A Pérez Molina le devuelven sus cuentas bancarias intactas, y, además, sumémosle intereses; porque el sistema de justicia se parece más al sistema bancario. La impunidad ha tocado su nota más alta. ¿Alguien dijo rendimientos por mantenerlas bloqueadas diez años? Sí, ese mismo milagro financiero que uno sólo ve en los bancos… y ahora también en nuestro sistema judicial-bancario.
¿Recuerda, estimado lector, aquel viejo slogan «la justicia es para todos»? Bueno, debieron especificar: «la justicia es para todos… los que tienen cuentas que pueden devolverse». Porque, si usted, estimado, guarda sus quince quetzales bajo el colchón, olvídelo: ningún juzgado le va a embargarlas para luego restitúyelas con intereses. Pero si usted fue presidente, tuvo inmunidad, patrocinadores, y quizá una red de sobornos llamada “La Línea”, pues… sorpresa: bingo bancario
El 3 de noviembre un juzgado de extinción de dominio resolvió devolverle al expresidente Pérez Molina seis cuentas bancarias embargadas en 2015, por un monto principal de Q. 3,155,881.94, más intereses reconocidos de Q 954 597.03, para un total aproximado de Q 4,110,479. (Ministerio Público aún no informa si apelará la decisión). Sí, escuchó bien: más de cuatro millones de quetzales devueltos a quien fue señalado de estar vinculado con redes de corrupción de aduanas y contrabando.
¿Qué nos dice esto?
Que el blindaje institucional funciona: el embargo, latente por años, queda en suspenso… y al final se revierte.
Es como si el sistema bancario deviniese juez y restituidor al mismo tiempo. Es decir: primero se bloquea, luego se mantiene años, luego se calcula interés… y luego se devuelve. ¿Y usted?, que jamás tuvo inmunidad, patrocinadores o un ministro al servicio, ¿qué participación tiene en ese sistema bancario-judicial? Simple: ninguna. Usted sigue pagando, usted sigue siendo fiscalizado, usted sigue bajo lupa… pero los que hicieron el desfalco salen indemnes, o casi.
La justicia que debería actuar como garrote se ha convertido en cajero automático para algunos. Y mientras tanto, las cuentas públicas languidecen, los escándalos crecen, la confianza se erosiona. Así que cuando escuche usted que la justicia es para todos, recuerde: es para todos aquellos cuya cuenta puede devolverse. Para los de quince quetzales bajo el colchón, ni embargo ni restitución… solamente indiferencia.
¡Devuelvan lo robado!… y no al ladrón que ya tiene la llave del sistema.
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