Emma cierra por momentos sus ojos, reviviendo ese fatídico día que marcó para siempre la vida de la familia. Marco Antonio, de 14 años, regresó a casa pasados 10 minutos del mediodía, sin saber que un momento después sería secuestrado, dice con precisión su madre. De inmediato lo detuvieron, le amarraron las manos y tomaron a Emma, en ese entonces de 47 años. “Me empujaron dentro de cada uno de los cuartos, porque pensaban que había guerrilleros adentro. Cuando se aseguraban de que no había nadie, me volvían a agarrar para empujarme a otro cuarto”, relata.
Emma señala que Marco Antonio alcanzó a decirle: “mama, ¿qué nos van a hacer?” Después de eso, los hombres le colocaron al adolescente un saco de yute en la cabeza. Lo sacaron de la vivienda y lo lanzaron en la parte trasera de un picop, según Emma, quien alcanzó a verlo por última vez, luego de que logró abrir la puerta y salir de uno de los cuartos donde la habían encerrado.

La familia Molina Theissen se integraba por Emma Theissen y su esposo, Carlos Augusto Molina, padres de Lucrecia, María Eugenia, Emma Guadalupe y Marco Antonio, el consentido de la familia. “Era el varón esperado, la ilusión de mis padres. A mi papá no le gustaba que él saliera a la calle, algo ha de haber presentido. Él empezaba a cambiar de voz”, cuenta su hermana Emma Guadalupe, quien unas horas antes había conseguido escapar de la base militar Manuel Lisandro Barillas en Quetzaltenango, donde sufrió torturas, por ser considerada enemiga del Estado, debido a que integraba las filas de la Juventud Patriótica del Trabajo (JPT) que operaba en la clandestinidad.
Luego de que Lucrecia se enteró de que su hermana Emma Guadalupe logró escapar del cuartel, llegó a la casa de la familia a contarles. “Buza mi hermana”, celebró Marco Antonio, según narra su mamá. “Le gustaba usar su bicicleta, siempre andaba con un grupo de amigos y cursaba tercero básico. Nunca tuvo novia… aún era un niño muy inocente”, añade.
Desde el día en que ocurrió la desaparición forzada de Marco Antonio, Emma y su esposo dejaron sus trabajos para dedicarse a buscarlo de forma incansable. Ella llamó a la oficina de Contabilidad que manejaba su esposo, Carlos Augusto para contarle lo sucedido. Ese día empezaba un viacrucis sin fin. “Pasamos muchos días en la calle noche y día buscando a nuestro hijo. Todo fue en vano. Fueron días muy duros. Pensé que me iba a volver loca”, recuerda.
Tocar puertas a los sordos
Como parte de la lucha para recuperar a su hijo, optaron por pedir audiencias a militares y se reunieron con el arzobispo Mario Casariego, a quien acudieron por consejo de un párroco de la iglesia de la colonia La Florida. “El sacerdote nos recomendó que fuéramos a hablar con Casariego, quien había sido capellán de la Guardia de Honor. Él se limitó a pedirme un informe por escrito de la forma en que se llevaron a Marco Antonio. Nunca tuvimos una respuesta de él, recuerda Emma. La familia sospecha que Casariego trasladó posteriormente el informe de la familia al gobierno, y así fue como se enteraron de la forma en que Emma Guadalupe había escapado del cuartel de Quetzaltenango.

La madre de Marco Antonio recuerda que una vez ella y Carlos fueron a un lugar, donde Efraín Ríos Montt sostenía una reunión. Iban con la esperanza de pedirle apoyo para encontrar a su hijo. ´Vaya a Gobernación´, “me dijo, sin preguntar detalles del caso”. Emma Guadalupe agrega que sus padres, al igual que otras personas se ilusionaron cuando el castrense golpista llegó al poder, ya que con anterioridad se había declarado demócrata cristiano cuando empezó a militar en la política. “Mis papás tuvieron la esperanza puesta en él… ¡Qué horror! ”, relata Emma Guadalupe.
De la militancia de Emma Guadalupe
A los 15 años, Emma Guadalupe inició sus actividades , como dirigente estudiantil del Instituto Belén,. “No sabía nada, ni del mundo ni de la vida ni de nada, pero en la casa mi papá, que era, como tantos otros, heredero frustrado de la revolución del 44 nos inculcó un espíritu de lucha contra las injusticias. Esto permeó especialmente en mi hermana Lucrecia y en mí. Guatemala duele mucho por todos lados. Dolía tanta miseria, desigualdad y necesidad, especialmente después del terremoto de 1976. Creímos que era posible arreglar los problemas con un movimiento revolucionario que instaurara un gobierno popular Más tarde pensábamos que si Nicaragua pudo, por qué no Guatemala. Éramos idealistas.”
