Hace poco más de dos meses escribí una columna relacionada con los principales desafíos de la nueva magistratura que asumió la dirección del Tribunal Supremo Electoral. Es hasta en días recientes cuando las nuevas autoridades parecen salir del letargo, pero queda en el ambiente la pregunta si, en realidad, podrán cargar con el peso de lo que implica, en el papel, el conjunto de sus responsabilidades.
Seamos realistas, los partidos políticos preponderantes volvieron a hacer de las suyas con la elección de los magistrados. Optaron por designar operadores al frente de una institución, que debería ser, en todo caso, autónoma y no dependiente de órgano alguno. Ocurre un fallo grave que podría tener consecuencias lamentables para el país, porque las autoridades electorales privilegian esos vínculos por encima de la independencia que debería dominar sus decisiones. Por ello mismo, el perfil de los designados no es sobresaliente; lo cual determina que las primeras decisiones sean cuestionables, como la implementación de medidas que contradicen el acceso a la información pública.
Una primera prueba del carácter de la nueva magistratura será la aplicación de sanciones relacionadas con los 120 expedientes por campaña anticipada que a la fecha registra el TSE. Si tal medida se expresa con contundencia, estaríamos ante una decisión que puede marcar un camino de cierto aliento; pero si al final de cuentas no se pone alto al festín que llevan a cabo la mayoría de los partidos, que nuevamente se han comido la salida antes de la convocatoria oficial, estaríamos ante un escenario desalentador donde el órgano sería superado, con facilidad, por el real politik de una dinámica electoral dominada por actores autoritarios.
Es fundamental que el actual TSE supere lo ocurrido en 2023 y garantice las condiciones mínimas para que las elecciones generales estén alejadas de los riesgos experimentados en esa ocasión. Un primer paso se ha dado con el cambio de dirección en el MP. Ese fantasma disruptor no será piedra de tropiezo que intente trastocar el resultado electoral. Pero no cantemos victoria, la correlación de fuerzas en la CC no es alentadora. Lo que preocupa más son las avasalladoras acciones de los partidos, repletos de actores nocivos (delincuentes por doquier). El retorno de actores involucrados en turbios negocios durante los últimos tres gobiernos, que años después se mantuvieron escondidos, ahora han decidido regresar a las lides y aparecen como candidatos en sinfín de organizaciones. A ello se suma el repunte de la presencia del crimen organizado, cuyos recursos financieros, presencia territorial, control social y búsqueda de espacios para escalar en el entramado institucional, son factores apetecibles en momentos electorales.
¿Estará dispuesto el TSE a encarar el tsunami que desde ya se visualiza para los próximos meses? Eso está por verse. Los signos en el ambiente no son alentadores. No olvidemos que, de los resultados de los procesos de este y del próximo año, depende el rumbo de país de los próximos años.
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