Josué Fiallo advierte sobre la mediocridad regional para defender las democracias 

Durante los meses más tensos de la crisis poselectoral en Guatemala durante 2023, una voz inesperada resonó en la Organización de Estados Americanos (OEA). Josué Fiallo, embajador entre 2019 y 2023 de la República Dominicana, se posicionó sobre los eventos ocurridos. Hoy, fuera del servicio exterior, presenta Diplomacia de Crisis, un libro que no solo narra lo que ocurrió en el país, sino que muestra una región al borde del colapso democrático.

Jovanna García

julio 10, 2025 - Actualizado julio 10, 2025
Foto de portada: Carlos Alonzo.

A dos años de la crisis, Fiallo relata en una entrevista con eP Investiga lo que implicó ser no solo testigo, sino también una figura visible en una batalla por la democracia guatemalteca desde su rol en la OEA junto a otros diplomáticos. Entre sesiones tensas, quejas diplomáticas, batallas internas y decisiones arriesgadas, el exembajador cuenta que trazó una línea de resistencia que hoy queda documentada en un libro que interpela a gobiernos, diplomáticos y a las propias sociedades latinoamericanas. 

También habla de la decisión de dejar la diplomacia, las situaciones familiares, su padre enfermo y cómo involucrarse en la defensa de la democracia en Guatemala le dio en ese momento el combustible necesario que lo sostuvo en un momento difícil de su vida personal y profesional.

¿Considera que estamos gestionando democracias que pueden recuperarse o apenas aplazando su colapso?

– Hay un proceso de erosión de la democracia que tiene muchos años en ciernes. Entonces, hay toda una literatura y una conversación académica sobre qué le está pasando a las democracias. Ese planteamiento tiene que ver precisamente con algunas señales preocupantes que en el contexto contemporáneo se están dando, no solamente en nuestra región, sino en muchas partes del mundo. Y pasa por erosionar las instituciones que son los pilares de la democracia, pero también por una ausencia de conversación pública que busque los consensos.

Estamos polarizándonos cada vez más. Los extremos parecen estar ganando espacio en la conversación pública y llevan a promover o a sugerir conquistas democráticas y de ciertos derechos… Se justifica que ya no existan o que sean erosionados, debilitados. Entonces, lo que vemos en la región es una tendencia a que esos discursos y esos espacios ganen terreno y luego eso se tiende a materializar en políticas públicas, en acciones, en legislaciones que parecerían entonces ir retrocediendo los avances que hemos ganado en las últimas décadas.

En el libro, si bien se abarca el caso puntual de Guatemala, se menciona también la crisis en Panamá, en Haití. ¿Qué hilo conductor se encontró entre estos países?

-Aprovecho diversos momentos donde esos países participaban de la conversación para hacer reflexiones o cuestionamientos sobre Guatemala. Por ejemplo, es interesante que cuando se conversaba sobre el proceso electoral y el devenir de la democracia guatemalteca, la conversación sobre Haití no fuera un referente. En Haití no ha habido elecciones hace varios años, no tiene presidente, pero la democracia no es un tema de conversación en la comunidad internacional sobre ese país.

Igualmente, a medida que se desarrollaba la crisis aquí –Guatemala–, en Panamá había un serio cuestionamiento desde el punto de vista judicial al proceso electoral, donde eventualmente el presidente Mulino salió electo, pero el expresidente Martinelli tenía aspiraciones y tenía un proceso judicial. Por ende, dependía de una decisión de la Corte Suprema si él podía ser candidato o no.

En cada momento que surge una discusión en el libro, donde yo puedo hacer una referencia a lo que pasa en otro país, aprovecho y hago esas reflexiones para cuestionar, para señalar que Guatemala no era excepcionalmente el único caso que en ese momento se tenía de situaciones que llamaban a reflexión de la comunidad internacional, pero no lo estábamos haciendo.

Foto: Carlos Alonzo.

***

Desde su silla en la OEA, Fiallo leyó informes, pero también escuchó los silencios a pesar de las denuncias que informaban sobre la situación del país. Escuchó a Irma Palencia, la presidenta del Tribunal Supremo Electoral (TSE) en 2023, que denunció el asedio institucional. Analizó los reportes de la Misión de Observación Electoral y de la Comisión Internacional de Derechos Humanos (CIDH), que advertían sobre la persecución penal de actores políticos y sociales.

«Había información fidedigna», afirma. «Ya venía previamente un informe donde se había catalogado la justicia penal como la instrumentalización para atacar a ciertos actores dentro de la sociedad guatemalteca”, aseguró.

¿Cuál fue el punto de inflexión en la OEA que lo llevó a tomar una postura respecto a Guatemala? 

