Artur Lundkvist había leído «Cien años de soledad» en 1967, y dio el nombre de Gabriel García Márquez a la Academia Sueca.
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La mención a la Semana Santa en otras obras de Gabriel García Márquez es mínima, pero está con una enorme carga simbólica.
La relación entre periodismo y narrativa caracteriza a novelistas latinoamericanos galardonados con el Nobel.
La llegada del boom fue como un tsunami literario, un ancho mar de novelas con sus los grandes afluentes Fuentes, Cortázar, García Márquez, Donoso, Vargas Llosa, Roa Bastos; acompañados por el brasileño Jorge Amado, el argentino Puig, el ecuatoriano Jorge Adoum y el cubano Cabrera Infante.
Él llegó del caribe colombiano, de mucho calor, alegría y música. Cuando puedo recorro las mismas calles y visito los mismos lugares. Es un ejercicio de memoria.
El pequeño mundo que uno encuentra al nacer es el mismo en cualquier parte en que se nazca; sólo se amplía si uno logra irse a tiempo de donde tiene que irse, físicamente o con la imaginación.
Augusto Monterroso ( Los buscadores de oro)
A mi amigo Carlos Vidales, in memoriam
Toda obra literaria es una construcción verbal, y las imágenes en un libro están hechas a base de palabras. Y Cien años de soledad, más allá del membrete de realismo mágico, es una de las más espléndidas construcciones verbales de nuestro idioma.
El recorrido mágico de la sangre de José Arcadio Buendía, que regresa al lugar de su nacimiento para fundirse definitivamente en él, se parece al recorrido que realiza Juan Preciado al regresar a la población donde nació para morir en medio de los muertos vivientes y así reunirse con ellos como su gran familia.
La Literatura con mayúscula debe hacerse sin deberes preconcebidos, aunque recordando la imperiosa frase de Miguel Ángel Asturias de que “el poeta es una conducta moral”. Dentro de la tensión entre el ser y la conciencia reside gran parte de la dinámica creativa.










