Crucial 18 de junio

Deseo compartir parte de un capítulo de mi novela histórica "Mentiras, fuego y sangre, Arévalo, Árbenz y la Guerra Fría" relativo a la intervención que sufría en Guatemala el 18 de junio de 1954 para recordar el signo trágico de ese año para nuestra sociedad cuando se destruyó nuestra democracia, razón para mantener viva su vigencia en el presente, frente a los depredadores de siempre, entre ellos el embajador estadounidense John Puerifoy,

Fernando González Davison

junio 19, 2025 - Actualizado junio 18, 2025
Fernando González Davison

John Peurifoy esta noche le dijo al personal de la embajada: «Bien, muchachos, mañana a esta hora tendremos una fiesta» pues la invasión contra Árbenz  está en marcha y trabajan por acabar con el régimen arbencista. Al amanecer los titulares de prensa  y los primeros reportes de la radio comentaron sobre ataques aéreos y movimientos de tropas “liberacionistas”. Peurifoy ese día dictó más de diez informes para detallar la situación local a cada hora. Pasado mediodía escribió que en la capital no se sabía si la invasión era cierta o no. La radiodifusora «Voz de la Liberación» transmitía repetidos boletines anunciando que Castillo Armas avanzaba mientras el gobierno dijo que lo había detenido, la gente sin saber a quién creer. Árbenz recibió manifestaciones de apoyo de los cuatro partidos oficiales, tres de centro izquierda y el pequeño PGT. Él buscó también el apoyo de los sindicatos en lugar de ser espontánea su solidaridad.

El silencio del alba lo interrumpió el ronquido del motor de un DC-3 que lanzó sobre la capital miles de volantes que decían: “El pueblo pide a los militares que depongan al rojo”. “¡Qué Árbenz renuncie! De lo contrario continuarán los bombardeos con más fuerza y sobre el Palacio Nacional”.

Entró Weyman al comedor de Casa Presidencial con volantes y le dijo a la pareja Árbenz que los mercenarios cruzaron el puesto fronterizo La Florida y avanzan con el estandarte «Dios, Patria y Libertad» en tierra nacional. Los dos primos caminaron al Salón de Guerra y deliberaron con Díaz y el Estado Mayor la situación. Jacobo le pidió a su ministro de Educación el cierre de las escuelas en la frontera con Honduras y El Salvador y que los comisionados militares allí rastrearan al enemigo sin atacarlo aún. Por la tarde cundió el pánico por el zumbido de dos aviones P-47 que bajaron en picada y dispararon sus ametralladoras sobre la Guardia de Honor dejando caer sus bombas que explotaron en una de las esquinas. Otro ametralló el Palacio Nacional para alarma de los ministros y del presidente mientras la gente en las calles corrió a protegerse en los comercios, en tanto los carros y buses se detuvieron o bien aceleraron para huir, y los que estaban en las oficinas o casas se escondieron bajo los muebles para cuidarse de las bombas.

Bianchi de inmediato le inyectó un opioide al presidente para quitarle el estrés, pues ya no aguantaba el dolor de espalda producido por esos ataques aéreos. “¡Esta es una guerra jodida pero también es una guerra de mentiras para que la gente me deje solo!”, le dijo a su médico.

Puerifoy envió su reporte a Washington, aunque luego tuvo que rectificar porque los hombres de Hobbing se equivocaron:  no hubo ningún levantamiento militar en Zacapa, Quetzaltenango y Puerto Barrios como él lo había escrito con sus falsos informes. Puerifoy minutos después fue convocado por Willy de urgencia y en el término de la distancia se presentó ante él en el Palacio Nacional pasadas las siete de la noche. El canciller lo recibió flanqueado por el embajador francés y el encargado de negocios británico para tenerlos de testigos y le dijo a Puerifoy que no le hablaría de los millones de compensación que exigía la UFCo por las tierras expropiadas sino de los alarmantes ataques aéreos. “¡Es una infamia que se haya ametrallado este palacio hoy en la tarde por dos aviones estadounidenses!”. “Yo no vi que ametrallaran el Palacio», replicó Puerifoy con marcada hipocresía ante la mirada cáustica de los dos embajadores llenos de incredulidad ante tal mentira. Toriello condenó estos ataques alevosos y, enterados de esa protesta, los despidió con un sabor amargo en la lengua. “¿Quién puede parar la invasión infame?”, exclamó Willy impotente a su secretaria mientras caminó al corredor para calmarse al oír el chorro de agua de la fuente que daba a la entrada de su oficina. Se detuvo y contempló los muros y columnas verdes del vestíbulo iluminado por grandes lámparas de luz amarilla.

Jacobo habló por la radio a la nación y aseguró que en el exterior “se me acusa del crimen de haber afectado los intereses de la United Fruit, de querer nuestra propia ruta al Atlántico, de generar nuestra propia electricidad, de tener muelles y puertos propios. Nuestro crimen es querer alcanzar nuestra independencia económica… Jamás hemos impuesto el terror, pero en cambio si lo han extendido los amigos de los Dulles con sus aviones”.

