En las audiencias con las cuales usualmente comparto, a pesar de ser círculos cercanos a las universidades y centros de investigación, existe cierta sensación de hastío con relación, no solo a las “elecciones de segundo grado” y todo el arrastre de situaciones colaterales, sino, en general, con la posibilidad real de cambiar la ruta por donde hemos circulado, mes tras mes, año en año.
Tal parece que el agotamiento social no una posibilidad, sino una constatación. Los tramos cortos que recorremos en algunos momentos, cuando los vientos soplan a favor, solo son eso: instantáneas, espacios breves que parecen irrelevantes frente al tamaño de los avatares o pendientes. Sin embargo, a pesar de esta dosis de agua fría, no queda otra que pensar en que las cosas pueden cambiar.
Estas primeras reflexiones sirven de antesala para lo que está por venir con quien asuma como próximo Fiscal General. Estabilizar o sacar del agua al Ministerio Público, después del desastre generado, se dice fácil, pero evidentemente no lo es. No solo implica develar (poner en evidencia) las gavetas convertidas en guaridas de mafias, sino sacarlos con la suficiente dosis de decisión y talante. Si el presidente Arévalo se decante por un candidato que no provenga de la línea de la continuidad, ese relevo deberá trazarse un plan estratégico y otro funcional y operativo. Este último deberá incluir, como eje, los objetivos de corto plazo o pasos inmediatos que conforman la carta de presentación, tanto al interior de la institución; donde existen grupos de trabajo interesados en el reencause institucional y requieren un nuevo líder que conduzca al MP por el camino necesario.
El llamado del nuevo fiscal general, en términos racionales, es hacia la estabilización de un paciente que agoniza. Muchos querrán que, sucedido el cambio, el nuevo responsable haga y deshaga por montones. Eso, aunque deseable, no es factible, las condiciones son peores a lo pensado y seguramente quedarán mas al desnudo, cuando se tome posesión. Ese paciente moribundo, del cual varios han echado mano y aún mantienen el interés en desmembrarlo más, requiere de múltiples cirugías (intervenciones). Para ello, en la medida de lo posible, tocará apoyar y poner a disposición múltiples energías y recursos. El supuesto interés que ha provocado el proceso de elección del fiscal no puede y debe quedarse solo en ello. La próxima decisión presidencial solo marca el inicio de una nueva etapa, igual o más hostil que la anterior; sometida a nuevas presiones (resultados), más expuesta al escrutinio público, con dudas y cuestionamientos por doquier.
Ante este descomunal desafío, queda por verse si alguno de los elegibles tiene los atributos básicos para hacerse cargo de semejante empresa. Al menos cuatro de los finalistas tienen fuertes cuestionamientos que provienen de sus grises perfiles, sus decisiones sesgadas en favor de intereses y actores criminales, pero en esencia, los fuertes vínculos con el proyecto político de la continuidad. El sexteto conformado, aún pendiente de los giros que provengan de la CC, contiene una mezcla de los ingredientes presentes a lo largo de los últimos años. Pero a pesar de todo incluye a algunos profesionales que pueden recibir y dar vuelta a la estafeta para convertirla en un instrumento de bien colectivo y aplicación correcta de la justicia.
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