Guatemala, desde hace muchas décadas, atraviesa momentos difíciles en distintos frentes.
¡Ahora no es la excepción!
Los incendios forestales avanzan sin control, las carreteras colapsan con derrumbes y hundimientos, la inseguridad sigue en aumento y la infraestructura del país es víctima del abandono y la mala planificación. Todo marcha con deficiencia, por todo discutimos, hasta por el Día internacional de la mujer.
Más allá de la falta de respuestas efectivas del gobierno, hay un problema aún más preocupante: la indiferencia, la crítica nociva y muchas veces manipulada, así como la inacción de la sociedad.
Nos hemos convertido en una ciudadanía que critica desde la comodidad de una pantalla y creyendo que porque da trabajo o paga sus impuestos (si es que los paga), su participación como ciudadano, ya está cumplida o completa.
Cuánto guatemalteco exige soluciones sin involucrarse, sin ni siquiera sentarse a dialogar porque quizá creen que se les pegará lo “chairo”, que, dicho sea de paso, siguen utilizando esa famosa palabrita como insulto y denigración, sin saber lo que significa u ocasionan con estas nefastas etiquetas.
Pero con corruptos y gente que ha evadido impuestos sí se juntan y muchos.
¿Será porque ellos sí son de “la mara” y los otros no? Dios guarde y los vean con “izquierdosos” que pretenden hasta desarmar al pueblo para así atacarlos y dejarlos indefensos. ¡Seguro están consolidando el plan, de convertirnos en Venezuela!
¡Que Dios nos ampare, porque sin armas no podremos sobrevivir! Señoras y señores, les suplico cordura, por favor.
Quizá por eso uno les resulta incómodo. Lo bueno es tener la conciencia tranquila y los principios firmes e inquebrantables, sin deberle nada a nadie y actuando con fidelidad, con la frente en alto y por una Guatemala transparente, lo cual permite a ciudadanos como mi persona, escribir estas líneas con absoluta libertad y solvencia moral.
Pero volviendo al tema, es ya agotador evidenciar cómo estos conciudadanos, que dicen amar a su país, señalan los errores, pero no proponen salidas ni se involucran para cambiarlos. Protestan por la corrupción, pero no participan de la auditoría social. Se indignan con la inseguridad, pero normalizan la impunidad. Se quejan de los desastres ambientales, pero siguen siendo indiferentes al daño que causamos con nuestras propias acciones. Somos un país que observa los incendios, la impunidad, los homicidios “culposos”, la mala práctica médica, los robos al erario, pero rara vez se levanta y hace algo por evitar y solventar todo esto.
Los problemas están ahí, pero ¿y usted ?, ¿y las soluciones?
Vuelvo al pasado 8 de marzo, cuando hice referencia a ese grupo de mujeres radicales, manifestando por la equidad, pero en muchos casos, su mensaje quedó opacado por actos de vandalismo que sólo generaron división.
Jamás y por ninguna razón podría olvidarse el dolor que se siente aún por las más de 50 niñas asesinadas aquél fatídico día, cuando murieron quemadas con dolo, saña y sin piedad alguna y para quienes aún no se hace justicia. Asimismo, saber que día a día mueren mujeres maltratadas, violadas por sus agresores. Por supuesto que indigna que aún exista desigualdad en las mujeres y muchas sean no solo mal pagadas sino explotadas. Claro que escribo por ellas, sus derechos y sus vidas. Pero eso no me hace perder objetividad, pasando por la crítica y luego a la acción.
Regreso un poco. ¿En qué benefició esa marcha que finalmente sólo dio motivos para que precisamente los que no apoyan estas causas, repudien y se alejen del significado de ésta?
Por supuesto que merecen conmemoración todas las mujeres, más no permitir resbalarse en una treta provocadora que las hace ver como vándalas. Los comercios provida, también tienen sus causas y sus derechos, por lo que es donde reitero el objetivo de este artículo: ¡critique, grite, manifieste pero haga y proponga!
