La guerra sin fin envuelve a Medio Oriente

Fernando González Davison

marzo 21, 2026 - Actualizado marzo 20, 2026
Fernando González Davison

Mientras el mundo de los combustibles se encuentra en el peor momento de su historia según los expertos, Israel persiste en arrastrar a los Estados Unidos a una guerra ilegal sin fin, a pesar de los ejemplos fallidos de la guerra de Afganistán que duró dos décadas para volver a dejar en el gobierno a los Talibán, a un costo sideral de miles de millones, mientras Estados Unidos dejó de atender los problemas sociales y de infraestructura domésticos. Eso podría continuar así, al priorizar el gasto militar por los cielos, que algunos consideran el inicio del final de Trump. Si se prorroga la guerra como desea Netanyahu,  Estados Unidos será arrastrado a una guerra de tierra arrasada como la observada en Gaza y Líbano.

La guerra actual  lleva tres semanas y se regionalizó desde un inicio. El objetivo de los invasores es tener el control completo de Medio Oriente e Irán. Su rival es Irán desde que tomaron el poder los ayatolás en 1979, un muro en contra de los esfuerzos de Tel Aviv de ser el hegemón y de alcanzar las metas del Gran Israel.

Ahora las alarmas están encendidas en el mundo por el cierre del Estrecho de Ormuz en el Golfo Pérsico por parte de las fuerzas iraníes. Ello  ha disparado los precios de los combustibles. Han muerto más de dos mil personas en los ataques aéreos de los invasores y millones de personas se han desplazado a territorios más seguros. Es un desastre humanitario más que se suma al que ocurrió en Gaza, donde reina la destrucción por la destrucción misma. Muy pocos  han muerto por los ataques de Irán contra Israel y a los países del Golfo, aunque los misiles y drones de Irán han provocado mucho pánico al ser bombardeadas las bases militares estadounidenses y algunas refinerías locales.

Los jeques han entendido que la protección que Estados Unidos les prometió resultó ser una ilusión y están pagando por su mala decisión, pues su economía ha sido afectada, aunque también la del mundo, al quedar paralizada su producción petrolera y las inversiones. Y es que todos los países del Golfo Pérsico han mantenido planes para atraer inversión y eso se les vino al suelo, pues la guerra actual los obligó a tomar partido directo a favor de los invasores de Irán, y la “detente” que mantenían con Irán dejó de existir. Es más, Arabia Saudí, que en términos religiosos es rival de los chiitas que mandan en Irán, ha apoyado a los invasores e incluso ha pedido a Estados Unidos que liquide al régimen iraní con más bombardeos (a través de dádivas millonarias que ha dado a Jared Kurchner, yerno te Trump). Eso mismo es lo que quiere Israel, al punto que Netanyahu ahora quiere mandar soldados a Irán para acabar con el régimen de los ayatolás y arrastrar a los marines estadounidenses en esa aventura que está condenada al fracaso como sucedió en Afganistán, como ya se dijo.

La base militar estadounidense en Arabia Saudí es de casi tres mil soldados y, como ha estado activa en esta guerra, pues le han caído misiles iraníes. El peligro está en que apoyaría una opción nuclear para acabar con Irán, que es lo que desearía hacer Israel, por lo cual Ryad desearía desarrollar una bomba atómica, aunque ha pactado con Pakistán darle defensa nuclear. El príncipe Mohammed bin Salman tiene mucha oposición doméstica por mantener su relación con Israel desde que este país destruyó Gaza. Y sin ver algún progreso en su reconstrucción, podría renunciar a su oferta a Trump de invertir en Estados Unidos un trillón de dólares. 

Mientras tanto, en Irak, donde la mayoría de la población es chiíta, apoya a Irán a través de partidos políticos y grupos paramilitares que le han asestado golpes a la embajada estadounidense con drones. Las Fuerzas de Movilización Popular cuentan con 200,000 combatientes que se han incorporado al ejército de Irak y podrían ponerse a disposición del comando iraní para defenderse de las tropas de Israel. Entretanto, Estados Unidos ha amenazado al gobierno iraquí que, de hacerlo, congelaría sus bienes bancarios derivados del petróleo que controla la banca de Nueva York. En el norte de Irak empero hay una comunidad kurda de varios millones hostiles a Irán y podría actuar a favor de Israel y Estados Unidos. Turquía por el momento quiere jugar un papel de mediador en el conflicto, alarmado por los ataques de Israel en Gaza y Líbano. Posee el segundo ejército más grande de la OTAN y tiene un depósito de armas nucleares tácticas de Estados Unidos con más de mil soldados estadounidenses en su territorio. Es otro rival contrario a los esfuerzos de Israel por ser el hegemón de la región que ha cuestionado a Estambul de querer volver a ocupar los territorios del imperio otomano. En su territorio pasan en tránsito petróleo y gas para Israel.

Emiratos Árabes Unidos alberga a miles de iraníes y a través de sus bancos, Irán hace negocios con su petróleo a través de empresas locales. Normaliza sus relaciones con Israel como lo pidió Washington, que dispone allí de una base militar con tres mil quinientos soldados estadounidenses, encargada de dar combustible a la flota y aviones estadounidenses. Por ello la base militar y el país han sufrido las explosiones de misiles iraníes al por mayor. París mandó aviones para proteger su base militar en ese país. Los Emiratos han amenazado a Irán de congelar sus haberes en sus bancos, mientras busca otros socios que no sean Israel y Estados Unidos.

Entretanto, el norte de Líbano y su capital Beirut recibe el indiscriminado ataque de Israel con la justificación de destuir Hezboláh, grupo terrorista financiado por Teherán, el cual fue casi destruido hace ocho meses, pero ha sido capaz de lanzar algunos misiles sobre Tel Aviv como muestra de solidaridad tras el asesinato del martir Khamenei. El gobierno libanés ha sido amenazado por Israel que ocupará su territorio si no desarma a ese grupo terrorista, defendido por la minoritaria población chiíta en el país, que goza de cierto apoyo popular porque es el único grupo que se defiende de Israel. Un tercio del ejército libanés es chiíta y Netanyahu quiere acabarlo.

Entretanto, Trump ha solicitado doscientos mil millones de dólares más para su guerra conforme el pedido de Netanyahu. No se sabe a cambió de qué ofrecimiento, pero Trump ha logrado que Europa y Japón estén de acuerdo en ayudarlo a abrir el estrecho de Ormuz, pero sin decirle cuándo ni cómo. Es una tragedia para Estados Unidos que la Casa Blanca atente contra el interés nacional de su propio país y del mundo, mientras Trump hace oídos sordos al clamor doméstico y mundial porque pare ya la guerra de Netanyahu.

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