Juanlu Sánchez, como es conocido en el gremio periodístico, fue cofundador –en 2009– del medio especializado en derechos humanos Periodismo Humano. En la actualidad dirige el podcast “Un tema al día», en el que cuenta la actualidad a su audiencia en España y el cual fue ganador del premio Ondas al Podcast Revelación 2023. Además, ha trabajado en organizaciones enfocadas en la libertad de prensa y de expresión.
En Expansiva, el Festival de Periodismos y Comunicación que realizó Agencia Ocote en Ciudad de Guatemala, Sánchez conversó sobre algunos dilemas y retos que tiene la prensa a nivel regional.
¿Cómo debe ser el periodismo que resiste en la actualidad?
– El periodismo tiene que innovar y, cuando hablamos de innovación en periodismo, parece que estamos hablando de grandes inversiones en tecnología, de un dron que sobrevuela el sitio de una cobertura, de una cámara que haga 360 grados en un evento, y creo que la innovación pendiente más importante que tiene el periodismo es reconectar con la sociedad. Es volver a ser importante para la gente para que entiendan que el trabajo del periodismo es importante.
Mucha gente ha dejado de pensar así porque algunos poderes, con muy mala intención, han intentado intoxicar la relación entre la sociedad y el periodismo. Pero también reconozcámoslo, el periodismo ha cometido muchos errores: ha confundido su papel en la sociedad, se ha convertido en un instrumento y lo ha aceptado muchas veces para ganar más dinero y se ha convertido en una herramienta de influencia para gente poderosa y rica o con mucho poder político. Eso nos ha destrozado, ha destrozado nuestra credibilidad.
Así que la misión que tenemos ahora los periodistas es retomar el control de nuestro propio oficio, intentar hacer medios quizás más pequeños y buscar la sostenibilidad en complicidad con el lector y no intentando ser correas de transmisión del poder.
En Guatemala, Jose Rubén Zamora, fundador de elPeriódico, está en prisión. Además, hay una veintena de periodistas exiliados, ¿qué significa para la sociedad este panorama?
-Si miramos más al norte, también empieza a pasar; si miramos más al sur, hace mucho tiempo que pasa. Más preocupante es que vemos tendencias autoritarias también en España, en Italia, en el Reino Unido.
Vamos viendo cómo se van legitimando regímenes cada vez más asfixiantes para la libertad de expresión. La batalla política ha dejado de ser sobre cuál es la mejor manera de construir un modelo. Ahora es puramente de identidad. Es la batalla de enemigos contra enemigos y ahí el periodismo siempre se ahoga.
Muchas veces decimos que el periodismo no tiene por qué hablar de sí mismo, que los periodistas no tienen por qué ser noticia, pero yo creo que va siendo hora de que empecemos a hablar de los periodistas, de que hay periodistas haciendo periódicos en el exilio, que hay periodistas encarcelados, despedidos por hacer un comentario en televisión, que están siendo investigados personalmente de manera selectiva para intentar acusarles de fraude fiscal o de cualquier corrupción sin fundamento.
Todo eso está pasando en nuestro entorno y eso tiene que dejar de pasar porque primero serán los periodistas y luego el resto de la población.
Con las redes sociales y las nuevas plataformas, ¿crees que con la llegada de X a manos de Elon Musk o de nuevas plataformas como Blue Sky, está cambiando la percepción de las audiencias hacia los medios de comunicación o a los periodistas?
-Yo creo que estamos viendo el final de las redes sociales. Cuando Twitter deje de ser útil para la ultraderecha y cuando Facebook dé sus últimos pasos, ya muy envejecidos, probablemente no veamos nuevas redes sociales que tomen su lugar.
No vamos a ver una nueva red social transversal para el debate público. Lo estamos viendo en Estados Unidos con la compra de parte de TikTok para hacer una frontera entre el TikTok chino y el americano. Lo estamos viendo con las intenciones de Europa de regular más el uso de redes sociales para evitar la toxicidad de la desinformación.