“Involucrarme en el movimiento, me llevó a un compromiso más allá: patria o muerte, pensaba, pero, no sabía que estábamos enfrentando a un ejército, a un Estado represivo. No dimensionaba lo que era la represión, en manos de uno de los ejércitos más sanguinarios de América Latina. Ignoraba tanto…»
Recuerda que entre 1978 y 1981 ya había muchos muertos, desaparecidos, y exiliados. La violencia se ensañó especialmente contra opositores vinculados a la Universidad de San Carlos o al movimiento sindical. En ese contexto, en marzo de 1980 fueron asesinados Marco Tulio Pereira, Alfonso Bravo y el novio de Emma, Julio del Valle, todos estudiantes y activistas universitarios.
A raíz del asesinato de Julio, Emma, de 20 años, fue refugiada por los dirigentes de la JPT en Quetzaltenango, para protegerla de acciones represivas. “Luego de la muerte de Julio, me propusieron que me fuera a Occidente. En ese momento ya estaba muy desarticulado el movimiento estudiantil y popular. Iba a reuniones a la capital y regresaba a Xela a hacer trabajo político”.
La familia debió enfrentarse a una nueva tragedia. Héctor Hugo Alvarado, esposo de María Eugenia, fue asesinado el 27 de febrero de 1984. Él era militante del Partido Guatemalteco del Trabajo.
Para ese año, las fuerzas policiales y la inteligencia militar, actuando conjuntamente, habían designado empleados gubernamentales para que operaran un vehículo oficial conocido como Panel Blanca. A bordo de esta, hombres armados se dedicaron a vigilar, secuestrar y desaparecer a centenares de guatemaltecos. Integrantes de la familia Molina Theissen fueron acechados por la Panel Blanca después del asesinato de Alvarado Chuga. Fue entonces cuando decidieron salir del país.. “Veíamos la Panel Blanca cerca de la casa y fue cuando buscamos asilo”, relata la madre.

Morir de dolor y en soledad
“Mi mamá y mi papá siempre buscaron vivo a Marco Antonio. Pensaban que no podía ser posible que los militares mataran a niños… no creían que hubieran sido capaces de matar a su hijo” relata Emma. “Ellos esperaban noticias de su niño con una creciente desesperanza y sin poder hablar de su hijo… dolía demasiado mencionar su nombre”, cuenta.
“Transcurrieron 13 años desde la desaparición de Marco Antonio. y por primera vez, hablamos sobre nuestro hijo y sobre la posibilidad de que estuviera muerto. Era una tarde de domingo en Costa Rica, donde ya vivía exiliada toda la familia – cuenta la madre – y yo le dije a Carlos, mi esposo: creo que él ya no está vivo, porque si así fuera, ya nos hubiera buscado. Pocos días después, mi esposo sufrió un infarto y murió en la más honda tristeza y en la más absoluta desesperanza. Era septiembre de 1994”.
“Unos días antes de su muerte, en medio de un aguacero torrencial, mi esposo salió al patio de la casa y preguntaba a gritos: ¿dónde está Marco Antonio?”, relata Emma.
“Mi esposo murió solo en el hospital” agrega. Carlos Molina murió solo, como solitaria había sido su búsqueda cuando recién secuestraron a su hijo. Padre y madre de Marco Antonio buscaban a su niño y muchísimas de aquellas personas que tendrían que haber sido su red de apoyo les dieron la espalda. “El terror imperaba en Guatemala” dice la madre. Familiares y amistades temían correr la misma suerte de tantos asesinados y desaparecidos en un país que acumula las impresionantes e indignantes cifras de 45 mil personas desaparecidas y 300 mil asesinadas.
“Nos decían : se pueden quedar por una noche, o ya no queremos que vengan porque nos da miedo que nos pase algo” relata Emma. “Mi mamá y mi papá tuvieron que vivir en la más terrible soledad el dolor insondable y la angustia que crecía con cada día que pasaba sin saber de su niño. Lejos de mostrarles la solidaridad y el apoyo propio de la sensibilidad humana, autoridades, periodistas y muchas personas, culpabilizaban al mismo Marco Antonio con la frase usual de que ´en algo debe haber andado´, que legitimaba (quizás sin querer) las acciones criminales de las fuerzas de seguridad del Estado guatemalteco. A eso se agregó el dolor del exilio, que es en sí una pérdida de todo a la que se sumó la inmensa tristeza de sentir que dejaban a Marco Antonio solo, en Guatemala” complementa Emma Guadalupe.
