Las mayores bestias son los seres humanos

Ningún animal ha exterminado millones de seres de su propia especie en guerras fratricidas; ninguno ha levantado campos de exterminio, lanzado bombas atómicas sobre ciudades indefensas o destruido ecosistemas enteros por codicia.

Jaime Barrios Carrillo

mayo 10, 2026 - Actualizado mayo 8, 2026

La Bestia bíblica, conocida con la cifra 666, es la representación del mal absoluto, el Anticristo. En sentido amplio, una bestia es un animal terrestre, mamífero, de rasgos brutales, ya sea por su aspecto físico o por su comportamiento. En el orden coloquial, la palabra bestia funciona como metáfora para calificar a un ser humano de incapaz, ignorante, falto de inteligencia o de comportamiento violento.

Los bestiarios son acopios de descripciones de animales, reales o fantásticos. Se originaron en la Antigüedad precristiana con representaciones que combinaban la naturaleza con alegorías y lecciones morales o espirituales, otorgando a cada criatura un significado simbólico. Ejemplo célebre es el Physiologus, texto griego del siglo II que sentó las bases para muchos bestiarios posteriores, así como manuscritos iluminados de la Edad Media como el Bestiario de Aberdeen.

Los animales son figuras recurrentes en los cuentos y relatos que nos acompañan desde la infancia. Resulta inevitable abordar la relación entre los animales y la literatura a través del concepto de bestiario, donde las criaturas no solo representan lo tangible, sino que cargan significados que van más allá de su naturaleza física, abriendo un abanico de interpretaciones simbólicas.

Los animales han sido un espejo de las grandezas y debilidades del ser humano, ocupando un lugar central en su imaginación y en las expresiones culturales. Los dibujos rupestres de Altamira, con sus bisontes y caballos, no solo reflejan la relación práctica del hombre con la naturaleza, sino también un vínculo espiritual y mágico.                                                                                                                                               

En la Edad Media, los bestiarios adquirieron un carácter enciclopédico y moralizante, catalogando criaturas reales y fantásticas como símbolos de virtudes y defectos humanos. Los bestiarios medievales fueron populares en Europa, donde se utilizaban como herramientas educativas y religiosas para transmitir conceptos éticos y valores cristianos. Animales como el león, o figuras fantásticas como el unicornio y el fénix, eran interpretados como mensajes que aludían a la fortaleza, a la pureza o la resurrección.

El bestiario es mezcla de animales reales y fantásticos que habitan en leyendas y tradiciones ancestrales. Estas criaturas no solo forman parte del imaginario colectivo, sino que suelen cargar significados profundos, representando fuerzas de la naturaleza, aspectos de la psique humana o el choque entre lo divino y lo terrenal. Ejemplo de ello es el dragón de la mitología china, símbolo de poder y sabiduría, o el grifo, criatura con cuerpo de león y cabeza de águila que representaba la dualidad entre lo terrenal y lo celestial en la mitología grecorromana. También está el ave Fénix, que renace de sus cenizas, símbolo de inmortalidad y renovación.

Los bestiarios y las fábulas son formas literarias que involucran animales como protagonistas o símbolos, aunque se diferencian en sus propósitos, estructura y enfoque. El objetivo principal de un bestiario es compilar descripciones de animales reales o imaginarios, a menudo con interpretaciones simbólicas o alegóricas que reflejan enseñanzas religiosas, morales o cosmológicas. Así, en los bestiarios medievales, un león podía simbolizar a Cristo, mientras un dragón representaba el mal.

Las fábulas buscan transmitir una enseñanza o moraleja mediante historias breves protagonizadas por animales que personifican virtudes, defectos o comportamientos humanos, como la astucia, la pereza o la codicia. Las fábulas de Esopo, Samaniego y de La Fontaine son ejemplos clásicos. En Guatemala hay una tradición fabulística señera: los coloniales Matias de Córdova, Rafael García Goyena e incluso Rafael Landívar( en especial su fábula de «Los Castores» incluida en el Libro VI de la Rusticatio), el independentista Simón Bergaño y Villegas. En el siglo veinte Rafael Arévalo Martínez con sus textos psico zoológicos y desde luego Augusto Monterroso y sus famosas fábulas compilados en La oveja negra.