Hay ritmos de regulación muy diferentes que van a hacer que internet tenga fronteras, que es algo que nunca tuvo. Ahí creo que entra la segmentación de públicos, el poder del vídeo y las tensiones geopolíticas. Vamos a un mundo donde no va a haber un nuevo Twitter.
No es necesariamente malo para los periodistas. Creo que la gente va a tener que volver su mirada a la gente que profesionalmente nos dedicamos a contar historias en un momento en el que, quizá, el debate online se convierta ya en asfixiante y muy poco útil. Hay presidentes que están utilizando estas plataformas, por ejemplo, Trump para insultar a periodistas, al igual que Milei.
¿Esto explicaría que, a medida que se deteriora la democracia, también se golpea más a los periodistas?
-Creo que un mecanismo muy habitual de cualquier régimen autoritario es difamar a los mecanismos de control, destruirlos y sustituirlos por otro que haga aparentemente el mismo trabajo.
Es básico destruir al periodista crítico para poner en su lugar a alguien que no lo sea, y lo vemos incluso en el que se ha creído que es el gran país de la democracia. En Estados Unidos se ha expulsado del despacho Oval a periodistas de medios de comunicación y han entrado otros que, cuando pasa Zelenski por el despacho Oval, le dicen si no le da vergüenza venir vestido así. Es que lo estamos viendo en directo en muchos países, insisto, validados por el presidente más importante del mundo que sigue esa misma estrategia. Lo vemos en Guatemala, en El Salvador, en Nicaragua, en Venezuela.
La declaración de guerra a cualquier mecanismo de control y ese resumen de la actualidad que es o estás conmigo o eres el enemigo de la patria. En el caso del periodismo, es que es imposible no convertirse en enemigo en algún momento, porque aunque tú puedas compartir ideas, incluso con un determinado gobierno, la exigencia de fidelidad es intrínsecamente incompatible con el periodismo, porque el periodismo se trata de día a día discernir lo que tiene sentido de lo que es propaganda.
Y todos los gobiernos mienten o intentan mentir. Aunque puedas compartir ideas con ellos, ahí sale la labor del periodista que, aunque pueda compartir algunos valores o no, se tenga la suficiente confianza social como para hacer ese trabajo de control.
Ahora las herramientas de la inteligencia artificial toman mucha información de los medios para generar las respuestas a las consultas de internautas y estos a su vez leen cada vez menos medios. ¿Hacia dónde avanza la información con las nuevas tecnologías?
-A día de hoy me cuesta hacer una premonición de hacia dónde va el ecosistema de la información en internet. Sí creo que al menos tenemos ciertos refugios.
Está claro que ya Twitter no es un lugar para informarse. Por la cantidad de desinformación que circula, no merece la pena informarse ahí, porque hay tanta mentira que no merece la pena esforzarse para encontrar la verdad.
Facebook es un lugar ya muy envejecido para el debate público, muy gastado, aunque pueda ser su función en comunidades locales. La manera en la que se ha hecho Instagram no es para el debate público y político. TikTok, como YouTube, puede estar muy bien para la divulgación y yo creo mucho en la validez de los creadores de contenido cuando son interesantes, están bien hechos y son útiles.
De hecho, estamos yendo de un ecosistema donde todos producíamos mucho contenido en redes sociales, subíamos nuestra vida a Instagram, tuiteábamos nuestra opinión permanentemente, a un esquema de consumo de masa de nuevo. Hay muy poca gente que crea contenido y el resto estamos mirando.
Yo, como periodista, creo que sí que hay formatos como las newsletters o los podcasts que están permitiendo que gente que ya está muy harta de las redes sociales pueda encontrar formatos más tranquilos que tienen un principio y un final. Que le dan una visión ordenada de la realidad y que puedes compartir o no lo que se dice en un momento determinado, pero por lo menos te dan la sensación de estar informado sin ansiedad. Es que las redes sociales se han convertido en un lugar donde uno siempre va a tener la sensación de que no se entera de nada.

¿Qué opinas de medios como Canal Red en España, propiedad del diputado Pablo Iglesias, o de la existencia de medios en El Salvador que son administrados por el gobierno de Nayib Bukele?
