Joan Sebastian Bach es considerado por muchos estudiosos como el mayor modernizador de la música. Foto: Wikipedia
Otra forma de decir lo que nombra el título de esta nota sería: del renacimiento al barroco; aunque si tuviera que decirse con una expresión conocida, habría que decirlo con Alexandre Koyré y citar el nombre de su libro: “Del mundo cerrado al universo infinito”; de cualquier manera, lo que aquí se busca remarcar y subrayar es la ruta que va del siglo XVI al siglo XVII.

Claramente, ese es un camino que sería posible seguir sobre la ruta de algunas ciencias, como la matemática o la física, de hecho, eso es lo que hace Koyré, o también sobre la ruta de algunas artes, como la pintura, aunque la ruta que aquí interesa seguir es particularmente la de la música.
Antes de Juan Sebastián Bach la música se percibía como parte de una armonía total o universal, la música de aquella época reverberaba desde la tierra y sus ritmos fijados por la naturaleza hasta las esferas celestes, y lo importante es que el hombre es parte de todo ello, ya sea como un organismo vivo e individual en su propio cuerpo, o bien, como un organismo social en su propia comunidad; entre todos los cuerpos y criaturas del universo hay niveles que guardan entre sí relaciones de tipo armónico; más o menos, eso hubiese sostenido alguien como Giordano Bruno; y la música buscaba expresarlo.
En tiempos de Bach las cosas ya comenzaban a percibirse de otra manera, de una forma diferente, y esa diferencia es la que marca la palabra modernidad, de acuerdo con lo cual puede decirse que Bach es el mayor modernizador de la música, por decirlo de algún modo; lo que él hace es registrar la música en la modernidad, y lo que esto significa es inscribir la música en el universo formalizado de la ciencia entendida como la están conformando por esos años Galileo, Newton y compañía, una ciencia dócil a los métodos de la demostración y la comprobación.
En los tiempos de Bach comenzaba a aflorar un nuevo lenguaje para la ciencia, la doctrina diría: comenzaba a emerger un nuevo paradigma que, para la música, responde al nombre de “la escala bien templada o bien atemperada”; y lo que eso significa es un orden para los sonidos musicales en seguimiento y cumplimiento de las estructuras racionales y, por lo tanto, ya no siguiendo a ninguna armonía cósmica superior.
Ahora la música, como la ciencia, obedece a estructuras racionales.
La paradoja de Bach es la misma paradoja barroca, porque, por un lado, se entiende que su música expresa una profunda espiritualidad dedicada a Dios, sin embargo, por otro lado, en su práctica musical, Bach es un científico radical, en la medida en que expresó, en el sentido moderno, unas estructuras formalizadas, por las que halló las posibilidades de un nuevo formalismo musical.
La vieja melodía italiana emocional cargada de sentimientos vivos se congela, se enfría, se atempera, se templa por lo tonos medios que van del blanco al negro de las teclas del clave que, a la vez, son las tonalidades que marcan los temores y los atrevimientos del barroco y que, también, son aquellos por los que trepan las estructuras de la razón.
Tags: barroco estructuras racionales Juan Sebastian Bach Portada Renacimiento