Si sólo se crítica desde las redes o desde la violencia, el mensaje productivo se pierde, por lo que quienes piensan distinto o son detractores, desvirtúan sus objetivos.
Leí por uno que otro lado: «lo que molesta es ver paredes pintadas, pero no ver a mujeres violadas». Nada más falso e ilógico puede ser esto y respondo enfáticamente que no es así. Soy mujer, defensora de los derechos de estas, proactiva e involucrada en muchas causas en contra de la corrupción, más nunca detractora del derecho de otros para lograr los que peleo y mucho menos me permito caer en los radicalismos. Las paredes no importan, pero sí las causas sin acción y responsabilidad.
Las formas extremas de una manifestación, no significa que se ignore la realidad de la violencia de género, los feminicidios y el abuso.
Exigir orden y respeto no es minimizar la lucha de las mujeres. Al contrario, es pedir que esa lucha se haga desde la coherencia, la legalidad y el respeto mutuo.
¡Que no escuchan, si no se pinta, se rompe o se tira! No es verdad. Se ha logrado mucho con manifestaciones pacíficas sin tirar comida al aire. Las paredes no preocupan, se repintan y ya. ¡La comida no y sin propuestas y acciones, mucho menos! Hoy, ¿Qué cambió? ¡Nada! Sin embargo, marchas y críticas con fuerza, con presiones, pero también acciones, vaya que cambian cosas.
Repito, no nos volvamos indiferentes, radicales para ningún bando. No permitamos caer en la crítica que no lleve propuesta, que invite al diálogo y que abra puertas.
Ni siquiera se hubiera firmado una paz, si los sectores más radicales no se hubieran sentado a hablar y por favor que no se diga que no hubo efectos favorables, porque si no los hubiera habido, hoy no habría posibilidad de escribir y realizar memes hasta insultativos a la autoridad.
Con todo y sus falencias y acuerdos inconclusos, de no haber habido esa firma, hoy sería impensable escribir o expresar cuantas sandeces se nos ocurrieran aquí y allá.
Ninguna solución vendrá con insultos o de arrojar comida a las calles dada por un local comercial, que quién sabe cuál sería su objetivo al brindarla. Ninguna solución vendrá si nos negamos a escuchar opciones, razones, evidencias o causas de lo que hoy acontece en muchas instituciones del Estado, para entender y quien quita poder apoyar. Ninguna solución vendrá si nos cerramos al diálogo y solo criticamos sin actuar.
Si queremos una sociedad más justa para las mujeres, para los hombres, para los niños, para todo mundo, debemos cambiar el enfoque de nuestras críticas y de nuestras manifestaciones.
En lugar de convertir cada acto o decisión errada en una jornada de caos y confrontación, deberíamos aprovecharlo para generar diálogos, propuestas y consensos.
El verdadero cambio no se logra gritando, alegando o denigrando, sino transformando el sistema desde adentro: ocupando espacios de poder, educando a las nuevas generaciones, impulsando reformas y denunciando abusos de manera efectiva.
El cambio no vendrá sólo y por ende debemos ser parte de la solución.
Que la crítica no sea sólo un deporte e invito a que hagamos el sacrificio de actuar.
La indignación es válida y necesaria, pero si no va acompañada de acciones concretas y de propuesta, no cambia ni cambiará nada.
El gobierno tiene su responsabilidad, pero la ciudadanía también.
Deje de exigir transparencia si sigue votando por políticos corruptos. No pida seguridad si usted calla ante la impunidad. No hable de proteger el medio ambiente si sigue destruyéndolo a diario.
La queja no apaga incendios, no arregla carreteras, no protege a las mujeres, no mejora la seguridad. El verdadero cambio comienza cuando pasamos de la indignación a la acción. ¿Vamos a seguir viendo cómo todo se derrumba o vamos a empezar a construir un país mejor?
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