Lucha contra el tiempo
Emma aún guarda la esperanza de saber qué le sucedió a Marco Antonio y suplica: “si alguna persona sabe lo que le hicieron a mi hijo, por favor, díganmelo de forma confidencial”.
El tiempo pasó. Son más de 40 años. Los restos se van fundiendo con la tierra, los terrenos se alteran por efecto de la Naturaleza o por la actividad humana, especialmente por los asentamientos urbanos. Mantener las esperanzas de hallar los restos de Marco Antonio es cada día más difícil. “Sin embargo, dice Emma Guadalupe, hay un persistente anhelo en el corazón de toda persona familiar de alguien forzosamente desaparecido. Es el anhelo del último abrazo, es la necesidad visceral de despedirnos y es muy doloroso no lograrlo. Hallar los restos de las personas amadas que nos fueron arrebatadas y darles la digna sepultura que merecen seguirá siendo nuestro clamor y nuestra lucha”.
“En este y en todos los casos, el Estado se ha negado a revelar la información necesaria para dar con los restos de las personas desaparecidas. El ejército guarda un hermético silencio porque decir dónde está una persona desaparecida significaría muy probablemente hallar muchas más en el mismo lugar. Lo más probable, conociendo los hechos en Guatemala, es que no lo encontremos. También nuestro tiempo se agota… las cuatro somos adultas mayores”, recuerda Emma Guadalupe – pero seguiremos buscándolo mientras tengamos vida”, concluye. “Queremos llevarlo a un lugar donde lo podamos visitar, hablarle o llevarle una flor… y ese clamor no se calla con nada. Es la sangre llamando… Quizás no lo logremos, pero seguiremos luchando hasta donde podamos, como podamos y cuando podamos por hallar los restos de mi hijo” manifiesta la madre.
“Todavía sueño con un mejor país ”
¿Volvería a integrarse a grupos revolucionarios, si se pudiera regresar el tiempo?, es una pregunta que se le formula a Emma Guadalupe. “El momento histórico ha cambiado profundamente, no solo en Guatemala sino en el mundo, pero sigo sintiéndome revolucionaria. Creo que las personas y los pueblos tenemos que luchar por un reparto más justo de la riqueza, por disfrutar de libertades y por el ejercicio de nuestros derechos ciudadanos… también por el respeto al territorio y los recursos naturales de los pueblos, como parte esencial de la conservación del planeta como hogar de todas las especies. Lucho especialmente contra todo tipo de violencia. Pienso que la revolución la hacemos todos los días, desde nuestro metro cuadrado familiar, laboral, comunitario o en espacios de participación política.»
«Cada decisión que tomamos se enfila a sostener o a combatir abusos, atropellos e injusticias. Creo en la Democracia como único sistema en el que se pueden propiciar mejores condiciones de vida para todas las personas y soy absolutamente contraria a la guerra, a las dictaduras y a todos los autoritarismos del color y tamaño que sean. No me integraría a grupos políticos contrarios a los Derechos Humanos, la pluralidad en todo sentido y el humanismo en general. Actualmente soy políticamente tan activa como mis condiciones me lo permiten y aspiro a tener más participación. Quiero pensar que, como lo quise hace 45 años, mis acciones contribuyen a construir una Guatemala mejor y en general, que incido positivamente en mi entorno. Todavía sueño con un mejor país.”
¿Regresar a Guatemala?
La familia Molina Theissen debió permanecer en países como Ecuador, México, y Costa Rica durante su largo exilio. Resaltan la generosidad de los países donde han residido.
Ellas viven actualmente en Costa Rica. “Nunca me han hecho de menos por ser guatemalteca. Emocionalmente esta es mi patria por elección, aquí me volví adulta, acá estudié e hice todo mi ejercicio profesional. Aquí pude hacer buena parte de mi terapia psicológica. En fin, acá echamos raíces. Mis afectos vitales están acá, confiesa Emma Guadalupe.
