Septiembre es el mes patrio, elegido a conveniencia, si bien la independencia de los países centroamericanos se llevó acabo aquel 15 de septiembre de 1821, la realidad ha sido otra para Guatemala, debemos aceptar que en suelo guatemalteco aún no ha vivido una independencia en su plenitud, de hecho difícilmente la podremos experimentar teniendo servidores públicos que dejan en manos extranjeras el trabajo que ellos deberían realizar.
El gobierno de Bernardo Arévalo es un ejemplo de cómo Estados Unidos sigue ejerciendo influencia sobre las sagradas tierras mayas. Sin titubear, ha cedido el control de carreteras, puertos y el aeropuerto, entre otros recursos estatales. Esto demuestra un desconocimiento del grave daño que ha implicado la firma de tratados con dicho país, al parecer nada podemos esperar de un personaje que sabe lo que es vivir en Guatemala, bajo el yugo de la opresión extranjera y las luchas constantes contra el sistema. Por el contrario, de esta manera se fomenta la dependencia hacia otros países.
Bajo la idea de proclamar la llama de la libertad, nos han inculcado que formamos parte de una gran nación, a pesar de que esta misma excluye a las grandes mayorías. Este sistema, creado por conveniencia, solo nos mantiene entretenidos, nos impide pensar y nos arrebata oportunidades.
¿Por qué los empresarios, militares, políticos y demagogos se ensañan en promulgar esta falsa “independencia”? La respuesta es sencilla; este sistema les beneficia y los enriquece, pero, sobre todo, mantiene las condiciones de desigualdad que han replicado con descaro por 204 años. Aunque parezca contradictorio, ellos celebran desde sus casas de lujo, hoteles costosos y con los mejores servicios. En ninguna parte del país veremos una antorcha encabezada por empresarios, políticos, empresas transnacionales, universidades privadas u otros personajes que se dicen llamar patriotas.
“No hay nada que celebrar”, no es una frase para ser subversivo o antipatriota. Es la legítima resistencia del pueblo que denuncia la falta de condiciones de vida adecuadas, es irónico que se nos pida celebrar en medio de la pobreza, desnutrición, delincuencia, carreteras destrozadas y escasez de empleo. Esta fachada de celebración nos deja la gran lección de encender nuestros cerebros, pensar y proponer ideas para construir esta gran nación llamada Guatemala. El fuego patrio debe ser encendido con nuestra propia incidencia y con el deseo de sacar adelante al país.
En coherencia con sus valores y luchas, los pueblos originarios han proclamado que no hay nada que celebrar en estas fechas, especialmente cuando quienes defienden la democracia están siendo criminalizados. El ejemplo del pueblo de Sololá no tiene precedentes, con valentía frente al sistema, cancelaron las festividades programadas para septiembre. Esta es una lección que el gobierno de Bernardo Arévalo y Karin Herrera no han podido comprender, a pesar de su supuesta alta capacidad de conocimiento.
Es momento de reescribir nuestra historia, unificando intereses en común, debemos construir una nación fuerte, independiente y verdaderamente soberana, para que todos aquellos que tengan el privilegio de habitar estas hermosas tierras puedan disfrutar de una vida digna.
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