El mes de septiembre nos exhorta a profundizar en la historia de nuestra nación. A pesar de que se enfatiza el papel de supuestos libertadores y la creación de un nuevo capítulo histórico, se ha silenciado el levantamiento indígena de 1820 en Totonicapán. Este acontecimiento crucial permanece sin el reconocimiento que merece, ya que no se menciona en libros de historia. Estos sucesos de forma inadvertida, constituyeron el cimiento de la resistencia que actualmente se observa en Totonicapán y en otras comunidades que han resistido a lo largo del tiempo.
La ciudad prócer de Totonicapán durante décadas ha sido y seguirá siendo un ejemplo de organización comunitaria, es menester recordar que las acciones en conjunto pueden realizar grandes cambios que conllevan beneficio colectivo. Es imperante reconocer que la organiza comunitaria promulga valores esenciales, en derecho se le tipifica como “bien común”, mientras que en relaciones internacionales se le conoce como “interés nacional”, para algunos suena utópico e irreal pero mantener una sociedad en condiciones justas, Totonicapán junto a otros departamentos, de la mano de la organización comunitaria son un claro ejemplo de cómo se vive en verdadera democracia y como se dignifica la vida.
El caso de Atanasio Tzul y Lucas Aguilar y compañeros en 1820 se replica de forma preocupante con Luis Pacheco, Héctor Chaclán y Esteban Toc en 2025. Históricamente la organización comunitaria, en particular, la indígena ha sido objeto de persecución y criminalización. Esto se debe a que su principal objetivo es despertar la conciencia social y mejorar las condiciones de vida de los sectores más vulnerables y desfavorecidos por las élites políticas y económicas.
Quienes todavía creen que las acciones tomadas en 2023 durante los 106 días de protestas fueron planificadas e impulsadas solo por la junta directiva de los 48 Cantones de Totonicapán demuestran una falta de conocimiento. Una organización comunitaria funciona mediante consensos que se logran en asamblea. Bajo esta lógica, se debería encarcelar y procesar a todo el pueblo k´iche´ de Totonicapán, quienes de forma consciente y consecuente decidieron resguardar la democracia y el Estado de Derecho. Es importante dejar a un lado los sesgos, para luego reconocer que la resistencia comunitaria es quien al día de hoy mantiene con vida esta frágil democracia.
Es esencial que el levantamiento indígena de 1820, los 106 días de resistencia legítima del 2023 y la cosmovisión de las organizaciones comunitarias sean incluidos en los libros de historia, ciencias sociales y formación ciudadana. Debemos dejar de promover la narrativa de una supuesta independencia y de inculcar ideologías que no nos representan. Es crucial reconocer y honrar nuestra historia para evidenciar que la lucha continúa.
El mes de septiembre debe ser una fecha para sumergirnos en la historia, reflexionar, analizar y cuestionar este sistema que no beneficia a la gran mayoría de guatemaltecos. Celebremos con fervor el legado que nuestras abuelas y abuelos nos han heredado, la historia que hemos tejido y las formas de organización que nos han enseñado; los cuales se basan en amor al prójimo, transparencia y servir con plena dedicación a todos.
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