¡Eso no es una celebración y mucho menos una conmemoración!

Mariana Rohrmoser

septiembre 23, 2025 - Actualizado septiembre 22, 2025
Mariana Rohrmoser

Las recién pasadas fiestas patrias de septiembre, no se tiñeron de azul y blanco para conmemorar un año más de esa (aún cuestionada) independencia.

Lamentablemente se tiñeron de basura.

¡Una pena y vergüenza absoluta!

Los desfiles, las banderas ondeando, los actos cívicos y los discursos oficiales, al parecer quedaron en un último plano y lo único que se presenció y quedará en la memoria de los ciudadanos, fueron calles inundadas de agua y bolsas que contenían la misma.

Realmente un desorden y un desastre, el cual debería invitarnos a una profunda reflexión: ¿realmente celebramos nuestra independencia o nos exhibimos ante nosotros mismos como una sociedad que aún no logra madurar cívicamente?

Todas las imágenes de la jornada no dejan lugar a dudas: ¡cero civismo y educación colectiva!

En lugar de mejorar nuestras valiosas tradiciones, las mismas fueron convertidas en guerras de agua. Algo sumamente triste y deplorable, pues lanzar bolsas plásticas llenas de un líquido vital, no es ni puede ser un hecho tolerable ni una significativa tradición.

Más allá del aparente juego, estamos frente a un desperdicio irracional de un recurso vital en un país donde miles de comunidades y personas carecen del acceso a éste.

A ello se suma el riesgo físico que representa para quienes participan y para quienes, sin desearlo, se ven envueltos en estos actos tan imprudentes e irrespetuosos como esos.

Muchas personas fueron víctimas de dichos actos y habiendo sido estos graves o no, las consecuencias son nefastas. Hechos como estos no son un festejo, ni un acto cívico y mucho menos una conmemoración a la patria.

Las calles de la ciudad amanecieron cubiertas de basura: bolsas plásticas, envoltorios, botellas, restos de comida y un largo etcétera, que no sólo dieron forma a un espectáculo espantoso y muy penoso de todo el espacio público; ¡ese que nos pertenece a todos!

Esto es un síntoma muy claro de inmadurez cívica y revela nuestra débil cultura ciudadana.

El civismo se mide en los pequeños gestos que se convierten en grandes e importantes y dejar toneladas de desechos tirados en plena vía pública, no es precisamente un signo de grandeza y respeto hacia la patria y mucho menos para todas las demás personas con quienes se comparte esta misma ciudad y país.

A todo esto, se suma el caos vehicular que se genera, producto de actividades mal organizadas, sin planificación y orden urbano. Esas “celebraciones”, las cuales debiesen ser realmente conmemoraciones, en lugar de unirnos en un espíritu de identidad nacional, terminan convirtiéndose en un escenario de desorden, irrespeto y pérdida de recursos y de tiempo productivo.

Dejo aquí varias preguntas que valdría la pena hacerse y ojalá, los estimados lectores den un poco de su tiempo a contar las mismas, en aras de ser una mejor sociedad. ¿Es esto lo que significa para nosotros ser independientes?, ¿Reducimos nuestra fiesta patria a un carnaval desbordado de ruido, desperdicio y contaminación?

Una verdadera independencia debería ser un compromiso con la responsabilidad cívica, con la construcción de una ciudadanía consciente y con el respeto a los recursos que garantizan nuestro futuro.

La patria no se honra lanzando agua en bolsas plásticas ni dejando basura en las calles.

Se honra cuando respetamos al prójimo, cuando cuidamos lo que es de todos y cuando demostramos que hemos alcanzado la madurez necesaria para convivir en sociedad.

Ojalá el 15 de septiembre no vuelva a ser sólo una fecha en el calendario para hacer desastres y comportarse sin civismo, deseando este día se convierta en una oportunidad para preguntarse cuánto hemos avanzado como nación y qué más deseamos ser y avanzar para ella y por ella.

En conclusión, urge que las autoridades nacionales y municipales dejen de tolerar este tipo de prácticas y tomen decisiones drásticas para reorientar estas fechas que deben ser conmemoraciones y un tributo a la patria.

Guatemala no puede seguir confundiendo la fiesta patria con un relajo colectivo que degrada la esencia de lo que se debe conmemorar.

Como en todo, se necesitan reglas claras, medidas firmes y alternativas cívicas que dignifiquen este día y que cada 15 de septiembre se convierta en la muestra más evidente de cuánto nos falta por madurar como sociedad.

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