Hay un libro que sobrevuela sobre dos autores nacionales que vamos a mencionar y que se destacaron en FILGUA, y es “Por qué fracasan las naciones”* de Daron Ecemoglu y James A. Robinson, un libro clave sobre el cual se han expresado célebres autores de distintas orientaciones por su importancia: «Para quienes piensan que el destino económico de un país está predeterminado por la situación geográfica o el legado cultural, Daron Acemoglu y Jim Robinson tienen malas noticias. Son las instituciones artificiales, y no la naturaleza del terreno ni la fe de nuestros antepasados, lo que determina que un país sea rico o pobre. Con una síntesis brillante del trabajo de teóricos de todos los tiempos, desde Adam Smith a Douglass North, además de una investigación empírica de la actualidad más reciente por parte de historiadores económicos, Acemoglu y Robinson han escrito un libro convincente e interesante a partes iguales». Niall Ferguson, autor de El triunfo del dinero dice: «Acemoglu y Robinson, dos de los máximos expertos mundiales en desarrollo, revelan que ni la situación geográfica, ni las enfermedades, ni la cultura explican por qué algunos países son ricos y otros pobres. La riqueza o la pobreza dependen de las instituciones y la política. Esta obra aporta una visión esclarecedora tanto para los especialistas como para el público en general». Acemoglu* dice: “El mundo está en medio de una crisis generalizada. La brecha entre ricos y pobres se ha ampliado en la mayoría de los países. Según Freedom House, «más países han perdido la libertad de los que la han ganado cada año durante los últimos 17 años”. En su libro Acemoglu contrasta Colombia y Guatemala como ejemplos de sociedades extractivas con estados que están al servicio de una minoría y con instituciones fallidas.
Los dos autores nacionales que tienen detrás “Por qué fracasan las naciones” y que más llamaron la atención del público en la reciente FILGUA es el del coronel Edgar Rubio, quien de nuevo desnudó a la jerarquía castrense desde los años noventa hasta el gobierno de Alejandro Giammatei en su obra “Guatemala: Narcoestado y oligarquía”, editada recién por F&G Editores. Y también los textos de la socióloga Marta Elena Casaús, entre ellos el más conocido «Linaje y racismo», quien fue homenajeada por FILGUA, por haber retratado los enlaces y la perpetuación de las familias que han venido gobernando el país. Ella considera a esa élite racista, desde la colonia hasta la fecha ahora es inculta e ignorante: ya no lee y carece de intelectuales, que los tuvo como Fernando Andrade Díaz-Durán o Manuel Ayau (o como «Tuna» Skinner-Klee y los hermanos Arenales Catalán desde 1954 hasta 1979, como expongo en mi libro que menciono a continuación). Y ya no entiende en qué país se encuentra, por lo que está a punto de perder mucho poder. En mi libro “Mentiras, fuego y sangre, Arévalo, Árbenz y la Guerra Fría”, publicado también por F&G Editores este año y que estuvo en Filgua, se ofrecen los elementos históricos e internacionales para entender dichos textos para entender cómo se han movido la jerarquía del ejército y la oligarquía como un tándem junto con la CIA, formando el «bloque en el poder» como lo dijo Richard Adams en “Crucifixion by power” ya hace medio siglo, pero el mismo ahora el mismo se ha resquebrajado.
Rubio nos lleva de nuevo por los entresijos de nuestra ineficiente y corrupta institución armada de las últimas décadas mostrarnos las corruptelas en particular las que se dan en el Instituto de Previsión Militar, que ha sido saqueado por una camarilla de militares mafiosos. O en la industria militar local. También nos ofrece los nombres de los generales innombrables que han dirigido La Cofradía y El Sindicato, y que han gobernado detrás de bambalinas los gobiernos de Ramiro de León, Arzú, Portillo, Colom, Pérez Molina, Jimmy Morales y Alejandro Giammattei, y las modalidades en que han envuelto a los presidentes indicados para que hagan su voluntad y corruptelas y ligas con el narcotráfico. Entre ellos, los generales Ortega Menaldo, Pérez Molina, Bustamante Figueroa y su primo ahora quienes, además de estar en negocios turbios, realizaban labores de espionaje. Bustamante dejó en su lugar a su pariente el mismo apellido, como rector de facto del ejército, es el general. Rubio expresa que entre sus tareas están enemistar al presidente con sus amigos y los difaman para poder tenerlo bajo su control, o al punto de asesinar a los militares que han divulgado sus delitos financieros.
