Una semilla en partes

Renzo Rosal

mayo 23, 2025 - Actualizado mayo 22, 2025
Renzo Rosal

A pesar de las carencias del sistema de partidos políticos en Guatemala, donde las organizaciones políticas se caracterizan por no cumplir con los mínimos de casi todas las dimensiones que se utilizan normalmente para analizar su consistencia, no es usual que un partido político se fragmente antes de siquiera cumplir con la mitad del período (en el caso que nos ocupa, incluso no se ha llegado a los primeros dieciocho meses). Ello indica, en principio, que el partido Semilla es un embrión; que tempranamente asumió responsabilidades para las cuales no estaba preparado, y lo que es más cuestionable, que los supuestos que plantearon como distintivos de la organización, están lejos de ser cumplidos, al menos por algunos de sus dirigentes, algunos de los cuales son diputados en la actual legislatura.

Por lo general, los denominados “partidos”, no son más que cascarones; por lo que con facilidad afloran diferencias de todo tipo, especialmente personalismos, rasgos autoritarios (imposiciones de criterios, cerrades al diálogo, manejos discrecionales de las decisiones, clientelismo, entre otros). Pero las mismas “organizaciones” tienen mecanismos, en su mayoría informales, para limar las asperezas y evitar fracturas mayores. No es casual que maquinarias de partidos oficiales como la UNE o el PP hayan llegado hasta el tercer año sin evidenciar, al menos de manera pública, sus diferencias internas (y que probablemente pudieron ser muchas).

En momentos de crisis agudas, como el actual, los partidos oficiales son máquinas de resonancia para generar la narrativa de la cohesión, juntos son más fuertes pueden aguantar los aguaceros. Pero el caso Semilla indica lo contrario. En momentos álgidos un grupo decide irse por la libre. El grupo disidente no me parece como la continuidad del partido original, más bien es lo contrario. Aunque en días recientes plantean la idea de ser una especie de Semilla 2.0, las cosas como son: un grupo que gira alrededor de la figura deseosa de protagonismo, que considera que puede ir por más en sus aspiraciones políticas, pero que el partido no le da el ancho de banda que “necesita”, toma sus bártulos y busca hacer su propio partido. Pero ojo, de momento generan un mensaje engañoso: no representan la continuidad. Representan ambiciones que no pueden canalizarse a través de una organización que sobrevive en la práctica, aunque legalmente sea inexistente.

Pero ¿qué dicen las bases del partido? Especialmente cuando estas han sido claves para armar un partido que se planteó, de origen, hacer las cosas en forma distinta. ¿Qué dice la dirigencia nacional? De momento están silentes, pero no pueden pasar más días así. El golpe es artero al partido, al presidente Arévalo, al gobierno, a los votantes que se tragaron la píldora de votar por una opción diferente (adversa a los partidos tradicionales). ¿Es posible revertir diversidad de daños? Esa y otras preguntas están lanzadas al aire. Si no se responden en forma adecuada, darán insumos a los que están dispuestos, 24/7, a aprovechar los sinsabores para ir por más erosión. Recordemos, lo que está en juego no es el gobierno. Lo que se está gestando (agenda 2026-27) puede ser lapidario para un país que sigue en condiciones de permanente inestabilidad.

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