Creo que la moral debe de ser la nueva bandera de la política alrededor del mundo. La filosofía de Enmanuel Kant está integrada a los principios de la democracia liberal de occidente. Él dijo en el siglo XVIII que creía que la razón humana era capaz de orientar nuestro futuro con un espíritu positivo y llevar a buen puerto en medio de las permanentes tensiones que consumen nuestras geografías con guerras, catástrofes y calamidades de todo tipo. Sin embargo, ahora sus postulados parecieran desaparecer en occidente que se torna cada vez más autoritario e ignorante, que contempla con indiferencia los abusos y violaciones a los derechos humanos, incluso en las organizaciones internacionales, sobre las cuales él mismo propuso para atemperar el impulso obsesivo de los hombres por ir a la guerra. Europa misma, que desde el fin de la II Guerra Mundial ha defendido las organizaciones internacionales, el Derecho Internacional, los Derechos Humanos propios de la Carta de la ONU, calla cuando han sido violados en pueblos como sucede en Gaza o Líbano, en Irán o Sudán, y sus dirigentes miran para otro lado.
Kant considera que la “máquina biológica” que es nuestro cuerpo humano, hecho de materia física, con una mente capaz de tener representaciones e ideas, cree en el buen juicio moral para actuar. El imperativo categórico lo llama al actuar con moral. Pero no una moral que nos ponga contentos o que nos beneficie. La moral válida es la que se impone de actuar como si estuviéramos siendo legisladores de nuestros actos y que cada acción pueda convertirse en una ley válida para todos, tratando siempre a la humanidad como un fin en sí mismo y nunca como un simple medio. Se opone al «imperativo hipotético», que es condicional (ej. «debo estudiar para aprobar»: depende de un deseo). El imperativo categórico, en cambio, se cumple por puro deber, independientemente de las consecuencias o beneficios. Kant consideraba la guerra como el mayor obstáculo para el progreso moral de la humanidad y un atentado contra la dignidad humana. En su obra clásica La paz perpetua (1795), argumentó que los Estados viven en un «estado de guerra» constante (una amenaza latente) debido a la falta de leyes internacionales. Para superar esta violencia, el filósofo propuso una arquitectura política y moral clara: la Federación de Estados Libres: La solución no era un gobierno mundial único (rechazado por barreras culturales), sino una liga o federación de naciones soberanas que resolviera disputas pacíficamente. Derecho internacional y diplomacia: Los tratados de paz no deben ser simples treguas, sino acuerdos definitivos que eliminen las causas de futuros conflictos. El veto moral: La razón práctica formula un mandato absoluto: la guerra no debe ser el medio para resolver conflictos entre Estados. Aunque la guerra atenta contra la libertad, Kant también reconoció que, paradójicamente, la naturaleza se vale de los conflictos y sus estragos para obligar a los Estados a organizarse, cooperar y someterse a leyes comunes. Estas reflexiones sentaron las bases para organismos como la ONU o la Sociedad de Naciones. Ahora estas han fracasado ante los gobiernos autoritarios de Estados Unidos, Israel, Rusia… que se ha abrogado el derecho de hacer guerras sin restricciones. Israel con su plan de expansión en Medio Oriente con el apoyo de la Casa Blanca, y esta que actúa por doquier con políticas injerencistas sea en Europa o América Latina, incluso de tipo militar, como sucede en Venezuela y Cuba, en Honduras y Groenlandia…
Debemos luchar por los valores de la democracia, de la libertad y los derechos humanos que deben prevalecer frente al autoritarismo. El destino de la sociedad global debe ser construido por y para las personas. No debemos permitir que “El mundo siga siendo destruido por algunos tiranos”, como dijo el Papa León XIV. Y criticó a quienes utilizan la religión y el nombre de Dios para fines militares, económicos y políticos. Valoró la iniciativa conjunta de musulmanes y cristianos que impulsan un movimiento por la paz, destacando la importancia del diálogo y la solidaridad. También apuntó contra los “señores de la guerra” y a los que saquean los recursos naturales, denunciando un sistema que invierte en destrucción en lugar de priorizar la educación, la salud y la reconstrucción de las comunidades afectadas como sucede en varios países de África. Como dice Marco Fonseca en Ep Investiga: “La pregunta central de la encíclica no es qué puede hacer la inteligencia artificial, sino qué tipo de humanidad emerge cuando las tecnologías digitales, los algoritmos y las grandes corporaciones tecnológicas comienzan a reorganizar la vida social, económica, política y cultural en torno a la IA. En este sentido, la encíclica se distancia de las visiones tecnoutópicas – más todavía de las tecnofascistas – predominantes en Silicon Valley y se sitúa explícitamente en continuidad con la crítica del “paradigma tecnocrático” desarrollada por Francisco en Laudato Si (Alabado seas)’ sobre los grandes problemas de nuestra realidad actual».
Es tiempo de valorar las ideas de Kant y, por supuesto, las que nos propone el Papa en su encíclica «Magnifica Humanitas», donde reivindica la vulnerabilidad como algo intrínseco y valioso de la persona, oponiéndose a las lógicas tecnocráticas que buscan solo la optimización absoluta o el reemplazo de las relaciones y decisiones morales por algoritmos. La IA que también sirve a la guerra. Esta encíclica adapta la Doctrina Social de la Iglesia al siglo XXI para asegurar que el desarrollo tecnológico sirva al bien común y que no quede bajo el control exclusivo de algunos pocos que manejan las grandes corporaciones tecnológicas, ahora incrustadas en el Pentágono y en otras agencias del planeta.
Debemos levantar la gran bandera de la moral para el quehacer de la nueva política para el mundo.
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