Rubio se queja y cuestiona por qué solo oficiales del ejército y algunos guerrilleros han sido acusados por violar los derechos humanos durante las décadas que duró el conflicto armado o la guerra civil, pues tanto la Comisión de Esclarecimiento Histórico como el Rehmi dejaron de lado a las personas de la oligarquía, las cuales también deberían ser procesadas por haber participado en esos delitos de lesa humanidad. Por ejemplo, están los apellidos de los dueños de Cemento Progreso, entre otros. Además, también deberían ser procesados los agentes de la CIA involucrados en tales violaciones, dice, expresando que este ente ha sido responsable del debilitamiento de nuestro Estado democrático, y quizás la DEA también. Rubio hace acopio de los artículos publicados en elPeriódico.
Como sustrato de la entrevista hecha por “TanGente Podcast” a Marta Elena es que ella tildó de racista a la clase dominante local, como lo ha sido desde la conquista, pero con el agregado que ahora carece de intelectuales a la altura de Fernando Andrade Díaz-Durán o bien Manuel “Muso” Ayau, ya que ahora sus integrantes confían más en los “expertos” estadounidenses que solo velan por los intereses pecuniarios de sus empresas pero que no entienden un ápice la realidad social y política de Guatemala. Así, la oligarquía no tiene otro horizonte que mantener sus ganancias, en medio de una cada vez más poderosa clase emergente ligada a la corrupción y al narcotráfico, que es un pulpo (peor que la United Fruit Company que hizo todo lo posible por derrocar a Juan José Arévalo y a Jacobo Arbenz hasta que lo logró con la presión de la CIA y los dictadores del Caribe). Ahora el pulpo es el narcotráfico y sus socios que tienen agarrado el sistema económico e institucional de nuestro país en todos los niveles y sectores. Este hecho nos ha llevado al fracaso como nación democrática, para parafrasear a Acemoglu.
Le envié la entrevista de marras de Marta Elena a un buen amigo de la oligarquía de la tercera edad como yo y, luego de verla, no reaccionó con enojo como yo temía: me dijo que ella estaba en lo correcto. «La clase dominante no lee pero menos los jóvenes», agregó, y me dijo: «ellos son los que van a heredar sus vastas propiedades sin el menor esfuerzo: en lugar de lecturas tienen a tick tock y sus “influencers”, a los que escuchan por sus celulares». Ese es su marco de “lectura”. Pero son de un nivel tan primario esos influencers que es el colmo de la responsabilidad familiar que esas personas sean sus «tutores» porque no van a tener ideas del rol de la oligarquía en un contexto donde cada vez el peso de los pueblos originarios va en aumento y cuyos intelectuales van a tener que confrontar al narcoestado con el apoyo de las mayorías. Con todo, estos futuros herederos de grandes empresas de la oligarquía se creen superiores por la simple genética del racismo que han escuchado en sus hogares: discriminan al oprimido y explotado por el color marrón de su piel. ¿Solo los pueblos originarios podrán enfrentar con su peso a los narcopolíticos? Estos van a comerse los bienes de la oligarquía y también la economía nacional vía el Estado (como pretendió el gobierno de Portillo) en lo económico, pues esos jóvenes hijos de la oligarquía andan en su ignorancia más perdidos que nunca.
De ahí el clamor, más bien el manifiesto de Edgar Rubio en su libro, que clama por un movimiento nacionalista que incluya a los militares íntegros y demás personas honestas de las diferentes etnias para que, unidos todos impulsemos el cambio, para que el Estado cumpla con su cometido en favor del bien común y no de esa clase política que ha venido esquilmando al pueblo, como lo hacen los sindicatos del Estado, que forman parte de este sistema nauseabundo que nos manipula. Es imprescindible que terminen los privilegios de los que goza esa clase venal, para dar cause a una democracia nacionalista honesta, con el concurso de los guatemaltecos que quieren extirpar ese clase venenosa, al igual que a esa oligarquía parasitaria y extractiva, según términos de Asemoglu, ganador del Premio Nobel de Economía, que solo violentan el futuro de los guatemaltecos.
**Entrevista a Fernando González Davison por TanGente/Podcast
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