Guatemala es un país profundamente corrupto, esto debido al botín que ha significado volverse “servidor público”. Contrario a las funciones que deben cumplir y que han jurado proteger, el sistema se ha reconfigurado con el propósito de servir a intereses personales, dejando de lado las necesidades de la población. Desde puestos que no parecen significativos hasta los más altos niveles de poder, incluso aquellos que deberían velar por la justicia y causas justas han llegado a corromperse.
El Estado necesita una limpieza profunda, para que las malas prácticas dejen de normalizarse. Creyendo en un país diferente, varios ciudadanos tomamos la decisión de creer en la propuesta de Bernardo Arévalo y Karin Herrera, sin embargo, los primeros días de gobierno demostraron que no cumplirían con sus promesas, a lo cual la población de nuevo ha dejado de creer en que los cambios suceder. Un pueblo históricamente saqueado no es capaz de exigir mejores condiciones y se conforma con poco, no por falta de conocimientos, sino por lo que significa ser disruptivo en un país que condena los cambios positivos.
Hace un par de meses leí que la falta de acciones del presidente se debía a su estricto apego a la ley y su profundo respeto a la opinión internacional, lo cual me parece muy acertado, no obstante, la carencia de acciones firmes nos ha encaminado al deterioro total del país. Basado en los últimos acontecimientos, es evidente que la elección del próximo fiscal general no está en manos de aquellos que dicen ser correctos, el gobierno junto a las malas decisiones de la extinta bancada Semilla ha fortalecido la alianza criminal, brindándoles las herramientas suficientes para manipular la justicia o neutralizar cualquier amenaza que se les presente.
Por lo tanto, el exilio de Bernardo Arévalo es inminente, los criminales de cuello blanco no olvidarán que les arrebataron el Poder Ejecutivo, su resentimiento es tan fuerte que a pesar del transcurrir de los años, perseguirán a todos aquellos que se atrevieron a desafiarlos. Después de todo, el mismo Arévalo no ha hecho nada para que las condiciones sean diferentes, teniendo el poder y los recursos suficientes, no ha cesado la persecución contra activistas o el uso tergiversado de la justicia, para criminalizar a ciudadanos que buscan una mejor nación, no debe sorprendernos que una de las acciones de Consuelo Porras frente al Ministerio Público sea desestabilizar al país.
Arévalo al final de cuentas toda su vida ha sido diplomático, no sería extraño vivir fuera de Guatemala, incluso por redes sociales se habla de un exilio académico donde compartirá su intento de combatir el tan famoso “pacto de corruptos”, que no pudo detener pero enfrentó mínimamente. Su ascenso al poder no fue distinto a otros casos, las promesas vacías lloran sangre, las necesidades insatisfechas por siglos se agudizan cada vez más, es difícil tener esperanza en tiempos sombríos, pero como ciudadanos comprometidos no es momento de bajar la guardia.
Juan José Arévalo Bermejo es un ejemplo en la historia de Guatemala, el presidente Bernardo debe tener claro que su papá luchó hasta las últimas consecuencias por ver una patria libre, soberana e independiente. La promesa de recuperar a nuestra nación y al sistema de justicia es un triste recuerdo, el costo de liberar al pueblo de Guatemala es alto, se debe tener la valentía suficiente para afrontar las consecuencias, es menester mencionar que el pueblo jamás incitará a los funcionarios públicos a que violen la ley, sino imploramos a que tengan empatía, justicia, transparencia, integridad, respeto, ética y vocación por el servicio público.
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