“Queremos regresar a nuestro país. Nos gustaría ir siempre que queramos y podamos. Soñamos con tener la posibilidad de estar presentes en Guatemala impulsando o acompañando todo tipo de actividades por la vida, la Justicia y el respeto de los Derechos Humanos, pero hemos sido criminalizadas lo cual consideramos que entraña riesgos contra nuestra integridad contra mis hijas y contra mí narra Emma. Muy poco tiempo después de que se emitiera la sentencia condenatoria en mayo de 2018 contra los cuatro exmilitares, Karen Fischer, los empezó a representar y para sacarlos de la cárcel nos acusó de que Marco Antonio está vivo y que todo el caso ha sido un montaje basado en falsedades. Dice que Neri Espinoza, esposo de mi hermana Eugenia, es Marco Antonio , explica Emma Guadalupe.
A pedido de autoridades judiciales guatemaltecas, la familia ha presentado tres muestras de ADN, entre estas, una aplicada por la Medicatura Forense del Organismo Judicial costarricense, laboratorio reconocido y certificado internacionalmente por su independencia y elevados estándares técnicos. Las tres muestras indican que la probabilidad de parentesco entre Emma Theissen y Neri Espinoza es del Cero por ciento. Sin embargo, la abogada de los condenados no acepta los resultados. Pese a que la jueza a cargo desestimó la denuncia desde que la familia presentó el resultado del primer estudio, la abogada Fisher reaccionó recusando a la juzgadora e insiste en la denuncia. “Es una burda, retorcida e indignante mentira que ofende mi maternidad y agravia a los jueces, abogados y testigos que demostramos la desaparición de Marco Antonio en dos juicios: uno ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos y otro, ante un tribunal guatemalteco”, dice Emma. “Le tocaría a ella demostrar lo que afirma, pero el corrupto sistema judicial guatemalteco y el Ministerio Público de Consuelo Porras, optan por criminalizarnos y además, exigirnos pruebas contra la mentira de Fisher”, declara Emma Guadalupe.
El coronel retirado Hugo Ramiro Zaldaña Rojas, condenado por el caso en mención, recuperó su libertad hoy. Así lo resolvieron los magistrados de la Sala Primera de Apelaciones, quienes no acataron lo que establece el Código Procesal Penal en relación a los delitos por los que se le condenó.
Viaje a la verdad y campaña de búsqueda
Con apoyo de organizaciones de defensa de Derechos Humanos, la familia produjo una revista dirigida al público juvenil. Se trata de una aventura vivida por cuatro niños desaparecidos que emprenden un viaje para conocer la verdad de lo que le pasó a Marco Antonio, quien, según la ficción, no recuerda nada. Lo acompañan Glenda y Rosaura Portillo, quienes fueron desaparecidas por la G2 también en septiembre de 1981 cuando tenían 9 y 11 años de edad como lo testificó su madre, Adriana en el juicio Molina Theissen. También les acompaña Chajul, un niño que representa a los miles de menores desaparecidos en las comunidades indígenas del interior de Guatemala.
“La revista es un medio de promoción de la memoria histórica y también de difusión de la campaña de búsqueda de los restos de mi hijo”, dice Emma, quien insiste en pedir que se comuniquen con la familia si saben dónde quedaron abandonados los restos de Marco Antonio. “Queremos darle la sepultura digna que todo ser humano merece”, repite, con la voz quebrada.
La historieta puede descargarse y compartirse en la página www.viajealaverdad.com

1 La Medicatura Forense de Costa Rica ha recibido reconocimientos internacionales por su
excelencia en el campo de las ciencias forenses. El Departamento de Ciencias Forenses del
Organismo de Investigación Judicial (OIJ) implementó un Sistema de Gestión de Calidad basado
en la norma internacional ISO/IEC 17025:2005, logrando la acreditación por parte de ANAB (ANSI-
ASQ National Accreditation Board). Esta acreditación posicionó a Costa Rica como el tercer país
en América Latina en contar con laboratorios forenses acreditados bajo esta norma, junto con
México y Brasil.
Además, el desarrollo y la experiencia del Departamento de Ciencias Forenses han sido
reconocidos a nivel internacional, reflejados en la designación de su jefe, Marvin Salas Zúñiga,
para integrar organismos de alto prestigio como el Panel Internacional de Expertos Forenses de la
Oficina contra las Drogas y el Crimen de las Naciones Unidas y la Junta Internacional de
Consejeros Científicos de la Corte Internacional de Justicia de La Haya.
Asimismo, la Academia Iberoamericana de Criminalística y Estudios Forenses (AICEF) designó al
Departamento de Ciencias Forenses del OIJ para presidir el Comité Iberoamericano de Calidad
(CICAL), en reconocimiento al trabajo realizado en Costa Rica.








