Fue un niño solitario. Aprendió desde tempano a ocultar su origen. Su padre era un religioso monástico que decidió retirarse de los asuntos de la Iglesia cuando él nació. Nunca lo reconoció como su hijo.
Archivo de la etiqueta: María Elena Schlesinger
Cuando pasaban las damas de la Cruz Roja, la gente callaba. La Sexta enmudecía por una fracción de minuto. El público reunido en las banquetas miraba de reojo a las señoras y señoritas de la llamada sociedad guatemalteca desfilando con medias gruesas a pesar al calor intenso y húmedo del mes de septiembre.
Las antiguas planchadoras de casa trabajaban durísimo y, al finalizar el día, debían dejar sacada la tarea: canastos repletos de ropa nítidamente lavada, blanqueada, enyuquillada y planchada.
Caminaba a tientas, guiada por el misterio de las llamitas azules de los cuatro quemadores de la estufa de gas y la luz chispeante e indecisa de la veladora del altarcito del Señor de Esquipulas. Era el mundo del reuma, las articulaciones crujientes y los pañuelos amarrados en la cabeza para mitigar el dolor.
La Calle del Incienso llegaba hasta el legendario Portal del Señor, justo donde ahora encontramos edificado el Palacio Nacional de la Cultura. Este emblemático portal es el escenario de la novela asturiana ‘El Señor Presidente’.
A la feria agostina llegaban los arrieros de Oriente, no sólo a vender caballos, sino a contar historias de magos y aparecidos, y de parejas infieles, convertidas en piedras como castigo.
De la Barrera le dio vocación y nombre a este valle cuando se le ocurrió traer de Cuba unas cuantas vacas y toros a pastar por aquí, ganado que se reprodujo rápidamente gracias a las bondades de la zona.
Delicia de la estación y lujo de nuestras ferias patronales como la de Jocotenango. Fruta que llega a la ciudad del altiplano en camiones y camionetas, dentro de grandes canastos o cajas de madera, sobre camas de espigas de pino, empacados con papel periódico blanco y amarrados cuidadosamente con redes de mecate.
Con su bastón, iba haciéndose paso entre aquella flora de inmundicias y descuidos, restos de cáscaras de naranja y banano podridas, hojas de tamal untadas de recado colorado, chayes, molotes de papel periódico con suciedades humanas y todo tipo de desperdicios, al tiempo que torbellinos de pensamientos e ideas sin sentido le revoloteaban en la cabeza.