-Desde la posición de República Dominicana, el tema de las misiones de observación electoral es fundamental porque nuestro país en las últimas cuatro décadas fue beneficiado por la labor de esas misiones. Nuestra democracia estuvo en riesgo durante varias elecciones en el 78, 94; incluso en el año 2020 hubo situaciones y quien nos ayudó a navegar esas crisis y superarla en cierto sentido, de manera positiva, fue la Organización de Estados Americanos y otras instituciones.

Entonces, cuando Guatemala tiene su primera elección en junio del 2023, se presentó un informe de la misión de observación electoral en el contexto del Consejo Permanente. En esta se identificaron algunas situaciones preocupantes, tanto previo a la elección, con la invalidación de ciertas candidaturas, la imposibilidad de que ciertos candidatos efectivamente participaran por la judicialización de algunos aspectos y la criminalización de algunos actores de los medios de comunicación y de la prensa.

Ese primer informe de la misión de observación electoral señaló algunas cosas que ameritaban atención. Pero ya venía previamente un informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos del año anterior, donde había catalogado la situación del sistema de justicia, particularmente la penal, como la instrumentalización para atacar a ciertos actores dentro de la sociedad guatemalteca.

Había información fidedigna en estos informes de aspectos a los que había que prestarle atención. En ese momento, no era yo individualmente o República Dominicana, era un grupo de países que tenemos preocupaciones similares. Uruguay, Chile, Colombia, Costa Rica, Canadá, Estados Unidos… Éramos un grupo de países que participábamos en una misma línea de acción, criticando, señalando, queriendo un poco más de claridad.

A partir de ese primer informe se despiertan las alertas. Pero es a partir de la siguiente sesión donde la presidenta del Tribunal Supremo Electoral (TSE) de Guatemala explica las preocupaciones que tiene. El acoso y el asedio al que está siendo sometido el Tribunal. Es ahí cuando nosotros decimos: esto no es algo de lo que podamos evitar involucrarnos. Tenemos que tomar un poco más de medidas. Y ahí comenzamos a negociar resoluciones de condena y de llamado de atención, declaraciones del Consejo Permanente haciendo públicas las preocupaciones.

Entonces, entre los informes de la misión y lo que los actores protagónicos en el proceso guatemalteco estaban denunciando, yo creo que ese fue el detonante. 

Pero esa claridad no fue bienvenida por todos. El entonces canciller guatemalteco, Mario Búcaro, presentó una queja formal ante la cancillería dominicana.

En el libro aborda detalles de la interacción con funcionarios guatemaltecos que tenían que tomar decisiones y posturas respecto a la crisis. ¿Nos puede contar sobre los momentos incómodos y más retadores al enfrentarse a políticos guatemaltecos que se habían quejado de usted?

-Era un momento muy difícil de mi carrera: a nivel personal, profesional, familiar. Ya yo había terminado mi gestión. Yo ya me había despedido formalmente como embajador el día 23 de agosto. Prácticamente, yo no debía haber estado sentado ahí después de agosto porque me despedí. Entonces, se dieron situaciones donde, por cosas del destino, seguí. Y en algún momento, por una de mis intervenciones, mi cancillería recibió una queja y a mí se me informó.

Mi forma de responder a esa queja fue: “Bueno, dicen que yo dije tal cosa, que fue ofensivo. Aquí está el video”. Y referí a mis superiores una copia del video para que vieran lo que yo había dicho. Y efectivamente se confirmó que lo que yo había dicho era leer un comunicado oficial del Gobierno dominicano sin mayores diferencias de lenguaje. 

Una postura del gobierno…

-Y tampoco era el momento más álgido de la crisis, tampoco. Era el principio.

Mis superiores evidentemente me dijeron: “Tú no cometiste ninguna infracción, no transgrediste ningún código. Aquí no hay razón para eso”. Yo entendía que el interés de esa queja venía motivado por la necesidad del gobierno guatemalteco de tratar de reducir un poco la reacción y los decibeles de la conversación. Lo entiendo perfectamente.

Pero días después, ese funcionario que dio esa queja se encontró conmigo en otra reunión.

¿Mario Búcaro?

-Claro. El canciller Búcaro. Él entró al salón y me vio de un lado al otro del salón, o sea, muy lejos, y desde allá se me venía acercando en un tono de darme un abrazo, como abriendo los brazos. Y dijo en un tono bastante alto que se escuchó por todo el mundo: “¡Mi amigo! El embajador Fiallo”. 

