Nos escuchó: un testimonio maya sobre el beato Stanley  “Apla’s” Rother

Más que una semblanza del sacerdote misionero que fue asesinado en Sololá en 1981, este libro habla de las realidades históricas, sociales y religiosas que encontró, y cómo durante su misión y luego de su muerte su ejemplo trascendió e inspiró al autor de este libro.

Ana Lucía Mendizábal

marzo 23, 2025 - Actualizado marzo 22, 2025

Stanley Rother es reconocido por la Iglesia como el primer mártir católico estadounidense. Por eso, en septiembre de 2017, durante una ceremonia en su natal Oklahoma City, fue elevado a la categoría de beato. Es decir que se encuentra a un paso de ser canonizado y reconocido como santo.  En Santiago Atitlán, comunidad en la que sirvió durante los últimos 13 años de su vida, su recuerdo está impregnado en muchas de sus obras, pero, sobre todo, en los frutos que sus enseñanzas y ejemplos dejaron entre muchos de sus pobladores. Así lo evidencia el maestro Juan Ajtzip en el libro Nos escuchó: Un testimonio maya sobre el beato Stanley “Apla’s” Rother, editado por F&G Editores.

La obra, que el sábado 22 de marzo fue dada a conocer en Atitlán y el 24 de marzo será presentada en la librería Sophos, no es una biografía del religioso que se distinguió por su amor incondicional y su ansia de sembrar la paz. Esa biografía ya la había escrito María Ruiz Scaperlanda y se llama El pastor que no huyó.

En este nuevo libro, Juan Ajtzip pinta, desde su perspectiva, no solo al hombre que entregó su trabajo y vida, según sus creencias, sino también el contexto al que llegó en los a finales de los años 1960, los conflictos propios de una comunidad en la que había divisiones religiosas, la violencia de la guerra y sus duras consecuencias.

El autor también habla del trabajo realizado por la Misión Mikatokla, que llegó a Guatemala en 1964, a pedido del Papa Juan XXIII, quien en 1962 había lanzado una solicitud de ayuda a la iglesia de Estados Unidos en favor de países de Latinoamérica. En ese año, la Diócesis de Oklahoma City y Tulsa fundó su misión en Santiago Atitlán, Guatemala.  

Para dirigir la labor misionera de Oklahoma, el obispo Reed nombró al padre Ramón Carlin. Para la iniciativa de Santiago-Atitlán, el padre Carlin coordinó un trabajo en equipo integrado por sacerdotes, monjas y laicos.  “El equipo de Oklahoma comenzó a operar la misión en la primavera de 1964. Encontraron un lugar de impresionante belleza natural, habitado por algunas de las personas más desfavorecidas del mundo”, refiere la página oficial de la congregación.

El padre Rother llegó unos años después, pero inmediatamente identificó las necesidades y la identidad del pueblo y puso en acción sus convicciones en busca de la convivencia pacífica y el respeto a la vida, que irónicamente le condujeron a trágico final.

Una familia y una comunidad

Juan cuenta, en este libro, también la historia de su propia familia que retrata la realidad que se experimentaba en muchas comunidades empobrecidas de Guatemala en los años 60. La pobreza que hizo que en principio solo cursara hasta el cuarto grado de primaria y lo lanzó a conocer las crudezas del trabajo del campo y de la zafra, la falta de opciones que experimentaban los niños y jóvenes, y los conflictos que atravesaba el pueblo.

 En medio de todo esto, habla, como bien lo anota el cardenal Álvaro Ramazzini, en el prólogo del libro de sus cuidadosos padres y de las enseñanzas de un abuelo sabio, que, aunque no profesaba ninguna religión, les enseñó a sus nietos a orar y agradecer cada vez que iban a trabajar la tierra, a comer o emprender cualquier actividad.

Ajtzip narra como su padre, quien había sido reclutado por el ejército en su muy temprana juventud, debido a que quedó huérfano, se asusta al ver cómo el propio Juan quiso unirse a esa entidad cuando solo tenía 17 años y para evitarlo, él mismo accede a la condición que un militar de alto rango le pone de permitir que el muchacho se vaya, pero que él se quede prestando servicio.

Domingo Buezo Leiva, Obispo de la Diócesis de Sololá y Chimaltenango, anota en la contraportada del libro que el testimonio de Juan Ajtzip, “resalta el amor del Padre Apla’s por la cultura y la lengua tz’utujil. Su esfuerzo por aprender el idioma y traducir el Evangelio demuestra su deseo profundo de llevar la palabra de Dios al corazón del Pueblo”.

El propio Ajtzip realza cómo, a la hora de ayudar a cualquier miembro de la comunidad, el sacerdote no hacía diferencia entre si ere católico o protestantes y siempre se negó a darle tinte político a sus palabras o acciones.

Entre las observaciones que el arzobispo Ramazzini subraya se encuentran las vivencias y testimonio del autor, acerca de los procesos culturales de los que no queda fuera la iglesia. “Un dato que no debe pasar desapercibido es la atención, crítico y objetiva, que este libro dedica al problema de la transculturación de Santiago Atitlán y su relación con los procesos evangelizadores. Vale la pena reflexionarla de cara a la situación religiosa que hoy vive el pueblo de Santiago Atitlán”, expresa.

El lunes 24 de marzo, a las 19:00 horas, el libro Nos escuchó será presentado en la librería Sophos (Plaza Fontabella, zona 10). En el acto participarán Juan Ajtzip, Gerald Schlabach y el editor Raúl Figueroa Sarti.

Etiquetas:

Todos los derechos reservados © eP Investiga 2024

Inicia Sesión con tu Usuario y Contraseña

¿Olvidó sus datos?