En relación a los resultados electorales de primera vuelta en Chile, Marco Enríquez Ominamiulpa a Gabriel Boric, del fracaso de la candidata de izquierda Jaennette Jara pues las derechas se han llevado la mayoría de votos. Ominami que fue candidato presidencial chileno en 2009, 2013, 2017, 2021 y 2025 y fundador del Grupo de Puebla, expresa que la primera vuelta “marca el fin de una época. Cerrándose, de manera abrupta, una página completa de la historia de Chile. La transición democrática iniciada en 1990 había sido pensada como un camino —lento, pero posible— hacia un país más justo. Durante treinta y cinco años intentamos reformar un modelo construido por la dictadura sin lograr nunca quebrar su estructura profundamente injusta. Es el fin del paréntesis democrático.
El colapso histórico de la izquierda y el centro no es un accidente: es un veredicto de nuestro pueblo. Hemos alcanzado nuestro nivel más bajo desde el fin de la dictadura. Nuestras fuerzas políticas fueron los pilares de la transición, pero hoy no tienen base, ni relato, ni capacidad de resistencia. Y me incluyo críticamente en ella… La derecha dura, pinochetista y autoritaria ya consagra así su triunfo… Su victoria no nace de un proyecto nuevo, sino del retorno a la disciplina, al miedo y al orden. La presidencia de Boric tiene una responsabilidad enorme en este derrumbe. Recibió un mandato claro —y una mayoría— para reformar el país. No logró construir un proyecto económico creíble, ni restaurar la autoridad del Estado, ni garantizar la seguridad. Fracasó en reescribir la Constitución, dejando al país sin dirección. Ese vacío político permitió que la derecha dura se adueñara del ciclo”.
Parece que Bernardo nos lleva por el mismo camino y por los mismos defectos de liderazgo de Boric reseñados por Ominami, para desilusión de los demócratas que lo han apoyado. Si bien no hay ningún candidato comunista -que en Chile pudo aglutinar a las derechas- aquí se siente la ausencia de poder en el Palacio Nacional donde hay un vacío sin imaginación, sin propuestas políticas concretas, incluso para luchar contra la corrupción, sin una estrategia aglutinadora para que postulen candidatos honestos en las Comisiones de Postulación en marcha. Es un vacío que sin duda van a aprovechar los oscuros, a menos que Arévalo abandone su parsimonia y acomodaticio estilo de gobernanza y luche en verdad por nuestra democracia y el maltrecho Estado de Derecho.
Según Whola: “En septiembre de 2024, Arévalo ocupó el cuarto lugar entre los presidentes más populares de América Latina, con una aprobación del 54 por ciento. Desde entonces, algunos medios han reportado que su popularidad ha disminuido. Ya no es tan popular, y creo que la gente está frustrada. Muchos están decepcionados, particularmente algunos miembros de organizaciones de la sociedad civil, así como periodistas, ya que esperaban un estilo de liderazgo más audaz. Por ejemplo, Arévalo no utilizó su autoridad para remover a la muy controvertida Fiscal General Consuelo Porras (que constitucionalistas de renombre lo recomendaron). Así que la gente se desilusionó rápidamente porque pensaban que esa debería haber sido la primera decisión que tomara al asumir el cargo en enero 2023…
Otra razón de la frustración es que algunas personas esperaban una narrativa más populista, especialmente en temas de seguridad y corrupción, que son muy populares en la región en este momento. El presidente Bukele de El Salvador, por ejemplo, es muy popular también en Guatemala. Lo que estamos viendo es que las personas están dispuestas a aceptar un liderazgo con tendencias autoritarias en cuestiones de seguridad, algo que no coincide con el estilo de Arévalo”.
Opino que el asunto de la inseguridad es quizás el tema más importante de ahora y es el talón de Aquiles del gobierno de Arévalo: las causas de la reciente renuncia del Ministro de Gobernación aún no se han aclarado del todo y tampoco la fuga de veinte o más reos hiper peligrosos, ni con la presencia del FBI en las investigaciones.
La reciente encuesta de popularidad Arévalo lo pone con una aceptación del 33 por ciento casi al mismo nivel de los potenciales candidatos impresentables a la presidencia. Lo que es muy dañino para su gobierno y Guatemala. “Estamos creando un espacio, un rescate institucional. Y para nosotros, el rescate institucional es la condición sine qua non que nos permitirá generar desarrollo más adelante,” explicó Arévalo a AQ en una entrevista que le hizo José Enrique Arrioja en abril pasado, sorprendido por su relación positiva con la administración de Donald Trump en temas clave como la inmigración y la lucha contra las drogas.
Arrioja señala: “El poderoso segmento del establishment guatemalteco que se resistió a su investidura, que considera a Arévalo una amenaza existencial para su control del poder político y económico, ciertamente no se ha rendido. Desde que asumió el cargo, Arévalo se ha enfrentado a 13 peticiones de destitución y a seis intentos de retirar su inmunidad judicial. Su mayor rival, la fiscal general Consuelo Porras, sancionada por Estados Unidos por corrupción, sigue en el cargo y parece estar dispuesta a actuar ante cualquier indicio de debilidad o irregularidad”. Para un gobierno, tener un bloque minoritario en el Congreso es un desafío, me explicó Arévalo, porque su desempeño depende de la capacidad de establecer las alianzas necesarias para lograr la gobernabilidad”.
Cierto, no ha sido fácil gobernar con esos valladares, pero también la ciudadanía exige que cumpla sus promesas con mayor firmeza, la más importante de su campaña: la lucha contra la corrupción que no se mira por ningún lado, así como enfrentar el problema serio de la inseguridad ciudadana, que considera más importante que la lucha a la corrupción. Mientras la derecha ha presentado documentos que prueban que hay corruptelas en el ministerio de Gobernación, de Desarrollo, de Comunicaciones y Obras Públicas, Arévalo no ha desvanecido esas presuntas pruebas. Debería responder con la verdad y exponer a los responsables sin importar de qué funcionarios se trata y no de apoyarlos, como en el caso de la tienda de “Chocobananos”.
Que sirva el ejemplo de Boric en el resultado de las recientes elecciones que advierte a Arévalo que si no cambia nos lleva al mismo camino y le entregará a la derecha ultra todo el poder.
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