Con más de trescientos trabajos publicados en libros, ensayos y recopilaciones, el historiador del Arte Fernando Urquizú, a quien se dedicó la quinta edición de las Jornadas Académicas de la Semana Santa guatemalteca, ha alimentado el acervo documental del país en temas como la Cuaresma, la música procesional y el trabajo de las mujeres guatemaltecas en el arte.
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… un experto que quiera mantener una verdadera comunicación con el público, y, obtener de él el reconocimiento de su capacidad cognoscitiva, tiene que darle un uso crítico a su razón.
Para poder llevar a cabo las deportaciones masivas de personas sin debido proceso, EE.UU. está desempolvando una ley del siglo XVIII conocida como el Alien Enemies Act, o las Leyes Sobre Extranjería y Sedición de 1798.
Javier Claure nos señala de manera harto elocuente que la poesía no es solamente un lugar donde plasmar lo bello mediante los elementos propios del género, sino también una oportunidad perfecta para denunciar las atrocidades que, por desgracia siguen sucediendo, una mezcla de resistencia ante las injusticias y de añoranza nostálgica.
Leyendo a Arango se aprende a querer a la patria, con todo el dolor del mundo.
Gosh aborda las formas en que los pueblos racializados, las mujeres y las clases explotadas, se apegan a una filosofía vitalista que considera la cooperación y le empatía como condiciones naturales de la humanidad que siempre afloran.
La literatura, para sobrevivir, tiene que estar recreándose. La literatura se alimenta de literatura y en ese auto parasitismo creativo circulan los textos por caminos interminables. Escribir será entonces siempre reescribir. Como un aguacero interminable. Agua y cero o lo contrario: cero aguas.
El encuentro literario contó con la participación de escritores, editores e intelectuales que además de exaltar la importancia de la literatura y la lectura, brindaron tributo al escritor, periodista y docente.
Más que una semblanza del sacerdote misionero que fue asesinado en Sololá en 1981, este libro habla de las realidades históricas, sociales y religiosas que encontró, y cómo durante su misión y luego de su muerte su ejemplo trascendió e inspiró al autor de este libro.
La cueva sin quietud fue una de las obras más queridas y acariciadas de Monteforte Toledo, con grabados de sus amigos artistas, quienes se marcharon en esos días a París buscando la veleidosa fama: Arturo Martínez, Jacobo Rodríguez Padilla y Adalberto de León.










