Provocatio: Si el Estado no nos protege…

No pretendo argüir que, con las renuncias y/o destituciones se resuelva el problema de redes criminales, pero no hacerlo desde un inicio, fue una muestra sine qua non de la falta de voluntad política para entrarle a lo estructural. Lo sucedido señala a varios responsables desde el más alto nivel. Es muy difícil creer que todo el entramado administrativo, técnico, estratégico y político, no supiera de esta estratagema, desde el presidente de la República, pasando por el ministro de Gobernación y los cuadros de varias estructuras civiles y militares.

José Alfredo Calderón E.

octubre 17, 2025 - Actualizado octubre 16, 2025
José Alfredo Calderón E.

La unión de los individuos a través del contrato social crea un «cuerpo moral» o un «Estado», nos dice Rousseau. Su teoría dicta que las personas conviven en sociedad, siguiendo un pacto que establece las reglas del comportamiento moral y político. Se renuncia a ciertos derechos individuales en virtud que el Estado se encargará de la protección de los ciudadanos y la impartición de justicia.

Así mismo, el psicólogo Abraham Maslow destacó hace años, la importancia de la seguridad en su famosa pirámide. Dentro de las necesidades fisiológicas básicas, la sitúa en el segundo rango de las cinco. Este nivel comprende la aspiración de sentirse seguro y protegido, lo que abarca el área física (un entorno sin peligros), financiera (empleo y estabilidad económica) y emocional (relaciones estables y apoyo). Para Maslow, es crucial satisfacer las necesidades básicas de esta pirámide, para después, centrarse en los niveles superiores como las sociales, de estima y autorrealización. 

Con base a lo anterior, se puede entender la importancia que tiene el concepto amplio de seguridad, por lo que siempre aparece en las encuestas y mediciones de percepción ciudadana. Si bien el primer lugar lo ocupan los temas económicos, cuando se repregunta, todos coinciden que, sin seguridad, lo demás queda relegado: educación, salud, vivienda, trabajo, etc.

Quizá la argumentación anterior pueda llamar la atención de las autoridades sobre la gravedad de los hechos que se suscitaron recientemente con la “fuga” de 20 pandilleros del Barrio 18, lo que apesta a una componenda o pacto, porque sin esto, no habría sido posible. Lo delicado del caso aumenta, cuando se sabe que la supuesta huida se dio dos meses antes de que las autoridades admitieran públicamente la situación y la anunciaran a los medios. Pero el asunto no queda allí, ahora surge un fuerte rumor sobre el supuesto escape de 23 Salvatruchas, la pandilla rival del Barrio 18. También se informa de un reo, requerido para extradición, que salió del penal con permiso de las autoridades con el pretexto de asistir a una cita médica, pero después aparece el reo celebrando los 15 años de su hija en imágenes que subieron a redes sociales.

Al ver el drástico y repentino descenso de los homicidios por arma de fuego en septiembre de este año, quienes tenemos experiencia en la temática de seguridad ciudadana, pronto advertimos que muy posiblemente se debía a un pacto con estas clicas; sin embargo, no había salido a luz todo este alud de opacidad. Preguntas van y vienen, pero las respuestas de las autoridades y el silencio presidencial, nos dejó atónitos. Sin duda hay mucho más de lo que se sabe y, para variar, el ministro de Gobernación pretendió salir en caballo blanco destituyendo a funcionarios menores.

No pretendo argüir que, con las renuncias y/o destituciones se resuelva el problema de redes criminales, pero no hacerlo desde un inicio, fue una muestra sine qua non de la falta de voluntad política para entrarle a lo estructural. Lo sucedido señala a varios responsables desde el más alto nivel. Es muy difícil de creer que todo el entramado administrativo, técnico, estratégico y político no supiera de esta estratagema, desde el presidente de la República, pasado por el ministro de Gobernación y los cuadros de varias estructuras civiles y militares.

Hasta el momento, podemos inferir varias cosas:

  • La fuga se facilitó desde adentro y, para ello, se contó con la colaboración y/o contubernio de decenas de funcionarios y empleados del sistema penitenciario y otras instancias.
  • Callar dos meses la huida, no solo es irresponsabilidad, negligencia, descuido e ineficiencia; sino la comisión de un delito gravísimo, cuando no involucramiento criminal al más alto nivel. Es obvio que hay cuestiones mayores que todavía no sabemos y que seguirán saliendo a luz.
  • En cualquier país que se precie de decente, la salida del ministro y sus principales allegados, debió darse por default, pero claro, la defensa oficiosa de quien lo puso en el cargo, se dio una vez más, aunque después de esta grave crisis, tuvo que “aceptarle la renuncia” que el pueblo pidió insistentemente.  
  • Las justificaciones no son válidas y la credibilidad del MINGOB, ahora es cero. Otro tanto pasa con el presidente que se va de viaje cuando el país se cae a pedazos (literalmente) y la población no le mereció ni siquiera un tuit, aunque sea para salir del paso.
  • Antes de estos hechos, la erosión del gobierno era mayúscula y, ahora, su capacidad de gobernabilidad se ve aún más reducida. ¡Y pensar que solo llevan un año y 9 meses de su período!
  • La implosión interna de lo que fue Semilla, enfrascados en una pugna con el ala disidente (Raíces) termina de abonar para el caos, cuando ni siquiera han llegado a la mitad del mandato que se les dio en las urnas.
  • La conferencia de prensa del presidente el miércoles 15 de octubre, fue tardía e insulsa. Sin explicaciones de fondo, justificándose con que todo es obra de sus enemigos mafiosos y dando a conocer una noticia que ya todos sabíamos: la salida de Jiménez.

Abstenerse de censurar estos actos, es complicidad ciudadana. Ya no sirven las manidas acusaciones en torno a que, si alguien los critica, es un “golpista”, o un miembro del pacto de corruptos, enemigo de la democracia y otras sandeces similares que hemos tenido que soportar.

Si el Estado no nos protege… ¿Qué queda? ¿La ley de la selva?

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