Reflexiones históricas sobre el nombre de Guatemala

El 25 de julio de 1524 se fundó en Iximche’ la Ciudad de Santiago de Guatemala, por lo que el nombre se estableció de manera formal desde ese momento, quedando como el renombramiento del territorio, pero en función de los intereses coloniales

Mauricio José Chaulón Vélez

septiembre 14, 2025 - Actualizado septiembre 13, 2025

Lienzo de Quauhquechollan. Foto: Wikipedia

Una de las características de los nacionalismos es que evitan el cuestionamiento y sobre todo la crítica a su sentido. Al formar parte de un sistema socioeconómico, establecen como algo ya dado e indiscutible sus conceptos y definiciones. Es parte de las imposiciones desde que nacemos y que puede traer problemas a quien las pone en debate; pero es necesario debatir sobre ellas. Parte de los procesos de dominación y hegemonía consiste en implantar mediante todos los aparatos ideológicos del Estado el significado de la nación, pero desde las lógicas de un bloque histórico de clase y muchas veces étnico cultural que dice qué es lo que debe ser y qué no debe ser, combinando el civismo y el idealismo romántico. Por ello es por lo que fechas como septiembre son las propicias para reforzar estas ideas.

En la redefinición del mundo dentro de la modernidad capitalista, los individuos y los pueblos quedamos delimitados en la figura del Estado Nacional, que corresponde al del Estado-Nación como conceptualización más amplia. Para que el Estado como entidad política adquiera sentido desde los fines de la modernidad y de las clases que la dominan o dirigen en cada lugar, procura homogeneizar lo más posible para que se logre una identidad común. El problema ocurre cuando se invalidan o incluso se destruyen las otras identidades, o quedan al margen como efectos folclorizados y exóticos, supeditados a la nación identitaria establecida como hegemónica. La modernidad capitalista estableció esta forma de organización de territorios en función precisamente del capital, imponiéndose y llegando a aceptarse por medio del avance indetenible y violento de los capitales. Este puede darse por medio de grandes guerras, invasiones específicas, avanzadas de enclaves económicos, entre otras. Y todas las formas conllevan despojo y reordenamiento territorial y de población. Entonces, los Estados modernos debieron identificarse con algún nombre, surgiendo un sistema internacional de reconocimiento, lo que hace que, dependiendo de las circunstancias de la persona, de las familias y de los diferentes grupos humanos, si se nace en determinado lugar se le asigna a cada quien esa nacionalidad con su respectivo gentilicio. Esto conlleva muchas repercusiones legales, culturales, simbólicas, políticas, económicas, sociales y hasta psicológicas. Al nacer en Guatemala, simple y llanamente se es guatemalteco o guatemalteca, sin más. Y las otras identidades posibles quedan afuera o minimizadas por el sistema dominante, enseñando que la nacionalidad no se cuestiona y mucho menos se pone en discusión crítica. Se enseña que el nombre de donde se vive y se pertenece es Guatemala, presentando su origen como algo cívico y a la vez romántico. Pero si surge la necesidad de cuestionar cómo funciona la nacionalidad, el nacionalismo, el patriotismo y otros conceptos desde las relaciones de poder, es importante comenzar a realizar el ejercicio desde la reflexión histórica de por qué del nombre. Dar por sentadas las cosas no permite el desarrollo del pensamiento ni el avance de las ideas.

