Memorias y anécdotas: Mis oficios como revistero y editor

Cuando desapareció Rin 78,  con algunos de sus ex miembros fundamos la editorial Palo de Hormigo, bajo la figura de una sociedad de responsabilidad limitada.

Max Araujo

julio 6, 2025 - Actualizado julio 5, 2025

Siguiendo la lógica de mi vida, por mi nacimiento en un área rural del país, tendría que haber sido campesino. Mis familiares lo eran, pero como al emigrar a la ciudad de Guatemala mi padre fue transportista pude haberlo sido, como lo fue mi único hermano varón, ya fallecido, o sólo abogado y notario, porque esos fueron los títulos profesionales que obtuve. Pero no, a fines de mi carrera de la licenciatura en Derecho, sentí la vocación para dedicarme también a las letras. En eso influyó, quizás, que cuando  iniciaba mis estudios en Ciencias Jurídicas, en el último  año de la década del sesenta, por un azar del destino, hice teatro con el grupo experimental de la Facultad de Derecho de la USAC. Fue una manera de vencer mi timidez y mi inseguridad, como ya lo conté antes. Por ese entonces tuve mi primer amigo escritor, Rafael Zea Ruano, quien me dio clases en los comienzos de esa carrera universitaria, aunque cuando cursé mi secundaria, conocí al Padre Hugo Estrada, también escritor, quién fue mi profesor de literatura. Él y su revista escolar Ecos del Don Bosco, en la que publicaron sus primeras narraciones Dante Liano, Fernando González Davison, Franz Galich y Arturo Monterroso, entre otros escritores.  Fueron indudablemente de las semillas que cayeron en campo fértil, sin dejar el hecho que comencé, sin saber por qué, a leer libros de literatura al inicio de mi juventud, y que mi abuelo paterno, cuando pasaba vacaciones escolares en su casa, de nuestra aldea de origen, La Ciénega, San Raimundo, me narraba cuentos de la tradición oral como los de Tío Conejo y Tío Coyote, y las historias de Pedro Urdemales. De niños escuchábamos con mi hermano las radionovelas de las que mi mamá era aficionada. Mi imaginación se llenó pues, desde mis primeros años  de vida, de historias y leyendas.

Mi oficio como revistero

 En enero de 1977, tres meses después de mi graduación como Abogado y Notario, ingresé a la Universidad Rafael Landívar a estudiar Filosofía y Letras. Ahí conocí a personas que tenían inquietudes similares a las mías.  Por influencia y decisión del Padre Antonio Gallo, resulté siendo el primer administrador, de 1980 a 1983, de la revista Cultura de Guatemala, de la mencionada universidad. Por aquellos años “cometí” mis únicos poemas, los que se convirtieron en mi primer libro, y en el primero de Rin 78. A esos poemas le siguieron la colección de cuentos, que, de tres en tres, por la benevolencia de Ramón Zelada Carrillo, mi alumno del Bufete Popular de la Universidad Mariano Gálvez, aparecieron en el diario El Imparcial, bajo el título de Mini cuentos. Posteriormente los incorporé al libro Cuentos- Fábulas y Antifábulas, que publiqué en 1980. Fue una edición de autor.

Después de mi participación en Cultura me tocó jugar un papel protagónico en la creación y dirección de Abrapalabra, órgano literario de la misma Universidad Rafael Landívar, María Arranz, su primera directora, escribió en una de las publicaciones, en el número nueve, un artículo sobre cómo y cuál fue mi aportación. A esa revista le siguió mi experiencia fallida, desde el punto de vista económico, de los primeros dos números de Pedernal, revista de la Comunidad de Escritores, que iniciamos con el poeta Francisco Morales Santos. En la labor de hacer revistas me tocó participar en la creación y en el consejo editorial de la revista Encuentro del Instituto Guatemalteco de Cultura Hispánica y en la creación de los Cuadernos de la Verbena (años ochenta) En cuanto a estos, en un principio, tuvimos la intención con Víctor Muñoz y Marco Vinicio Mejía, que fuera una revista de cuentos. Al final nos quedamos con una sencilla publicación que alcanzó diez números. A la aventura se sumó Juan Antonio Canel, quien se encargó de algunas de estas publicaciones. Posteriormente, en los años noventa, estuve en el inicio y en el Consejo Editorial de la revista “Profesional” de la Asociación de Derecho Notarial de Guatemala, de la que fui también columnista. A principios del dos mil creamos en el Ministerio de Cultura y Deportes la revista Identidad. A esa revista le siguieron en la misma dependencia las revistas Patrimonio Cultural Centroamericano y “Arqueología Guatemalteca”. Publicaciones de las que fui uno de sus directores, junto a Rodolfo Bolaños. Participé, además, en la creación del suplemento Vida del diario El Gráfico, en el que tuve una columna, denominada Raíces. Sus textos dieron origen al libro De la escultura colonial a la crítica literaria, que publiqué posteriormente. Tuve por esas épocas colaboraciones y columnas en diversos medios de comunicación escritos, entre estos El ojo de Max Araujo, al inicio en El Imparcial y posteriormente en La Hora.  En cuanto a revistas internacionales sigo siendo miembro del consejo editorial de la revista Istmo, que se publica en Costa Rica, y lo fui de Vericuetos (Chemins Scabreux) que se publica en Francia, en forma bilingüe, francés-español. Ambas dedicadas a la literatura.

