Desear un pescadito de oro para colgarlo de mi cuello; saber que, en la casa de los BuendĆa, el cafĆ© siempre estĆ” caliente en la cocina y que, en Macondo, se hacen esfuerzos para que no se noten las tristezas de la gente: tal como sucede ahora mismo en mi casa, en mi barrio, en mi paĆs.
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