Guatemala, como sucede con el nombre de cualquier país o Estado Nacional, es una denominación histórica y política, asociada a relaciones de poder, y a hechos y acontecimientos que tienen características culturales e identitarias, en la complejidad de los momentos históricos que lo definen o en donde surge la necesidad de nombrar. Los orígenes y las razones de los nombres de todos los países del mundo son distintos. Para el caso de Guatemala, la historia de la invasión española del siglo XVI y del proceso colonial es el contexto del surgimiento del nombre del país. Los tlaxcaltecas que acompañaban a las huestes de Pedro de Alvarado en el proceso de irrupción y asalto al territorio que hoy ocupa Guatemala, como inicio del istmo centroamericano de norte a sur, utilizaron los términos del náhuatl Cuauhtla, Cuahutla, Kuautla o Kuautlan, que en las relaciones interculturales lingüísticas también derivaron en Quauhtemallan y fue lo asimilado por los españoles. Todos estos términos se refieren a «bosque». El término náhuatl Quauhtemallan puede traducirse como «lugar de muchos árboles» o «lugar de abundantes florestas». Sin embargo, estudios etnolingüísticos amplios también proponen que la traducción de alguna de las variantes que los aliados indígenas mexicanos que traían los españoles pudieron haber utilizado era «tierra de árboles caídos». Como sea, el origen del término está en la invasión y la denominada conquista, que derivó en un proceso de sometimiento a los pueblos indígenas locales a una hegemonía española que fue definida por los mismos capitanes de conquista, quienes durante 18 años impusieron relaciones de esclavitud y alta explotación, hasta que llegaron las Leyes Nuevas de 1542 que convirtieron a los habitantes indígenas en vasallos de la Corona, y si bien algunas cosas cambiaron, el poder colonial y la hegemonía hispana continuaron. Esto fue convenientemente heredado por los criollos que fueron definiendo su sentido de patria en función de sus intereses de control del territorio y de la fuerza de trabajo. La ruta del nombre fue dándose para ir de Quauhtemallan a Goathemala, pero se fue pasando por Cuauhtla y Cuahutla, e incluso por Cuahutimal. Este último término proviene de la interpretación que se encuentra en algunos de los primeros textos españoles de la invasión hacia el sur de México, donde aparece «Cuahutimal», para referirse a una pasta a manera de betún que obteniéndose de algún árbol lo utilizaban los indígenas en el momento de las batallas. De manera gráfica, en el Lienzo de Quauhquechollan o Códice de Quauhquechollan, los indígenas quauhquecholtecas que formaban parte de los pueblos indígenas que acompañaron como aliados a las huestes de Pedro de Alvarado en la expansión invasora hacia el sur de México, plasmaron junto a los españoles un discurso gráfico de la invasión. Éste puede considerarse como el mapa conocido más antiguo de Guatemala, en el que se sitúan las distintas características que se asocian a los términos Quauhtemallan, Cuauhtla, Cuahutla, Kuautla, Kuautlan y Cuahutimal. Otra fuente importante lo constituyen las cartas de relación de Alvarado a Hernán Cortés. Pedro de Alvarado escribió cartas a Cortés para informar sobre los acontecimientos de la exploración, invasión, la denominada «conquista» y el proceso colonial al sur de México. En ellas refiere a Goathemala, Guathemala, Guatimala y Guatemala como el nombre dado al territorio y posteriormente a lo que era la ciudad kaqchikel de Iximche’, renombrada por los españoles a través de la influencia náhuatl de los tlaxcaltecas, cholultecas y quauhquecholtecas como Tecpam-Guatemala o Tecpán Guatemala. Veamos un ejemplo: “Yo me parto para la Ciudad de Guatimala lunes once de Abril, donde pienso detenerme poco, á causa que un pueblo que está asentado en el agua, que se dice Atitlán, está de guerra, y me ha muerto cuatro mensajeros; y pienso con la ayuda de Nuestro Señor, presto lo atraeremos al servicio de su Magestad; porque según estoy informado, tengo mucho que hacer adelante, y á esta causa me daré priesa por invernar cincuenta ó cien leguas adelante de Guatemala, donde me dicen y tengo nueva de los naturales de esta tierra de maravillosos y grandes edificios y grandeza de Ciudades que adelante hay”.     

El 25 de julio de 1524 se fundó en Iximche’ la Ciudad de Santiago de Guatemala, por lo que el nombre se estableció de manera formal desde ese momento, quedando como el renombramiento del territorio, pero en función de los intereses coloniales. En síntesis, al castellanizarse los términos del idioma náhuatl, se aplicaron políticamente para renombrar el territorio de acuerdo con los objetivos coloniales de España y, principalmente, de los invasores. Así nació el nombre de Santiago de Guatemala y la extensión para todo el territorio que vino después como Reino de Guatemala. Puede decirse, entonces, que Guatemala es un nombre que del náhuatl que nombraba una región por sus características naturales, pasó a ser símbolo de la dominación colonial. El contexto histórico de donde surgió define su origen y es fundamental que se reflexione críticamente sobre esto, porque hay mucho qué repensar y transformar si realmente queremos un país democrático. El nombre tiene mucho que ver y decir. Cómo nombramos es un asunto político. Reflexionemos que en los procesos de independencia y de creación de los Estados Nacionales en Centroamérica permaneció el nombre de Guatemala, sin que eso se discutiera o se colocara en la posibilidad de hacerlo. Es importante recordar que la independencia y la constitución de los Estados Nacionales no incluyó a los pueblos indígenas y a los demás sectores sociales que no eran la clase dominante. Por lo tanto, la conveniencia del uso del nombre de origen colonial para este país prevaleció tanto por liberales como por conservadores, porque el sentido del criollo encuentra en él un objetivo de patria: la suya.    

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