Vista del barrio de Jocotenango, en el siglo XIX. Foto: Municipalidad de Guatemala
El barrio de Jocotenango en la Ciudad de Guatemala, lugar que fue habitado en la época colonial a partir de 1777 por el pueblo de indígenas que en su mayoría eran de origen kaqchikel y que pertenecían al pueblo tributario que desde Santiago de Guatemala fue trasladado por orden real al valle de la Ermita por la destrucción sísmica que ocurrió en 1773, es en la actualidad un espacio citadino con múltiples elementos sociohistóricos integrados. El Decreto 241 del gobierno de Justo Rufino Barrios, del 6 de septiembre de 1879, expulsó a los habitantes originales, con la justificación de modernizar la ciudad capital. Esto implicó que se destruyera el templo que se abrió en 1804, el cabildo, el cementerio y las viviendas de las personas indígenas. La Reforma Liberal lo convirtió en un cantón, absorbido por la ciudad, y las tierras que eran del pueblo indígena se pusieron en venta. Surgieron nuevos propietarios en la lógica privada y de la modernidad capitalista oligarca, es decir de acuerdo con el contexto particular de un país periférico como Guatemala, pero con una oligarquía dominante que hacía suyas, en lo particular y desde el Estado, las ideas y las políticas eurocéntricas modernas de finales del siglo XIX e inicios del XX. Con las posteriores modificaciones en la organización urbanística de la Ciudad de Guatemala, Jocotenango pasó a tener la denominación de barrio, perdurando así en el habla popular y en ciertas designaciones municipales hasta la fecha. En su historia dentro de la Nueva Guatemala de la Asunción, Jocotenango ha sido relevante por diferentes razones, llegando a contar con residentes históricos e históricas, que de manera individual o colectiva forman parte de sus importantes dinámicas económicas, sociales, políticas y culturales. Presento la I Parte de estas columnas que muestran a vecinos y vecinas de relevancia histórica para Jocotenango en la Ciudad de Guatemala:
Los hombres indígenas jocotecos. Residentes en el área del pueblo de Jocotenango a partir de los primeros traslados, iniciados en 1777, y su oficialización por órdenes del gobierno colonial encabezado por el capitán general Martín de Mayorga y apoyado por el IV arzobispo de Guatemala, Cayetano Francos y Monroy. Dedicados a labores agrícolas y de pastoreo, pero también a la construcción. Puede decirse que los hombres indígenas jocotecos constituyeron la mayoría de la fuerza de trabajo en la edificación de la Ciudad de la Nueva Guatemala, construyendo edificios civiles y religiosos, viviendas, calles, fuentes, distribuidores de agua y la Plaza Mayor. Así mismo, eran productores directos de alimentos y otros recursos agrícolas que abastecían la ciudad.
Las mujeres indígenas jocotecas. Residentes en el área del pueblo de Jocotenango a partir de los primeros traslados, iniciados en 1777, y su oficialización por órdenes del gobierno colonial encabezado por el capitán general Martín de Mayorga y apoyado por el IV arzobispo de Guatemala, Cayetano Francos y Monroy. Dedicadas a las labores agrícolas y de pastoreo, pero también del cuidado de los hijos y las hijas. Participaban en la distribución de alimentos en la ciudad y como trabajadoras en casas de españoles, criollos y mestizos de sectores acomodados, como nodrizas, en trabajos de cuidado y en labores domésticas. Debido a que muchas de las mujeres indígenas jocotecas fueron quienes cuidaron y alimentaron con su propia leche a niños y niñas de grupos no indígenas, Jocotenango fue llamado La tierra de las Chichiguas, en referencia al término náhuatl chichiua que significa «nodriza» o «amamantadora».
El desarrollo de la Nueva Guatemala de la Asunción no hubiese sido posible sin la fuerza de trabajo de los hombres jocotecos y de las mujeres jocotecas. Sin embargo, fueron expulsados y expulsadas de su tierra por el liberalismo y por el tren arrollador de la modernidad capitalista de tipo oligarca latifundista y eurocéntrica en Guatemala.
Timoteo Leche. Alcalde del pueblo de indígenas de Jocotenango en el momento de ser suprimido por el régimen liberal y oligarca finquero de Barrios. En su casa se resguardaron las imágenes y los enseres de la iglesia, así como varios documentos eclesiásticos y de la alcaldía. Fue el último custodio del histórico patrimonio tangible del pueblo.
Los únicos vestigios que quedan del pueblo indígena de Jocotenango, de origen colonial, pero que en sus identidades complejas integraba elementos históricos indígenas anteriores a la invasión y colonización española, son los siguientes: la plaza, aunque ya se encuentra totalmente transformada, pero su ubicación y sentido de espacio público es por la definición de centro del pueblo indígena en la época colonial; las imágenes de la Virgen de la Asunción, tanto la titular de origen barroco que preside el altar mayor de la actual Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción en la actual zona 2 y la imagen de demanda, que es más pequeña y era utilizada por los indígenas jocotecos para recaudar fondos destinados a sus celebraciones y también sacarla en procesión; algunas imágenes que se veneran en la actual parroquia; y la feria en honor al patronazgo de la Virgen de la Asunción, advocación a la que estaba dedicada el pueblo de Jocotenango.
La expropiación y expulsión de los habitantes originales de Jocotenango ocurrió el mismo año en que se publicó la Constitución de 1879, que consolidó el régimen liberal oligarca y finquero-cafetalero en Guatemala, dentro del mismo contexto del terrible Reglamento de Jornaleros que legalizaba la explotación desde el racismo y el clasismo, publicado en 1877. Jocotenango y sus primeros y primeras habitantes fueron duramente afectados y afectadas por esto. Fueron durante un siglo los residentes históricos del lugar, otorgándole sentido y dinámica.
Continuará en la columna del siguiente domingo.
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