Para la literatura no hay tercera edad. En cambio, un viejo anquilosado en el poder se vuelve grotesco, un esperpento útil sólo como personaje de la literatura.
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Escribir es fabricar ausencia; el libro comienza para no terminar, al insistir en decir lo que siempre está por decirse y, por eso, persistir en ser lo pendiente, en ser lo que no acaba de acabar; sin embargo, el atractivo consiste en que articular y maniobrar esa insensatez es una fascinación.
El cura León mandó a levantar, apenas dejó de temblar, una champa alta con láminas oxidadas y madera, con los parales y tablones acabados de utilizar en los andamios para la pintura de la fachada de la catedral arruinada, sin penacho, con cornisas derrumbadas y esculturas degolladas, en el espacio que queda entre la fuente…
No hay mejor tributo para un escritor que leer sus textos. Por eso, hoy invitamos a nuestros lectores a revivir las emociones que, generosamente, nos obsequió nuestro amigo y compañero durante casi ocho meses, antes de su partida a la eternidad.
La escena artística guatemalteca lamenta el fallecimiento del periodista y escritor.
La cantautora guatemalteca, de 71 años, tiene una carrera musical de 60. Ha representado al pueblo garífuna en foros internacionales en donde se le reconoce por su talento y esfuerzos para promover las tradiciones culturales de su pueblo.
Como en las películas y la literatura de la época, las mujeres casi no se mencionan en la crónica oficial de esta epopeya; sin embargo, jugaron un papel esencial en el desarrollo de la región.
El paso completo y definitivo del reino de la necesidad de trabajar al reino de la libertad del trabajo, de la obligación coactiva de trabajar, es en gran medida un paso que la humanidad nunca podrá dar.
O. Henry (1862 – 1910) fue un escritor estadunidense cuyo estilo narrativo se caracterizó por una directa comunicación con el lector con referencia a los recursos literarios que utilizaba. Su popularidad se debió en buena parte a sus temas inspirados en la vida cotidiana de la gente común en Nueva York. A la vez, sus historias ponen de manifiesto el efecto de coincidencia en carácter de sus personajes, el sentido del humor, la ironía y los giros sorpresivos que las historias tienen en ocasiones. Este último rasgo pasó a conocerse como el “efecto O. Henry” dentro de la crítica literaria.
En esas estaba, desempolvando el pasado, imaginando mapas genealógicos según fechas y genética, cuando sucedió lo inesperado: el embudo del tiempo.










