Compartir nuestras historias, desenredar relatos no muy claros de la memoria compartida y especular sobre la vida. Ahí, sobre la mesita, junto a nuestras tazas vacías, quedaron varias espinas de las galanas y ponzoñosas que, como dice la internet, salieron solas.
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El mar está al final de la arena, sin que nadie se atreva a dudarlo. Contiene peces, estrellas, algas y restos de historias de todos los continentes. Su furia calienta los ánimos y ordena las ideas, no sabe de días ni de noches, de inviernos o veranos. Cuando todos nos hayamos marchado, cuando no haya ni sol ni huracanes, ni lluvia ni pescadores, ni niños ni salvavidas que los rescaten, ni amantes que se prometan pasión eterna, él permanecerá inmutable.
Existe un grupo importante y muy significativo de seres humanos que muchos historiadores han desconocido u olvidado de mencionar: el de los seres humanos carentes de medios de poder y de riqueza, que han sufrido las acciones injustas de quienes poseen esos medios. Es decir, el de las víctimas generalmente anónimas de la opresión política violenta, de las cruentas guerras o de la explotación económica.
Alzo la vista y solo hay árboles cuyas hojas inmóviles son sordas al siseo de los pájaros a la distancia. Baúles viejos y zapatos rotos con la suela despegada adornan la entrada. Perros echados en el sendero, sin fuerzas para abrir los ojos a nuestro paso, menos para levantarse.
He estado pensando en qué les pudo decir Luis a los seres abyectos que lo capturaron con lujo de fuerza e impunidad, siendo él un hombre inerme, enfermo, vulnerable. Seguramente lo que les dio fueron lecciones de dignidad.
La narrativa latinoamericana post boom muestra que el dinamismo y la variedad es enorme a lo largo del continente. La violencia física y psicológica sigue estando presente en las obras de estos autores.
Huérfana solitaria desde los quince años, a mi bisabuela María la sedujo la estampa barbada del gigante descalzo que de tiempo en tiempo cruzaba el pueblo en las mañanas de neblina arreando su recua.
El tiempo ha pasado y ella ya casi no va al mercado conmigo. Sin embargo, en ocasiones, todavía me acompaña y observo con asombro que los papeles se han cambiado. Yo llevo las canastas más pesadas y el monedero, leo la lista de la compra y guío nuestros pasos. Ella me sigue de cerca, tomada de mi mano, juega con el maíz salpor, los frijoles, los piloyes o el arroz, como yo solía hacerlo.
París fue siempre una ciudad de puentes, colmada de piedras históricas. De Nôtre Dame a las Catacumbas. Pero no la tierra prometida para César Vallejo, sino una especie de purgatorio existencial, lugar intermedio entre el paraíso modernista y el infierno de Verlaine.
El acto de venganza que Hamlet se propuso llevar a cabo, no solo nace del deseo que siente de liberarse del dolor, sino también del hecho de considerarlo un acto justo: la de castigar con todo derecho, a quien no solo le quitó violentamente la vida a su padre sino, además, lo despojó de su poder.










