Volver al mercantilismo: Un viejo error

Hugo Maul R.

abril 21, 2025 - Actualizado abril 21, 2025
Hugo Maul R.

Sobre este tema no hace falta escribir nada nuevo. Lo que hay que decir ya fue dicho con claridad por mentes lúcidas que entendieron el daño que causa olvidar los principios económicos más básicos. Lo preocupante no es que el mundo cometa errores, sino que los repita, a pesar de haber sido advertido. Pareciera que la incomodidad intelectual ha reemplazado al razonamiento económico. Afortunadamente, la lógica detrás del libre intercambio no depende de un concurso de simpatías.

Según cuenta Deirdre McCloskey, economista, historiadora y escritora estadounidense reconocida por sus aportes a la historia del pensamiento económico y su defensa del liberalismo clásico, el gran matemático Stanislaw Ulam, uno de los científicos clave del Proyecto Manhattan y pionero en teoría de juegos y física computacional, retó al gran economista Paul Samuelson, primer estadounidense en ganar el Nobel de Economía y gran sistematizador de la escuela neoclásica, a nombrar un principio de las ciencias sociales que fuera a la vez verdadero y no obvio. Samuelson lo pensó un poco y respondió: “La teoría de la ventaja comparativa de Ricardo… idea lógicamente cierta, dijo, que no necesita argumentarse ante un matemático; que no es trivial lo atestiguan los miles de hombres importantes e inteligentes que nunca han sido capaces de captar la doctrina por sí mismos o de creerla después de habérsela explicado”. (Reason Magazine, mayo 2018).

Según el principio de las ventajas comparativas, propuesto por David Ricardo en el siglo XIX, incluso un país que produce todo de forma menos eficiente que otro puede ganar al comerciar, si se enfoca en lo que hace menos mal. Lo importante no es ser el mejor en todo, sino especializarse en lo que se hace relativamente mejor. Así, todos pueden beneficiarse del intercambio. Sin embargo, esta verdad elemental ha sido empujada al rincón. Y no es un fenómeno nuevo. Lo que hoy se vive ya fue dicho con una claridad que escasea. Las palabras de un conocido líder guatemalteco, por ejemplo, parecen haber sido escritas esta misma semana. Su diagnóstico sigue vigente, casi dolorosamente actual:

“Vivimos una época de crisis intelectual dentro de la élite que influye en todo orden determinante. Jefes de Estado y asesores de países. Supuestamente cultos y avanzados actúan en forma claramente contraria a los intereses de sus países. El caso de la ley de asociación es un vivo ejemplo.”

El asombro de este autor ante esa desmemoria queda registrado cuando afirma: “La prensa [internacional] ha comunicado las siguientes noticias: ‘[Se] autoriza al presidente [de EE.UU.] para impedir importaciones de países con bajos salarios… [se] discute una ley para restringir importaciones de acero, textiles, calzado, carne, petróleo, plomo, zinc y los productos electrónicos… [un] ex secretario de Comercio … pronunció un discurso en el cual explica que como no vivimos en un mundo ideal, no podemos esperar los beneficios del libre comercio’”.

A lo que añade una crítica demoledora, escrita en prosa robusta, sin adornos innecesarios: “La crisis del mundo actual definitivamente no es un fenómeno natural: es la consecuencia de [que se] ha logrado hacer prevalecer nuevamente un sistema similar al mercantilismo, feudalismo o fascismo, con la diferencia de que los que rigen son electos, aunque en teoría se le siga considerando mandatarios, es decir, obedientes servidores de la voluntad del público: el mandante. Los que rigen, no gobiernan… mediante reglas de conducta, justas y de aplicación general, sino rigen otorgando permisos, cuotas, subsidios, prohibiciones, licencias, privilegios y favores, con los cuales controlan e inhiben la actividad, pacífica y creativa del hombre”.

Advierte también sobre los riesgos de la politización del razonamiento económico cuando sostiene:
“El mundo está siendo guiado por expertos políticos, que actúan en contra de las ciencias sociales. Inclusive, dado el poder del Estado en todas las esferas… los prejuicios y la política ha desplazado a la ciencia. No se debe por tanto extrañar el fracaso… que el intercambio libre sea tampoco comprendido y apreciado, constituye, sin duda, una de las principales causas de la pobreza… cuando, por ignorancia, se utiliza el poder coercitivo del Estado para impedirlo, inhibirlo o restringirlo, insoslayablemente, se incurre además en una supresión parcial o total de la condición más preciada del ser humano, su libertad”.

Más grave todavía —probablemente diría hoy Don Manuel Ayau— es que el principio del libre comercio haya pasado a un segundo plano,  no por falta de evidencia, sino por el desconcierto moral que provoca a algunos coincidir con cierto líder en unas cosas y tener que rechazarle en otras. Lo verdaderamente inquietante es que los párrafos entre comillas fueron escritos hace más de 50 y 20 años respectivamente, en dos de sus obras más importantes: De Robinson Crusoe a Viernes (CEES, 1968) y Un juego que no suma cero (CEES, 2006).

Tags:

Todos los derechos reservados © eP Investiga 2024

Inicia Sesión con tu Usuario y Contraseña

¿Olvidó sus datos?