Provocatio: El lado humano de un ícono (I)

El primer dato inusual es que fue un joven de cuna acomodada, egresado del Colegio Americano, uno de los más exclusivos del país, para luego realizar estudios universitarios en la Facultad de Economía de la Universidad San Carlos de Guatemala, entidad pública. Innata en él, una sensibilidad social muy acendrada y preocupado por los problemas de un estrato socioeconómico al cual él no pertenecía. Y, por si fuera poco, involucrado y comprometido con el movimiento estudiantil, social y político, en una época en la que, tan solo opinar, podía significar perder la vida.

José Alfredo Calderón E.

octubre 24, 2025 - Actualizado octubre 23, 2025
José Alfredo Calderón E.

Se acaban de cumplir 47 años de una de las ejecuciones extrajudiciales más paradigmáticas del país: la de Oliverio Castañeda De León, Secretario General de la Asociación de Estudiantes Universitarios, la cual, lleva su nombre como homenaje a su sacrificio. Más allá del líder estudiantil y revolucionario, quiero reivindicar la parte humana de quien trascendió a su tiempo, a su juventud y a la academia. Deseo tocar esos detalles que casi nunca conocemos o resaltamos, olvidando que los mártires también fueron personas de carne y hueso, con sentimientos, emociones, peculiaridades y dinámicas personales, familiares y sociales. 

Los datos de lo que expongo aquí están basados en una investigación inédita de autoría propia, realizada en el 2003, que me permitió entrevistar a la madre de Oliverio y a personas muy cercanas a él. La investigación tuvo censura, pues la institución que me contrató (por tanto, dueña de los derechos de autor) “encontró muy fuertes los resultados” por lo que no convenía publicarla –me dijeron–.

El primer dato inusual es que fue un joven de cuna acomodada, egresado del Colegio Americano, uno de los más exclusivos del país, para luego realizar estudios universitarios en la Facultad de Economía de la Universidad de San Carlos de Guatemala, entidad pública. Innata en él una sensibilidad social muy acendrada y preocupado por los problemas de un estrato socioeconómico al cual él no pertenecía. Y, por si fuera poco, involucrado y comprometido con el movimiento estudiantil, social y político, en una época en la que, tan solo opinar, podía significar perder la vida.

Oliverio perteneció a la Juventud Patriótica de los Trabajadores –JPT–, órgano juvenil del Partido Guatemalteco del Trabajo –PGT–. Era el tercer y último hijo de una familia de clase media alta; tenía dos hermanos mayores, Gustavo y Lucila (ya fallecida). El primero, empresario y la segunda, médica y comunicadora social.  Su padre fue el doctor Gustavo Castañeda, un pediatra de mucho prestigio que, además de su clínica, atendía en el hospital Roosevelt, donde impartía clases a los estudiantes de medicina.

Su madre, Chusita de León de Castañeda, era un ama de casa entregada por completo a sus hijos; 25 años después del vil asesinato, todavía no se explicaba por qué mataron a su hijo, el más pequeño, más querido, su consentido: “¿Por qué matar a quien conoció tan de cerca y que nunca le hizo daño a nadie, antes bien, se prodigó hacia los demás?”. [1]

Angélica Alarcón, novia de Oliverio, nos refirió cómo era el entorno familiar: “Don Gustavo era un señor increíble, de una ética intachable; doña Chusita, una mujer tan dulce, tan tierna a pesar del sufrimiento (…) Su físico [el de Oliverio] es la cara de doña Chusita y creo que la ternura de ella.”  Importante conocer el ambiente que lo rodeaba, pues eso explica, en gran parte, la nobleza y el carisma del que representa hoy en día, uno de los íconos más importantes en la historia del movimiento social y político de Guatemala. 

Los antecedentes políticos en la familia Castañeda De León provenían del lado paterno, más concretamente, del hermano del doctor Castañeda, de nombre Oliverio y del Lic. Vinicio Castañeda Paz, su primo. El segundo, tenía su bufete de abogacía e incluso, fue él quien se movilizó para liberar de la cárcel al padre de Oliverio cuando, en marzo de 1982, fue apresado por órdenes del recién instalado triunvirato militar golpista, encabezado por el general José Efraín Ríos Montt.  Doña Chusita solía relatar que “Gustavo se arrepentía de haberle puesto el mismo nombre de su hermano Oliverio, que eso lo había marcado en su vida”. Varios testimonios refieren que los ocho días de injusto cautiverio del Dr. Castañeda, fueron determinantes en su muerte, años después, dado los vejámenes sufridos, de los que nunca se recuperó por completo. Este hecho es muy poco conocido y constituye una de las muchas canalladas de Ríos Montt, pues la única razón de su detención y escarnio, fue el hecho de ser padre de Oliverio, ya asesinado. Don Gustavo jamás militó en política y siempre se dedicó a su noble profesión. Su hermano, médico de profesión también fue asesinado en Nicaragua.

Doña Chusita nos relató cómo la vena social y su constante interés por los más necesitados se evidenció desde temprana edad: “Era un niño encantador, muy dulce, muy tierno, muy caritativo.  Él me decía: ‘mamá yo no voy a refaccionar, es que ya regalé mi pan’.  Lo que sucedía es que alguien pasaba pidiendo comida a la casa y él les regalaba su pan (…) ‘Tendría cuatro años cuando yo lo llevaba de la mano en la calle y encontramos un niño descalzo y me preguntó: ¿por qué este niño viene descalzo?’, y yo le decía que sus papás eran muy pobres y no tenían con qué comprarle zapatos. ‘Pero yo tengo dos pares’ replicaba Oliverio”.  Pasajes como éste y muchos otros, demuestran la autenticidad en los actos del después líder estudiantil.

Su niñez y adolescencia marcaron la consecuencia y coherencia de Oliverio a lo largo de su corta vida. Su actuar y pensar eran auténticos y no podían provenir de otro lugar que no fuesen los valores inculcados en el hogar. Rebeca Alonso, su compañera y amiga nos refiere: “Muchas de sus cualidades venían de ahí, de la dinámica familiar.  Claro que en la política estaba el discurso y la sensibilidad social, pero que se conjugaba con todos esos valores que ya venían de antes…” Continuará el próximo viernes.


[1] Calderón Enríquez, José Alfredo.  Interpretación histórico-concreta del asesinato de Oliverio Castañeda De León como producto de la violencia institucional del Estado Contrainsurgente guatemalteco.  Investigación inédita. Guatemala, 2004. Pág. 45-46

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