Evidentemente, yo venía con ese tema de hace unos días, de esa queja que se había dado, y yo no estaba nada contento. Entonces, me puse de pie, le estreché la mano por cortesía, le di la mano y le dije: “Usted y yo no somos amigos. Usted es colega de mi jefe. Yo soy un mensajero del Gobierno dominicano. Y no estuvo bien. No está bien que usted dé una queja sobre lo que yo dije, porque eso me genera consecuencias”.

¿Qué consecuencias se pueden tener? Porque es así como funcionan los entretelones de la política en Guatemala.

-Sí. En este ambiente se guardan las formas, ¿verdad?, para tratar de no incomodar a los demás. Hay que mantener una relación cordial. Entonces, es crear con esa clase de situación un ambiente negativo alrededor de una persona que se interpreta que es conflictiva, que genera situaciones de desavenencia…

¿La contundencia es interpretada como conflictiva?

-No. Porque en el caso particular al que nos referimos, era un comunicado del Gobierno dominicano. O sea, no hubo ninguna expresión adicional de parte mía. Es identificar que hay un actor, en este caso, yo, que está incomodando, que se sale del guion normal de mantener la conversación en lo normal, en el diálogo diplomático tradicional, que puede generar atención indeseada o consecuencias que no queremos.

Entonces, vamos a minar el ambiente de ese actor para irlo marginando, para someterlo a una política de cancelación. Eso fue lo que yo interpreté y cómo lo sentía en ese momento.

Y eso de crear ese ambiente o esa narrativa de que una persona es conflictiva, que genera problemas, que tiene una línea que no está bajo control…

-Sí. Eso me pareció ruin. Me pareció cobarde, a título personal. Pero yo entiendo que institucionalmente son de las herramientas que se utilizan para tratar de contener tu situación, de tratar de mantener tu crisis en tu redil. Yo lo entiendo. Pero personalmente no lo agradezco.

***

Mientras Guatemala enfrentaba su propio abismo democrático en 2023, Josué Fiallo vivía también su propia crisis personal. Su padre fue diagnosticado con una enfermedad grave. Su carrera diplomática, de más de veinte años, lo mantenía lejos de su familia. En medio de ese contexto, el seguimiento a la crisis guatemalteca le dio un ancla, asegura. No solo política, sino humana. 

“Estar involucrado en el seguimiento constante de la crisis que ustedes tenían me dio la oportunidad de enfocarme”, confiesa Fiallo. “Todo eso que yo recibía de ustedes me sostenía en ese momento tan difícil”. Las plazas llenas, las varas de mando de las autoridades indígenas, los pronunciamientos ciudadanos, la defensa de la democracia guatemalteca también fue para él un soporte.

Pero Fiallo no es indulgente en su diagnóstico sobre la región. “Hay mucha mediocridad”, afirma. “Pero no hablo de Guatemala. Hablo de toda la región”. A su juicio, el problema no es solo institucional ni técnico, sino ético. “Encontré poca capacidad para argumentar de manera técnica, poca capacidad de reflexión sobre las consecuencias de sus acciones, poca empatía… Había soberbia. Muy centrados en sí mismos”, afirmó.

En el libro Diplomacia de Crisis, no se limita a narrar la coyuntura. Denuncia la instrumentalización de los organismos multilaterales, la lentitud de la OEA para responder a las crisis y la inercia de muchos estados miembros que prefieren guardar silencio antes que verse reflejados en las denuncias. “Muchos no se pronuncian no porque no vean la crisis, sino porque saben que mañana pueden ser el espejo”.

¿Sirvió de algo la diplomacia? 

-Sí. Si ustedes no hacen lo que hicieron en las calles, nosotros no hubiéramos podido apoyar nada. Nuestro papel fue acompañar, decir que no estaban solos y que había base para el reclamo que estaban haciendo. La Carta Democrática Interamericana necesita una reforma urgente. Tiene muy poco margen para prevenir, y una vez que comienza una crisis, las posibilidades de acción diplomática son pocas.

Tras ser embajador en Costa Rica, Fiallo dejó la diplomacia activa en 2024. La decisión fue por su familia, y por una convicción clara: su ciclo había concluido. 

“Guatemala fue el pináculo de mi carrera diplomática”, dice. Pero antes de cerrar esa etapa, decidió escribir el libro. No porque lo necesitara para él, sino porque sentía que debía dejar constancia. “Si logro que alguien encuentre valor en la diplomacia y en el multilateralismo, ya gané”, asegura.

Fiallo no cree que lo ocurrido en Guatemala haya sido un milagro. “Fue una convergencia. Una coincidencia entre movilización ciudadana y acción diplomática. Pero no siempre se alinea así. Por eso hay que actuar a tiempo”, concluye.

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