Thomas Mann cree firmemente que el proceso de formación del ser humano no puede llevarse a cabo al margen o por fuera de la vida misma. Una vida que no solo está constituida por fuerzas e impulsos naturales vigorosos, sino también por múltiples enfermedades dolorosas que conducen o pueden conducir a la muerte.
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La tradición de rezar el rosario llegó con los frailes dominicos al Reino de Guatemala, en el siglo XVI, con los primeros conquistadores. El formato de un rezo continuo como el rosario proviene de la India y de algunas regiones del Medio Oriente.
“Personajes que resaltan las diferencias sin nublarse ni resentirse”
Repartía las tiras del cable, y llevaba refrescos y café a los periodistas curtidos que se afanaban tecleando en las máquinas de escribir de la sala de redacción, y guardaban en una de las gavetas del escritorio la botella de ginebra; hasta que uno de esos veteranos, abrumado por el trabajo, le preguntó si era capaz de escribir una nota.
Adorno dijo que no se podía escribir poesía después de Auschwitz, que no se podía escribir nada con sentido y belleza después de un acontecimiento tan bárbaro como el exterminio masivo de judíos perpetrado por los nazis. Sin embargo, el poeta judío Paul Celan se encargó pronto de refutarlo, escribiendo un poema que detalla, con maestría profunda y conmovedora, ese campo de exterminio.
La ciencia y las guerras están estrechamente vinculadas en un sistema que ha llegado a industrializar la muerte, a convertir el conocimiento en un aparato de destrucción masiva. Historias como las que Labatut nos comparte, nos permiten observar esas articulaciones perversas.
Desear un pescadito de oro para colgarlo de mi cuello; saber que, en la casa de los Buendía, el café siempre está caliente en la cocina y que, en Macondo, se hacen esfuerzos para que no se noten las tristezas de la gente: tal como sucede ahora mismo en mi casa, en mi barrio, en mi país.
El suicidio en Notre-Dame puso en acción una liturgia oficial poco requerida, usada para borrar las marcas anti sagradas que en la catedral parisina habría dejado la autoinmolación de Antonieta Rivas Mercado y se revivió la cuestión del destino de las voluntades trastornadas.
Por un lado, Cervantes deriva la novela capital del castellano de la impureza de la lengua de los infieles (léase árabes) y, por otro lado, pide al rey su traslado hacia la bruma del confín y la periferia de América; como si estuviese convencido de que el castellano no es, de ninguna forma, integridad u ortodoxia.
El relato, aunque distante en la geografía, me remite a Guatemala, a nuestra historia del siglo XX. Pienso en las mujeres del pasado, las de mi parentesco de sangre y las ancestras políticas. Leer sobre esa familia azotada por los giros de la historia, me hace recordar a la bisabuela que amortajó con su vestido de casamiento a su marido fusilado por el dictador Estrada Cabrera.










