Salimos pálidos pero aliviados, y la fachada de la catedral me pareció más hermosa que nunca, con las palomas blancas y negras durmiendo en las cornisas, detrás de las copas de los árboles recortados como tambores idénticos, y entonces me pidió que la abrazara, porque aunque yo era un patojo casi tenía su estatura.
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Huérfana solitaria desde los quince años, a mi bisabuela María la sedujo la estampa barbada del gigante descalzo que de tiempo en tiempo cruzaba el pueblo en las mañanas de neblina arreando su recua.
Sergio Ramírez
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El tiempo ha pasado y ella ya casi no va al mercado conmigo. Sin embargo, en ocasiones, todavía me acompaña y observo con asombro que los papeles se han cambiado. Yo llevo las canastas más pesadas y el monedero, leo la lista de la compra y guío nuestros pasos. Ella me sigue de cerca, tomada de mi mano, juega con el maíz salpor, los frijoles, los piloyes o el arroz, como yo solía hacerlo.
Gloria Hernández
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El reptil, descendiente de los dinosaurios, era de color verde musgo, como el que convirtió en prendedor de esmeraldas el Hermanito Pedro para salvar de la enfermedad a un desesperado. Los niños le raspaban la barriga con ramas arrancadas de los limonares, como para que brotara agua o luces.
Méndez Vides
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Las antiguas planchadoras de casa trabajaban durísimo y, al finalizar el día, debían dejar sacada la tarea: canastos repletos de ropa nítidamente lavada, blanqueada, enyuquillada y planchada.
María Elena Schlesinger
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Al medio de la cancha nos enfrentamos los dos hermanos. El mayor con ojos que echaban lenguas de fuego, porque le parecía una insolencia de mi parte que me atreviera a retarlo, advirtiéndome que no dudaría en lanzarme una patada violenta en las canillas.
Méndez Vides
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Caminaba a tientas, guiada por el misterio de las llamitas azules de los cuatro quemadores de la estufa de gas y la luz chispeante e indecisa de la veladora del altarcito del Señor de Esquipulas. Era el mundo del reuma, las articulaciones crujientes y los pañuelos amarrados en la cabeza para mitigar el dolor.
María Elena Schlesinger
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No sé si estaba demasiado consciente de ello, pero aquella maestra de literatura nos enseñaba sobre la vida, y sus ejemplos venían del arte. Por esa razón fue más fácil que se fijaran en nuestra conciencia.
Gloria Hernández
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Ya era tarde y regresé solo caminando por la Calle de los Pasos. A pesar del bullicio en Belén, afuera reinaba el silencio. La luz tenue de los postes, las piedras con el resplandor plateado de la luna llena, y mientras pensaba en la obra acabada de gozar sentí que la realidad era una maravilla.
Méndez Vides
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Esa noche lo juzgamos y planteamos la solución, porque su presencia nos arruinaba los paseos, los ejercicios deportivos, nos agotaba y aburría. Echamos sapos y culebras y consentimos en que no lo queríamos más en la patrulla, pero ¿cómo hacer para que se retirara si no reaccionaba ante la crueldad natural?
Méndez Vides
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