Conmemorar la gloriosa Revolución de Octubre enciende en el espíritu guatemalteco la memoria de un horizonte tan luminoso que los sectores oscurantistas tuvieron que cerrar con las acciones más abyectas. Evocar los acontecimientos de octubre de 1944 brindan la oportunidad de reflexionar sobre los espinosos derroteros que ha seguido un país cuyos anhelos emancipatorios fueron suprimidos por los más crudos objetivos reaccionarios. La Primavera Democrática fue desplazada por una pesadilla oprobiosa de la que tenemos que despertar.
La esperanza sigue vigente, aun cuando aceptemos que este gobierno no ha podido conectar con las ansias emancipatorias de una sociedad que, sin embargo, debe mantener el proyecto fundamental de alcanzar una vida diga. Aquellos que mantenemos la confianza en un futuro emancipador entendemos que la esperanza surge de las resonancias profundas que tienen nuestras gestas políticas. La Revolución de Octubre moviliza las placas profundas de la sensibilidad de nuestra sociedad. Por esta razón, su conmemoración despierta voces que, aunque reprimidas, nunca se han callado.
Por esta razón, argumentar en favor de una recuperación plena de la memoria democrática de nuestro pueblo no nos alinea con las nauseabundas agendas de la derecha delincuente. Nunca debe olvidarse que la responsabilidad histórica por nuestros naufragios cae en los hombros de aquellos que ahora recomiendan la mano dura. Los malos pasos de la democracia no se remedian fomentando el autoritarismo, especialmente en una época en la que grupos enloquecidos quieren honrar a Adolf Hitler.
Es de lamentar que este gobierno no ha mostrado de manera enérgica la decisión de penetrar con energía en las esperanzas de cambio de la sociedad. No se trata de resolver milagrosamente los problemas que no han sido atendidos durante décadas. Esto lo comprende aquel que se toma el tiempo de analizar nuestra historia. La cuestión es que no existe un acompañamiento del sentir popular, actitud que no puede confundirse con el populismo manipulador. El gobierno actual tuvo que desplegar sus velas para que las aspiraciones profundas de la sociedad guatemalteca pudieran fructificar. La cita histórica es evidente: las manifestaciones que impidieron las maniobras del pacto de corruptos se vinculan con la decisión de aquel pueblo que encontró en la Revolución de Octubre la reivindicación de su dignidad.
Las gestas de octubre de 1944 buscaban ampliar el horizonte democrático de la sociedad guatemalteca. Se buscó realizar una sociedad de personas; este enunciado no es obvio debido a que ser tratado como persona es cada vez más difícil en estos tiempos. Los jóvenes revolucionarios, Arévalo Bermejo y Árbenz Guzmán lograron elevar las aspiraciones de la sociedad guatemalteca con medidas que fomentaron la dignidad y autonomía de la nación. Es un gran error ignorar los ideales éticos que nutrieron el ideal de la revolución de 1944. El maestro presidente, quien había florecido en la Argentina de los grandes ideales universitarios, logró escribir los primeros renglones de una historia que el coronel Árbenz quiso desarrollar pero que no tuvo la oportunidad de concluir. Muchas personas ignoran que el talante democrático de Arévalo Bermejo se nutría de su formación profesional como un pedagogo que ejercía su vocación de manera filosófica —como alguna vez lo oí decir en persona.
Y viene la cita con la historia. Durante algunos meses en 2023, se tuvo la conciencia de que se había despertado la conexión con el pasado revolucionario de octubre. Pero el gobierno actual no pudo leer la vinculación histórica. Había que honrar el apoyo de los pueblos indígenas para encontrar caminos para el florecimiento de la memoria democrática de la sociedad guatemalteca. La opción por la democracia nunca puede agotarse en respetar una legalidad secuestrada por los individuos más ruines y estúpidos.
No es posible cumplir con la responsabilidad de un gran legado cuando se ha preferido acudir a recetas que revelan el temor a caer en el proceso complicado de la transformación genuina. La insistencia en traer inversión y fomentar la innovación no agotan los profundos valores democráticos que trajo consigo la Revolución de Octubre.
El problema, sin embargo, es que se van avizorando posibilidades que deberían preocuparnos. Muchos ciudadanos se desencantan de las opciones democráticas. Muchas personas empiezan a ver con esperanza a las políticas de Nayib Bukele en El Salvador. Es indispensable reflexionar sobre este fenómeno, el cual debe considerar la crisis de las actuales autocracias en el mundo. en el mundo actual. Del hecho de que tengamos que redireccionarnos en la lucha por objetivos valiosos, no se deduce que estos objetivos sean inalcanzables. La verdad es que cae en este gobierno la obligación de contribuir a que la actual deriva autoritaria desemboque en la prolongación de la pesadilla política guatemalteca.
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