Es la historia de un pueblo que se está muriendo, quedando sin niños ni jóvenes, porque todos migran a las ciudades, y que por unos meses tuvo la ilusión del retorno: “¿En qué año, en qué día, en qué instante se descompuso el mundo?”
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Desde hace poco más de dos siglos, desde la Francia de la última década del siglo XVIII, la revolución, por un lado, y las reacciones contra ella, por el otro lado, han organizado la percepción del tiempo
Estados Unidos necesita un buen debate sobre cómo defender la competencia evitando al mismo tiempo los males digitales que hoy alientan la polarización política y debilitan la democracia.
Hoy en día, cerca del 70 por ciento de los hablantes de maya son adultos. Si esta tendencia continúa, la lengua de mis bisabuelos podría desaparecer en menos de 100 años. Los abuelos mayas dicen que un pueblo que pierde su lengua ya no existe.
Se ponen en marcha en fila india; las mujeres delante, luego los niños y por último los hombres. Caminan de noche por senderos pedregosos. En la oscuridad, la pequeña Sayda cae una y otra vez sobre las piedras. Duermen de día, a la intemperie. Se reabastecen de agua en un abrevadero para el ganado. Llevan bolsas de basura grandes que usan de colchón. La travesía del desierto es la coronación de este viaje en busca de futuro.
Yo tendría unos catorce años. Estaba en mi cama cuando oí golpes en la reja de la casa. Escuché a mi papá correr al patio trasero y vi que escalaba la pared y brincaba al techo. Me quedé como paralizada. A mi papá ya lo habían amenazado varias veces y teníamos miedo.
Adonde quiera que fueran repetirían lo que ahora sabían, que él era Dios y se hallaba por encima de todas las cosas. Qué mejores trompetas de la fama para proclamar su divinidad.
Pero las aves, una vez que desplegaron sus alas y recuperaron su libertad, hicieron caso omiso de las forzadas enseñanzas de aquel período de esclavitud, y jamás una frase semejante salió de sus gargantas.
El vello dorado sobre unos muslos color bronce, y en especial cuando asciende con primor hasta la curvatura del glúteo, es capaz de aturdirme a un grado sólo comparable al que vivió Arthur Miller cuando por primera vez desnudó a Marilyn Monroe y se preguntó: “¿Y todo esto es para mí?”.