Los bestiarios son más descriptivos. Se enfocan en las características físicas y simbólicas de cada animal, muchas veces con un tono enciclopédico o didáctico. Las fábulas, por el contrario, son piezas narrativas que cuentan historias con una trama sencilla donde los animales interactúan en situaciones que reflejan conflictos o dilemas humanos.

Los bestiarios incluyen tanto animales reales como criaturas míticas o fantásticas, tales como unicornios, grifos y sirenas. Estos seres suelen tener significados alegóricos o representar lo desconocido. Las fábulas, en cambio, se centran en animales reales que actúan como humanos, aunque ocasionalmente incorporen elementos fantásticos.

En síntesis, los bestiarios exploran el simbolismo y las características de los animales, mientras las fábulas utilizan a los animales como vehículos para contar historias con moralejas. Ambos reflejan cómo las culturas han encontrado en el mundo animal un espejo para comprender la condición humana. Poseen una tradición antigua y universal, con raíces en diversas culturas como la griega, la india y la china, y han demostrado ser formas atemporales capaces de adaptarse a distintas épocas y sensibilidades.

Entre los antiguos mayas, los animales no solo formaban parte del entorno natural, sino que poseían una dimensión profundamente entrelazada con la cosmovisión y los mitos fundacionales. Un animal podía ser un puente entre los humanos y lo sagrado, desde el imponente jaguar hasta el pequeño ratón del Popol Wuj.

El jaguar, o balam, ocupaba un lugar central en la mitología maya. Era símbolo de poder, fuerza y del inframundo. Como guardián nocturno, se asociaba con la oscuridad y los misterios de la noche, además de ser emblema de la realeza, la guerra y la fuerza. Su imagen aparece en esculturas, códices y cerámicas, reflejando su papel de enlace entre el mundo terrenal y el espiritual.

El venado era una criatura ligada a la fertilidad y la abundancia, pero también a los sacrificios. En muchas ceremonias, los mayas ofrecían venados como tributo a los dioses, y su agilidad y fragilidad lo convertían en símbolo de lo efímero y de lo sagrado de la vida.

La lechuza, ave nocturna y enigmática, era vista con ambivalencia. Aunque asociada al conocimiento y a los secretos del inframundo, también era presagio de muerte y desgracia. Su canto resonaba como un eco de advertencia en las noches profundas, recordatorio de la fragilidad del destino humano.

El Popol Wuj, ofrece una ventana única a esta visión animalística. Un ratón juega un papel crucial al revelar a los gemelos divinos, Hunapú e Ixbalanqué, la indumentaria de sus padres, antiguos jugadores de pelota. Este acto de astucia y lealtad destaca la importancia de los animales pequeños y aparentemente insignificantes en los grandes relatos de creación y transformación. También señala la existencia de una cadena biológica y simbólica que une a todos los seres vivos.

En definitiva, los bestiarios invitan a explorar el misterio de la relación entre los seres humanos y el reino animal, y a cuestionar las fronteras entre lo real y lo imaginario. Pero también conducen a una conclusión incómoda: acaso las mayores bestias no habitan en la selva, sino entre nosotros mismos.

Ningún animal ha exterminado millones de seres de su propia especie en guerras fratricidas; ninguno ha levantado campos de exterminio, lanzado bombas atómicas sobre ciudades indefensas o destruido ecosistemas enteros por codicia. Las fieras matan para sobrevivir; el ser humano, demasiadas veces, mata por odio, fanatismo, ambición o simple sádica indolencia. La historia de la humanidad es la historia de su propia violencia.

Los sucesos mundiales de los últimos años —guerras mortíferas, desplazamientos masivos, genocidios, terrorismo, destrucción ambiental y el crecimiento de la crueldad exhibida incluso como espectáculo— han vuelto a demostrar hasta qué punto el hombre puede convertirse en una criatura más temible que cualquiera de las imaginadas en cualquier bestiario. Tal vez por eso seguimos necesitando las fábulas y los bestiarios: porque, al hablar de animales, en realidad terminan hablando de nosotros.Formulärets överkantFormulärets nederkant

Tags:
0 Comentarios

Comentarios de la comunidad

Todos los derechos reservados © eP Investiga 2024

Inicia Sesión con tu Usuario y Contraseña

¿Olvidó sus datos?