Hay en la obra de Monterroso una coherencia pasmosa. Cualquier texto suyo se reconoce en el acto. En el corpus acontece una equivalencia entre el todo y la parte: la brevedad, la ironĆa y su hermana menor la sĆ”tira.
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El dĆa seƱalado aparecieron mĆ”s personas que Ā las convocadas; incluso algunas que nunca habĆan llegado.
La literatura, para sobrevivir, tiene que estar recreĆ”ndose. La literatura se alimenta de literatura y en ese auto parasitismo creativo circulan los textos por caminos interminables. Escribir serĆ” entonces siempre reescribir. Como un aguacero interminable. Agua y cero o lo contrario: cero aguas.Ā
A mi admiración se suma mi agradecimiento perpetuo.Ā He leĆdo y disfrutado toda su obra.Ā Ā Me alegrĆ© cada vez que se le concedieron homenajes.Ā Me entusiasma saber que Ć©l aceptó los honores sin fatuidad ni petulancia, convencido de que un dĆa todos desapareceremos, como nuestra obra.Ā
Monterroso tiene una escritura precisa y cargada de significados. Es creador de textos exactos, donde no falta ni sobra una palabra. Sus fƔbulas no son textos a lo clƔsico antiguo. Presentan formas parecidas con contenidos diferentes. En realidad, son parodias de fƔbula.