-Creo que cualquier actor político y social tiene derecho a tener sus canales de expresión y de comunicación.
No creo que sean comparables los casos de Bukele, que es presidente de El Salvador, a que un diputado que ha sido vicepresidente del gobierno quiera montarse su propio canal online, que tiene todo el derecho, y defender ahí sus ideas y su postura. No creo que el Canal Red en España sea una amenaza para la libertad de expresión por su existencia.
Aunque es verdad que Pablo Iglesias fue muchas veces muy crítico con los periodistas de una manera que a mí no siempre me parece justa.
Medios muy cercanos a partidos siempre han existido. El problema es cuando se utilizan para silenciar a otros medios de comunicación. Así que siempre que sea una cuestión que favorezca la pluralidad, forma parte de lo inevitable y, desde luego, en España hay muchos más casos de agitación de ultraderecha que de medios de comunicación de izquierdas o progresistas.
¿Qué te ha llamado la atención del periodismo en Guatemala?
-Guatemala es uno de esos países donde los periodistas nos dan una lección permanente a los periodistas que somos de otros países. El valor que se ha tenido en este país en las últimas décadas para contar alguna de las historias que ha sufrido este país está muy por encima del estándar exigible a cualquier persona.
El solo hecho, por hablar del presente, de que haya un medio como eP Investiga que se esté haciendo por personas que en algunos casos no pueden vivir en Guatemala y que, además, recogen el legado de una experiencia previa como la de elPeriódico, que fue tan dura y que sigue teniendo consecuencias sobre la libertad de expresión de nuestro país, con gente que ha sido encarcelada… esto nos pone un ejemplo de hasta qué punto hay periodistas en el mundo que están dispuestos a sacrificarlo todo. Yo no sé si yo podría sacrificar tanto.
Por tanto, para mí el periodismo independiente de Guatemala solo me merece admiración, respeto y casi complejo de inferioridad. Lo que se hace en muchos países de la región está muy por encima de las razones profesionales para dedicarse a esto y entra ya en un grado de vocación que creo que nos genera a todos los demás una deuda con vosotros por los esfuerzos que hacéis.
¿Cuál sería tu llamado a las audiencias para apoyar el periodismo y por qué es importante sostener medios independientes?
-Creo que el periodismo tiene que hacer un esfuerzo por acercarse a la sociedad. Esa es la innovación pendiente del periodismo, pero también creo que la sociedad debe empezar a cuestionarse la crítica a la totalidad que los políticos hacen del periodismo. La sociedad tiene que decidir si quiere creerse la versión de los políticos sobre el periodismo.
Hay líderes políticos que explotan mucho la crítica al periodista para anular las conversaciones sobre ellos mismos. Yo sigo siendo, igual que hace 20 años, muy crítico con mi propia profesión. Yo podría estar dos horas hablando de lo mal que hacemos nuestro trabajo, pero creo que es un ejercicio y es una conversación entre la sociedad y nosotros.
Los políticos, mejor que no se metan, sobre todo cuando están en el ejercicio del poder, porque normalmente persiguen unos intereses que no son ni los de la sociedad ni los del periodismo. A la gente le diría, como le digo a la de España y a la de cualquier parte del mundo, que identifiquen al buen periodismo. Este no es el que siempre les da la razón, sino el que a veces les hace pensar y les coge a contrapié, y que el periodismo no es una herramienta en manos de la batalla política.
El periodismo es una manera de entender el mundo y una vez que lo entiendes, ¡viva la batalla política! Pero no somos un arma arrojadiza ni para los que están a nuestro favor, ni para los que están en nuestra contra, ni para un partido ni para otro. La vida no se divide en partidos políticos o entre régimen y oposición.
La vida son un montón de problemas que nos afectan diariamente, y nuestro trabajo como periodistas es contarlos. A la sociedad le diría, por lo mismo que nos digo a los periodistas, que hay que volver a conectar porque nos están tendiendo trampas y estamos cayendo en ellas.
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