifestado un profundo descontento.

Como era de esperarse, cuando se generan medidas agresivas, las reacciones también lo son.

La Unión Europea anunció represalias, por un valor de €26 mil millones en respuesta a los aranceles impuestos por Estados Unidos.

Como se sabe, son muchos los productos afectados, pero dentro de una pequeña investigación realizada, se visualiza, que aquellos que son emblemáticos como el bourbon, los jeans y las motocicletas Harley-Davidson, ya se encuentran en la lista de bienes que enfrentarán aranceles adicionales en Europa.

El canciller alemán, Olaf Scholz, enfatizó que cualquier imposición de aranceles por parte de EE. UU. será respondida con contramedidas inmediatas por parte de la Unión Europea.

Por su parte, el presidente francés, Emmanuel Macron, advirtió que está dispuesto a confrontar a Trump en materia de aranceles, señalando que tales medidas perjudicarán tanto a las economías europeas, como a la estadounidense.

Países del continente americano, también se han pronunciado en contra, como por ejemplo México, quien ve en estas medidas una amenaza directa a su economía, la cual es altamente dependiente del comercio con su vecino del norte. Las represalias comerciales podrían afectar sectores clave y poner en riesgo miles de empleos.

Basado en todo lo anterior, se espera que los consumidores estadounidenses enfrenten precios más altos y menos opciones de productos, ya que las empresas trasladarán los costos adicionales de los aranceles, a los consumidores.

Sectores como la electrónica, los juguetes, los muebles y el calzado, serán particularmente afectados, dado que dependen en gran medida de las importaciones de países como China y Vietnam.

Para muchos, lo que Trump está impulsando no es un nacionalismo económico saludable y por el contrario, parecieran medidas erráticas, cargadas de ira e irracionalidad.

Suponemos que, un nacionalismo productivo se basará siempre en fortalecer la industria nacional, mediante la innovación, la educación, la inversión en ciencia y tecnología, así como la infraestructura y el comercio justo.

Sin embargo, la imposición de este tipo de aranceles se concibe como un aislamiento tóxico y muy peligroso para su propia economía, que sólo podría provocar destrucción, desestabilización, y el encarecimiento de los productos. La falta de inversión exterior, podría provocar políticas económicas cortoplacistas que satisfagan al electorado radical, pero que destruirán el tejido económico de largo plazo.

Algo que está muy claro, es que cerrarse las puertas al mundo no hace más fuerte a un país; ocasionándose vulnerabilidad y un claro impedimento para una competencia sana, moderna y evolucionada.

Estados Unidos no necesita más muros, ni más tarifas para ser una potencia. Necesita apertura, visión global y liderazgo positivo.

Bajo esta línea de pensamiento, dejaría a usted, estimado lector obligarse a reflexionar con sano juicio, si estas nuevas medidas benefician a Estado Unidos y al mundo entero o si esto sólo genera problemas que únicamente promueven más polarización, confrontación y desestabilización entre países.

Con ahínco y gran preocupación pregunto: ¿En dónde están los fervientes defensores del MAGA?

¡No se les lee ni se les escucha!

Muchos aplauden sin cuestionar, convencidos que cualquier golpe de fuerza, es señal de patriotismo. Pero, queda claro, que no es posible que tantos estén equivocados y que hacer grande a una nación, jamás debería implicar, pasar por encima de las normas, de los tratados internacionales y de la coexistencia universal, pues esto sólo provoca el cierre de fronteras, un castigo grande al comercio y un debilitamiento y ruptura de las tan necesarias alianzas. ¿Queremos realmente vivir en paz o queremos vivir en guerra? Aquí estamos, por si acaso apetece una charla, para comprender estas medidas y así lograr grandes beneficios para la economía.

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