El tamaño del fisco en tiempos de los constituyentes

Edgar Balsells Conde

abril 2, 2025 - Actualizado abril 1, 2025
Edgar Balsells Conde

Cuando la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) tomo posesión de sus cargos la realidad económica social y presupuestal contenía números y montos pequeños, tamaño hormiga para nuestros tiempos actuales. Y para muestra un botón: el presupuesto de gastos de la Nación era cercano a Q1,314 millones, mientras que el de 2025 es de Q148,000 millones. Calcule usted la magnitud entre uno y otro: 113 veces más.

Imagínese, estimada lectora, las millonadas que hoy se van a los aportes constitucionales e institucionales, y mientras la base de sueldos de los burócratas del gobierno central casi no cambia, los de las magistraturas y entes descentralizados muestran el crecimiento desordenado. Pero veamos otras diferencias.

Me encontré con el Estudio Económico y Memoria de Labores 1984, del Banco de Guatemala. Y como la historia es la Maestra de la Vida, veamos lo que puede interpretarse del mismo a la luz de lo que hoy acontece:

América Latina se venía recuperando de una aguda crisis económica que la había llevado, en 1983, a una tasa de crecimiento negativa del producto real del 3.1%. Además, la inflación seguía haciendo daño. La misma en los países no petroleros alcanzaba cifras alarmantes mayores al 40%. El caso de Bolivia era patético en ese tiempo, con una hiperinflación del 1,700% anual.

El problema mayor en esos tiempos era el del endeudamiento externo de los años pasados. Había, además, escasez de dólares y serios problemas de balanza de pagos, y por ende presiones devaluatorias. Nótese con estos primeros rasgos la diferencia con la Guatemala de hoy. Pero veamos entonces los números del país:

El producto venía de bajas de los dos años anteriores del 6% cada año. El control del gasto público mostraba que la inversión pública únicamente era utilizada para el mantenimiento de la infraestructura vial, la construcción de unos pocos tramos de carreteras y otras pocas obras en el campo de la salud y la educación.

La producción exportable se centraba en el café y el algodón. Además, la caña de azúcar era otra fuente importante de divisas, mientras que el banano se venía estancando. Pero, a diferencia de hoy, gracias al empuje del sector público agrícola había abundante cosecha de granos básicos. Hoy debe importarse desde frijol hasta maíz blanco. El área sembrada de maíz era de 173 mil manzanas, y de frijol 73 mil. La participación de la agricultura en el PIB era de 26%, mientras que la industria del 16%. Hoy ambas son menores; es decir el peso del sector productivo es menor, mientras que el comercio y la financiación van al alza.

Una preocupación latente era el ajuste y la estabilización de la economía, ante los desórdenes cambiarios que se venían dando. A raíz de ello una misión del otrora poderoso Fondo Monetario Internacional visitó Guatemala y dejó un recetario de medidas: recomendó la adopción de una famosa, históricamente hablando, readecuación tributaria, que generó abruptas medidas de oposición, especialmente de CACIF. Y el Fondo Monetario detuvo su apoyo a la balanza de pagos, que consistían en simples montos -a la luz del escenario actual- de US$60 millones. Ello provocó que el Banco de Guatemala tuviera que racionalizar la dotación de divisa y adoptar lo que llegó a llamarse la segunda parte de la Ley Monetaria, creando tres mercados cambiarios diferentes: esencialidades, licitaciones y libre. Eran tiempos entonces, de vacas flacas y astringencia del billete verde, como se le llama al dólar en los ambientes financieros internacionales.

Pero increíble de comprenderse hoy: en 1983 se tenía un saldo positivo en la balanza comercial, mientras que en 1984 el déficit fue tan sólo de US$ 50 millones. Pero el déficit en cuenta corriente era de US377 millones y hoy es positivo. Y toda la diferencia de esto es, simplemente, por el influjo de las remesas y otros dolarucos poco ortodoxos.

Resulta ser que en 1984 la carga tributaria que representa la relación entre los tributos y el PIB era tan sólo del 5.3%. Mientras tanto, los ingresos tributarios eran tan sólo de Q498 millones, pero hoy, impulsados por las remesas, son de Q110 mil millones. Es decir 221 veces más.

Aun así, con esas carencias, se terminó de construir la carretera Escuintla-Puerto Quetzal, y se terminaron importantes construcciones del Puerto Quetzal, a base de importante financiamiento externo. Y es que tanto el Banco Mundial, como el BID y el BCIE hicieron realidad factibilidades de proyectos importantes, con firmas de ingeniería internacional; muy diferentes a una variada gama de empresitas comerciales de ingenieros que están registradas en el Registro de Adquisiciones del Estado y que están al acecho de las cotizaciones y licitaciones convocadas.

Así era la situación cuando a los constituyentes se les ocurrió echar mano de numerosos recursos de los tributos y crear una diversidad de aportes constitucionales e institucionales que han hecho de los mismos una cruenta disputa por el gobierno de las instituciones que gozan de tales prerrogativas. La bola de cristal constituyente nunca imaginó las dimensiones de tales aportes, que debieron ser temporales y/o reducirse conforme el tamaño del sistema económico, liberando así recursos para un plan de gobierno que enfrente el desarrollo social y combata la pobreza, además de profundizar la seguridad social y la competitividad.

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