Foto: Carlos Alonzo
Masaya fue acusado de falsedad ideológica por su rol como notario durante la legalización de documentos del partido Movimiento Semilla. El mismo proceso que intentó anular los resultados de las elecciones generales de 2023 y que puso en riesgo la transición presidencial entre Alejandro Giammattei y Bernardo Arévalo.
“Yo no fui detenido por un delito, fui detenido por haberme involucrado políticamente. Esto no fue un error notarial, fue una persecución por ejercer derechos”, asegura en una conversación con eP Investiga tras ser liberado.
La prisión como extensión de la política
Durante casi seis meses, Masaya fue trasladado entre Mariscal Zavala y el Preventivo de la zona 18. Entró como un abogado recién postulado a una junta directiva gremial, salió como uno de los varios actores políticos y sociales en Guatemala que han sido criminalizados por su participación política.
“Los traslados coincidían con momentos procesales clave. No era casual. Eran metamensajes. Acciones que coincidían sospechosamente con audiencias importantes, y que dejaban entrever que estaban ejerciendo presión”; la intención, según él, era empujarlo a aceptar cargos.
El punto más explícito fue durante una audiencia, cuando el exdiputado Fernando Linares Beltranena, quien actúa como querellante adhesivo, se le acercó y le dejó una copia impresa del Decreto 10-2019, la Ley de Aceptación de Cargos.
“Me dijo que conocía a mi papá. Pero mi papá murió en 2017. Fue una falta de respeto. Fue grotesco. Usar su memoria como herramienta de presión fue pasar un límite que no pienso tolerar”, afirma Masaya.
La aceptación de cargos como presión judicial
El abogado confiesa que hubo un momento en el que consideró aceptar cargos. “En la audiencia de primera declaración, pensé: Quizás en 15 días. Quizás en un mes. Quizás si no aguanto. Pero me di cuenta de que ese era el resultado que ellos querían, y por eso decidí que nunca lo iba a hacer”, dice.
Se apoyó en amigos, en cartas de personas desconocidas que le escribían para sostenerlo. “Yo pensé que no iba a soportar. Pero cada día que pasaba, encontraba fuerza en saber que no estaba solo”, agrega.
En la cárcel, vio de cerca cómo la aceptación de cargos funcionaba como mecanismo de presión judicial. “Lo que hacen es utilizar las confesiones para justificar una narrativa fabricada por ellos. No se trata de justicia, se trata de validarse a través del miedo y la manipulación. No se puede enfrentar a una banda de mentirosos y cobardes más que con la verdad”, añadió.
“No quiero vivir con restricciones psicológicas”
Una vez libre, Masaya se impuso una meta clara: no permitir que la cárcel definiera su vida. Desde el primer día en prisión pensó: “Si esto me toca, lo voy a asumir con dignidad. Ahora que estoy afuera, quiero ejercer mi libertad con plenitud. Sin restricciones mentales, sin miedo. Porque si me dejo dominar por el miedo, sigo preso”.
Habla de la libertad como una construcción íntima y plural a la vez. “No hay una sola forma de ejercerla. Para algunos, es resistir en silencio. Para otros, es organizarse. Lo importante es que cada quien la viva desde su propia convicción, pero con plena conciencia de que la libertad no es absoluta si no es profundamente nuestra”.
El 24 de julio, Masaya fue juramentado como prosecretario del Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala (CANG). Su planilla había ganado las elecciones en febrero, mientras él seguía encarcelado.
Sabe que el gremio espera transparencia, profesionalismo y liderazgo. También reconoce que los próximos meses serán claves en la ruta política del país. “El Colegio tiene representación en comisiones de postulación para altas cortes y eso significa responsabilidad. No podemos fallar”, enfatiza.
Masaya insta a las personas a involucrarse en la política a pesar del miedo que generan acciones como las que lo llevaron a prisión. “Que lo hagan. Pero no lo hagan solos. Que se acuerpen, que se rodeen. Las decisiones compartidas son más fuertes. Nos quieren divididos, por eso debemos organizarnos”.
Tiene claro que no será el último criminalizado del sistema de justicia, pero rechaza la idea de que el involucramiento político sea ingenuidad. “Nos quieren callados. Nos quieren sumisos, pero lo que está en juego es el derecho a decir: Yo también quiero construir este país”, asegura.
Guatemala, dice Masaya, atraviesa una etapa en la que el sistema ya no se sostiene sobre legalidad, sino sobre represión. “Este aparato ya no soporta el peso de su propia corrupción. Por eso reprime. Por eso persigue. Por eso necesita encerrar a quienes se organizan”, asegura.
Agrega que lo que ocurre con el caso Corrupción Semilla no es una excepción, sino parte de un patrón más amplio. El encarcelamiento de líderes indígenas, periodistas, fiscales, exjueces, opositores es un modelo, agrega. “Si no lo frenamos, va a devorarnos a todos”.
El abogado Masaya espera juicio para abril de 2026, lo cual lo hace reflexionar sobre la confianza que tiene en el sistema de justicia en el país.
“Confío en que hay jueces justos, pero también sé que hay otros que se venden. Guatemala no necesita solo leyes nuevas, necesita convicciones nuevas, ética, principios, servicio. Lo que se juega en cada audiencia es el tipo de país que queremos ser”, dice.
Actualmente, relata que trabaja desde el CANG, reorganiza su vida y reconstruye lo que se interrumpió: su día a día, su economía, su paz.
“Ellos creen que la historia es lo que queda escrito en un expediente judicial, pero la verdadera la escribe el pueblo. Y yo no pienso ceder mi parte en esa historia”, asegura.
A pesar del proceso de criminalización a cargo del Ministerio Público de Consuelo Porras, Masaya refiere que estas acciones son usadas para reprimir a la población guatemalteca.
“Si ellos usan el sistema para quebrarnos, nosotros tenemos que usar la dignidad para no rendirnos. Eso es todo lo que nos queda. Y, a veces, es más que suficiente”, cierra.
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