En la actualidad, de vez en cuando, publico textos en revistas como la de la APG, y de otras que me lo solicitan, generalmente de temas de cultura y especialmente del Derecho de la Cultura como disciplina jurídica, de la que tengo siete libros publicados, todos relacionados con la legislación cultural de Guatemala.

Editor por casualidad

A fines del año 1997 propuse a varios de mis compañeros de estudio de la carrera de Filosofía y Letras de la Universidad Rafael Landívar la creación de un grupo para publicar libros. Una especie de “cuchubal” en la que entre todos financiaríamos las obras. Se publicarían por turnos. La idea fue aceptada. En textos anteriores he contado como y cuando surgió Rin 78, nombre que le pusimos a dicho grupo.  Dante Liano lo narra en un texto para  un diario y que  posteriormente se incluyó en el libro Desandando huellas. Apuntes, entrevistas y documentos para el estudio de la literatura guatemalteca del siglo veinte, que se publicó con el sello Palo de Hormigo, en 2000. Esta obra la dediqué a Mario Monteforte Toledo. El caso es que se me eligió coordinador de dicho grupo. Entre mis funciones estuvo el de hacerme cargo de la publicación de los libros respectivos, cuyas ediciones pagamos entre los miembros.

Cuando desapareció Rin 78,  con algunos de sus ex miembros fundamos la editorial Palo de Hormigo, bajo la figura de una sociedad de responsabilidad limitada. En sus inicios la dirigió Juan Fernando Cifuentes, y a su muerte, su hijo Ulises. El árbol de pájaros que identifica a esta empresa  fue un regalo de Luis Alfredo Arango. Él no solo fue poeta y escritor sino también un excelente acuarelista. El nombre de la editorial se puso a propuesta mía. Paco Morales Santos lo sugirió.

Con el gusanito de la edición en el cuerpo inicié mi propia editorial, informal, Nueva Narrativa. Con este sello he publicado libros de mi autoría y de otros escritores. El logo que lo identifica también fue un regalo de Luis Alfredo Arango. Ha sido una labor modesta, lenta, irregular, de 41 años, por lo que he publicado hasta hoy las siguientes obras: Por orden de aparición y en distintos años: Por el ojo de la cerradura (Hugo Estrada), Instructivo breve para matar al perro (Víctor Muñoz), “49 Centavos de felicidad” (María del Carmen Escobar), Vida de un pueblo muerto (William Lemus) Puros cuentos los de mi abuelo y otros cuentos (Max Araujo), Cuentos, Fábulas y Antifábulas. (Max Araujo. 2da. Edición).

También humor e ironía en el Microrrelato guatemalteco contemporáneo (Francisca Noguerol Jiménez). Got Seif De Cuin (David Nicolás Ruiz Puga), Ajusticiado (Roberto Oliva), Dátiles para el camino. (Víctor Pabsch), Voces de la Memoria, (Ramón Adán Sturtze), Días de contar. (Max Araujo), Las utopías aún son posibles: Joseph Wresinki: Una Solución para América Latina (Max Araujo), Perfume del Universo. (Rafael Ruiloba), De balas, de bolos y de bolas. Narraciones propias y ajenas. (Max Araujo), Derecho de autor y derechos conexos (Max Araujo), Apuntes para el estudio de una parte de la narrativa de los años setenta y ochenta, de algunos escritores guatemaltecos (Max Araujo), La vida es hermosa para quien la construye hermosa II Tomo de memorias y anécdotas (Max Araujo), Derecho de la Cultura, la especialidad jurídica poco conocida. (Max Araujo).

En la serie de otras publicaciones de la mencionada editorial están las siguientes obras: Para la colección de Cuadernos de la Verbena. El Samurái – (Eduardo Villagrán),” En cerquita del Cielo (Max Araujo) y Puros cuentos de los de mi abuelo (Max Araujo), así como las revistas Pedernal 1 y 2 de la Comunidad de Escritores de Guatemala.

Aclaro que algunas de las obras de autores, distintos a mi persona, en algunos casos, sus publicaciones han sido pagadas por ellos. Mi trabajo ha sido la edición.

Como editor coordiné también las ediciones de la Asociación Módulos de Esperanza, y algunas del Movimiento Cuarto Mundo de Guatemala. En 1990 fui integrante del Consejo de Editorial Cultura. Entre los libros que sugerimos se encuentra El animalero, con el que Humberto Ak’abal inició su carrera literaria.  Fui miembro, también, del Consejo Editorial de la Tipografía Nacional, cuando la dirigió Luis Marroquín, uno de los hijos de Oscar Clemente Marroquín, propietario del periódico La Hora, en la primera década de este siglo.

En el inventario de mi vida, me sorprendo de todo lo que me ha tocado hacer en el mundo de la literatura, en campos distintos al de ser autor de libros. En ese sentido he sido autodidacta, y casi todo lo he hecho en forma ad honorem. Me sucedió con las columnas que tuve en medios de comunicación social y en los comités para la organización de certámenes como el Premio Guatemalteco de Novela y el Certamen de Cuentos Carlos F. Novella.  Mi obra literaria ha aparecido en antologías y en suplementos culturales, de Guatemala y en otros países. Las satisfacciones son muchas, por eso afirmo que mi vida ha sido plena, sin embargo con mi reencuentro con el catolicismo veo la vida de otra manera. Me río de mis afanes de juventud. No todo lo que brilla es oro. Muchos éxitos no tienen la importancia que les damos en su momento.

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