Ya hay papa americano.
Bueno, americano fue también su antecesor, Francisco, pero nuestros amigos del norte no saben identificar dónde está Norteamérica, Centroamérica o Sudamérica.
¡Todo es lo mismo!, dicen los gringos.
Prevost, un estadounidense que ha vivido el evangelio en las calles polvorientas de Chiclayo, Perú, y que ahora se sienta en el trono de San Pedro, representa una amalgama de culturas, idiomas y experiencias que desafían las convenciones. Este no es solo el primer estadounidense —luego de polémicos extranjeros—; es también el primer papa con doble nacionalidad, estadounidense y peruana. Su elección, tras solo tres votaciones en el cónclave —una pena que este no estuvo interpretado por Tucci o por Lithgow—, sugiere un consenso inusual en tiempos de polarización.
¿Qué significa realmente su ascenso para la Iglesia y el mundo?
Agustino de formación, Prevost ha sido descrito como un hombre de profunda espiritualidad y compromiso con los pobres. En su primer discurso como papa, habló en español, dirigiéndose directamente a su antigua diócesis de Chiclayo, un gesto que no pasó desapercibido. Y no habló en inglés, ojo con eso. Gran desprecio para los «americanos».
Su elección no está exenta de controversias. ¿Qué no lo está? Aunque investigaciones independientes han desmentido acusaciones de encubrimiento de abusos durante su tiempo en Perú, algunos grupos de víctimas han expresado reservas. La lucha contra los abusos sexuales en la Iglesia sigue siendo una herida abierta que requerirá acciones decididas y transparentes.
Además, los desafíos dentro de la iglesia son numerosos: desde la secularización creciente en Occidente hasta las tensiones internas sobre el papel de la mujer y la inclusión de la comunidad LGBTQ+.
Ha heredado una Iglesia en plena transición, marcada por las reformas de Francisco pero aún lejos de alcanzar una cohesión plena. Su capacidad para tender puentes, tanto dentro como fuera de la Iglesia, será puesta a prueba desde el primer día. Esperemos lo mejor.
Pero algo nos queda claro, es más latino que el tráfico infernal, más pruano que el ceviche y más sudamericano que las alpacas. (Podría corregirme ahí estimado lector, no sé en qué otros países alrededor del mundo haya alpacas).
¡Es uno más de nosotros!
Muchos éxitos en su pontificado, Santo padre.
Fe de erratas: En la publicación titulada Jalones, empujones y extensiones, publicada la semana pasada, se menciona que: «¡esos índices de criminalidad no los investiga el “Minigob”!».
Dicho término, «Minigob», no fue incluido en la columna original enviada y fue producto de una revisión ortográfica errónea. Me lo he tomado con gracia y, como usted ya sabe, todo en esta vida es espontáneo y no hay errores que no se puedan corregir. Así que, el término lo tendré que patentar para el Ministerio de Incertidumbre y Gobernación. ¿Qué tal?
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