 Jacobo ordenó el apagón nocturno en la capital por tiempo indefinido de las siete de la noche a las seis de la mañana hasta nueva orden por temor a otros bombardeos y así lo comunicó por la radio, pidiendo también la comprensión de las familias por el toque de queda nocturno. Un avión planeó a medianoche y fue recibido por el fuego de las ametralladoras dispuestas en el Palacio y Casa Presidencial y escapó. Muy de mañana otro P-47 ametralló el aeropuerto internacional y destruyó dos naves y nueve personas murieron mientras fueron bombardeados dos depósitos de combustible en Puerto de San José y Puerto Barrios, también los cuarteles de Flores y Jutiapa, dando una sensación de desamparo entre los militares a pesar que el daño era más sicológico que material, aunque también lo era. Así, el presidente prohibió los vuelos en todos los aeropuertos y mantuvo esa decisión a pesar que Puerifoy por teléfono protestó porque eso impedía a sus connacionales la libertad de movimiento.

Tras dos días de ataques aéreos y la invasión fronteriza en marcha, el Soldado del Pueblo lanzó por radio un discurso que fue interrumpido por una ola de estática lanzada por Hobbing desde la misma embajada estadounidense. Pero se pudo escuchar con claridad que «El architraidor Castillo Armas conduce una fuerza expedicionaria heterogénea de la Fruit Company contra el país, un bufón, un mequetrefe, un resentido, un terrorista, un subversivo al servicio de intereses extranjeros. Ningún pueblo ha sido vencido cuando se une con decisión y coraje y presenta solo el pecho al enemigo”.

Radio Liberación aseguraba que la victoria era de sus tropas y que el presidente Árbenz estaba por renunciar porque no tenía ya dinero para pagar a los empleados del gobierno. “Otra mentira poderosa”, dijo Eduardo y Jacobo le preguntó “¿Cómo podríamos detener esa maldita propaganda?”. “Pues, te han lanzado un huracán de falsedades los malditos Dulles, Zemurray, Bump, Ike, Tacho, Trujillo… y la CIA soborna a casi todos los periódicos de la región para dar “sus” noticias y la prensa local repite y no publica nada sobre la huelga de los trabajadores de La Frutera en Honduras que te dan su apoyo, pero sí saca fotos de la condecoración que le dio Franco al mismo Trujillo en Madrid”.

Jacobo llamó por radio a los oficiales insubordinados y les planteó que él mismo llegaría al cuartel de Jutiapa si se negaban a atacar al architraidor Castillo Armas. “Descuide, presidente, si nos atacan, echaremos plomo”, le respondió el jefe luego de recapacitar. De igual manera respondieron el coronel Víctor de León y el mayor Edmundo Llerena del cuartel de Zacapa. Llerena comentó que un tal Juan Ibargüen, conectado con José Torón, el locutor de Radio Liberación, buscaba en las calles voluntarios para que se unieran al Ejército de la Liberación y la policía lo dejaba hacer sin apresarlo como era su obligación.

Varios ministros comenzaron a comprar pasajes aéreos para volar al exterior con sus familiares, según le dijo Charnaud al presidente, pero le aseguró que la policía era fiel y que Juan Ibarguen ya tenía orden de captura. Agregó que el coronel Rogelio Cruz Wer y el capitán Jaime Rosenberg, a cargo de la Guardia Civil, van a detener a todos los opositores. “Pero la verdad, Jacobo, es que el pánico que generó Radio Liberación ha calado y todos se zurran del miedo”.

Willy se quejó con Jacobo que Rosenberg había torturado a varios detenidos y al oírlo se le sonrojaron las mejillas de la cólera: “Eso no lo voy a tolerar, Willy” y llamó de inmediato a Charnaud, quien llegó a su despacho en pocos minutos. Ante la perorata, calmado, se justificó al replicar que la circunstancia lo amerita, “pues se ha llegado al punto en que el sindicalista Castillo Flores nos pide armas para sus grupos campesinos de oriente decididos a luchar contra los mercenarios y no hemos resuelto nada al respecto, Jacobo”, concluyó. Willy le advirtió a Charnaud que ya no hablara más de ese asunto, porque el gobierno camina sobre una fina capa de hielo de la Guerra Fría y se miran muchos escollos adelante y no todos se podrán evitar”.          

Horas después, Morazán lo puso al tanto que Charnaud y el jefe de la Guardia Civil fueron contactados por la CIA sin estar claro de qué hablaron. María Cristina, al lado de su esposo, no lo podía creer. “¿Un infundio de los militares aranistas?” “Es lo más seguro, Maru, pues quieren trastornarme más. Además, han corrido el rumor que me eres infiel con un italiano o un cubano, que sé yo, ¡te puedes imaginar hasta dónde pueden llegar sus mentiras con tal de alterarme!” Sonó el teléfono y la secretaria le pasó el auricular al presidente porque Arévalo quería hablarle. Muy optimista le detalló que Uruguay era un país solidario y festejó que Guatemala no se doblegó ante los hermanos Dulles. El expresidente uruguayo Batlle y los congresistas de izquierda se solidarizan con la revolución chapina. De nada le sirvió a la CIA pagar a los diarios locales para que dijeran que Arévalo era un emisario del Kremlin y que Árbenz era la quinta columna de Moscú en el continente. “Los uruguayos han creado el Movimiento de Defensa de Guatemala, pero la prensa de derechas allá alaba a Figueres porque negocia con la UFCo en lugar de nacionalizar sus tierras. Los uruguayos no quieren que se sacrifique la democracia en Guatemala en el altar de los millonarios del mundo…».

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