Cada vez estoy más convencido que “La patria del criollo” se descompuso ante la desbandada de las provincias en el más o menos tranquilo Reino de Guatemala que durante tres siglos no conoció la guerra, ni la quería conocer, pero que habrían de darse al liberarse las pasiones en razón de las latentes envidias y enconos entre los mismos criollos, los que explotaron con la independencia de 1821, propiciada y auspiciada desde Nueva España por el general Agustín Iturbide y ebn este reino por Mariano Aycinena, deseoso por empoderarse y hacer independiente al virreinato con el Plan de Iguala suscrito con el insurgente Vicente Guerrero de abril de ese año, para liberarse de la España. Hacía un año que había depuesto a Fernando VII de las riendas del poder, cuando asumió un poder militar bajo la administración estatal de intelectuales liberales. Estos volvieron a dar vigencia la Constitución liberal de Cádiz, suscrita en 1812, durante la ocupación del resto de España por Francia (cuando el gran Goya pintó cuan sangrienta fue. Pero Fernando VII en 1814 al devenir rey de España rechazó dicha Constitución al asumir su sola potestad. Y su reinado fue un desastre mientras se desligaba de sus colonias en el Nuevo Continente mientras en el sur Bolívar y San Martín seguían liberando territorios.
Contando con sus propias fuerzas, los criollos de Nueva España se sintieron capaces de tener su propio Estado sin las ataduras a ese poder en la madre patria por ser liberal. Esa idea la transmitieron a la élite comercial guatemalteca para evitar la liberación del mercado exterior que proponía Madrid, ya que el libre mercado les quitaría el monopolio comercial, amén que ya había dado desde 1820 libertad de imprenta y pensamiento, que dieron lugar a la edición de periódicos en Mesoamérica, así como se dieron elecciones en la península y el resto de colonias para democratizar los puestos en la administración pública de estas. En 1820 los cargos para criollos estaban acaparados por las principales familias acaudaladas del virreinato y del reino. Solo en este reino la familia Aycinena acaparaba más de sesenta empleos públicos con un total de noventa mil pesos en salarios al año, lo que para José Cecilio del Valle era escandaloso. No obstante, ante la incertidumbre, las autoridades españolas tanto del vecino virreinato como de este reino se vieron traspasadas por los criollos independentistas que, sin un plan seguro, pero para defender sus intereses inmediatos, deseosos de mantener su privilegios, propiciaron la independencia y, luego la anexión del reino al imperio mexicano, liberando las fuerzas que se le oponían a los Aycinena que controlaban el comercio de Chiapas a Costa Rica.
En este lapso se generó un inesperado y sorpresivo proceso que producirá la atomización y la anarquía a lo largo de Centroamérica mientras se gestaba el imperio mexicano cuesta arriba, en la medida que no había fondos para mantener en control un territorio que iba del norte inglés, ahora Canadá, hasta Costa Rica. Y en donde el control del reino fue tan problemático para Iturbide como lo fue la rivalidad y envidias de sus generales que lo tumbaron,mientras el brigadier Vicente Filísola se dio por ocupar San Salvador, provincia que no aceptaba ser parte del Imperio, y que buscó en vano ser un estado más de la unión americana, mientras Nicaragua pretendía su autonomía y Chiapas prefirió incorporarse en definitiva a México.
Todo esto está escrito en detalle en las casi cuatrocientas páginas del libro “El imperio mexicano y el Reino de Guatemala 1821-1822”, FCE, Guatemala 2020, del gran historiador mexicano Mario Vázquez Olivara, un trabajo de envergadura cuyas páginas nos dan luz para entender cómo ese relajo reflejó la incapacidad de nuestros criollos y la clase educada de ese periodo que por sus reyertas y diferencias no pudieron consolidar un proyecto de unión, sino dejaron las raíces de las pugnas y el desorden en la estructura política de Centroamérica, territorio que en 1823 declaró su independencia bajo la presencia aún de las tropas mexicanas, que estaban por volver a México. Es un texto de obligatoria lectura para nuestros estudiantes de historia y los amantes de la historia patria, donde están la raíces de nuestros desencuentros y escisiones, sin capacidad de generar cohesión en cada Estado centroamericano y menos aún de favorecer su integración de la República Federal, nacida para perderse en ese intríngulis de rivalidades inter criollas.
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